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Un mundo subterráneo bajo México

Miércoles 20 de Febrero, 2019
México está interconectado por una extraña red de túneles y cenotes, un entramado complejísimo del que hablan antiguos textos sagrados como túneles de peregrinaje a una ciudad intraterrena llamada Chicomostoc. Este asunto es el tema central de Códice Mexica, la nueva novela de Sixto Paz.

En los últimos años se han venido explorando un sinfín de cuevas, cavernas y cenotes en México con hallazgos sorprendentes e inexplicables. Algunos de ellos, túneles sumergidos, donde ni aún con tanques de submarinismo se han podido terminar de recorrer, y en los que se han hallado ofrendas y objetos artísticos de delicada manufactura, así como restos humanos y de animales, lo cual hace pensar que fueron túneles posteriormente inundados.  

Tal es el caso del increíble hallazgo realizado en febrero de 2018 en Yucatán, de un sistema de túneles de hasta 347 kilómetros de largo. También cabe destacar dentro de los muchísimos descubrimientos el realizado en el año 2014 debajo del Templo de la Serpiente Emplumada en Teotihuacan: un túnel que al parecer simula el inframundo y en donde se encontraron más de 70.000 objetos.

Kukulcan o Quetzacoatl, llamado la “Serpiente Emplumada”, era un dios blanco venido del cielo, relacionado con el planeta Venus. Su condición de serpiente alargada, emplumada y voladora, no solo podría estar haciendo alusión a las características de la dualidad humana de materia y espíritu, sino a la de una posible “nave nodriza” o nave espacial extraterrestre.

Coincidentemente El Códice Boturini o Tira de la peregrinación de los aztecas, el texto más antiguo de la cultura náhuatl refiere el largo peregrinaje del pueblo mexica a través de túneles y galerías donde llegan a conectar con un mundo intraterreno donde hallan una ciudad llamada Chicomostoc.

Fechado este códice a comienzos de la colonia, se le llama “Tira” por su formato alargado y doblado en forma de biombo en papel de amate o corteza de árbol cocido con agua y cal, con 22 láminas.

El documento perteneció a la colección del italiano Lorenzo Boturini Bernaducci de comienzos de 1700. El texto del Códice Boturini está incompleto pero narra el largo peregrinaje de mas de 150 años del pueblo mexica desde su salida de la legendaria “Aztlan”, entrando por el cerro torcido de Teoculhuacan, donde habitaba el dios Huitzilopochtli o Colibri Zurdo.

El 25 de marzo de 2004 se produjo un hecho en México que significó un escándalo y a la vez un misterio, resulta ser que en las cavernas de Alpazat, en Cuetzalan, estado de Puebla un grupo de seis exploradores británicos quedaron atrapados debido a torrenciales lluvias en la región.

Defensa Civil de México con gran eficiencia actuó rápido para salvarles la vida, pero inexplicablemente estas personas dijeron que no querían ser rescatadas mientas no estuvieran presente representantes de su gobierno. Hubo que contar con la presencia de estas autoridades, y al ser extraídos del interior de aquellas profundas cuevas se supo que aquellos hombres no eran espeleólogos deportistas ni científicos, ni distraídos turistas, sino que todos ellos eran militares y miembros de inteligencia.

Cuando se les interrogó tanto a ellos como a la embajadora de por qué estaban allí sin ningún permiso, no quisieron declarar y hasta fueron cortantes diciendo de manera desafiante:

“que no tenían por qué dar ninguna explicación al gobierno de México y que ya venían explorándolo desde hace veinte años”.

¿Será acaso que gobiernos como el de Inglaterra están detrás de hallar el camino hacia Chicomostoc?, aquel mundo subterráneo donde habitan sabios maestros intraterrenos, y donde se guardarían archivos y documentos de una historia perdida u oculta de la Humanidad.

Otra de esas entradas a este mundo subterráneo ampliamente conocido en la Antigüedad por los pueblos prehispánicos, se encontraría cerca de la pirámide del Tepozteco, en lo alto de la montaña en Tepoztlan, Morelos. En esa zona es habitual la observación de ovnis entrando y saliendo de los cerros.

Durante 33 años he venido explorando todas esas cavernas y lugares arqueológicos vinculándolos a las manifestaciones del fenómeno ovni, pudiendo comprobar la íntima relación entre esa presencia y los secretos y misterios que se guardarían en ese otro mundo subterráneo. Los resultados de estos hallazgos figuran de manera novelada en el reciente libro El códice mexica de Editorial Kolima, que es el vigésimo primero de toda mi producción literaria.

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