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Las claves ocultas de la Guerra de Siria

Martes 10 de Julio, 2018
A diferencia de la prensa generalista, desvelamos las claves ocultas para entender de forma cristalina lo que está pasando realmente en el conflicto de Siria. Miguel Ángel Ruiz

Reconstruir la verdadera historia de un conflicto supone rescatar esa política profunda y oculta que, por definición, se esconde de la opinión pública. Sin embargo, aunque generalmente la política profunda se hace historia con las desclasificaciones de documentos, a veces obtenemos anticipadamente informaciones y pistas de lo que se oculta tras el telón de la política secreta de Estados y que en ocasiones pueden resultar muy reveladoras.

Una de estas oportunidades tuvo lugar el 11 de junio de 2013, cuando el exministro francés de Relaciones Exteriores, Roland Dumas, reveló en un programa de televisión llamado Ça vous regarde, de la cadena francesa de televisión LCP, que (cita textual) «sus amigos ingleses del Gobierno británico le habían preguntado si quería apoyarles para desatar una guerra en Siria».

Según Dumas, esta petición fue en 2010, antes de la primavera árabe de 2011 y, por tanto, la guerra estaría planificada previamente. El proyecto de guerra implicaba el envío de «rebeldes y otros mercenarios contras».

Según esta fuente, la agresión contra Siria ya estaba prevista en unas cláusulas secretas que Francia y el Reino Unido habían incluido en el llamado Tratado de Lancaster House para la cooperación en materia de Defensa, firmado el 2 de noviembre de 2010 en Londres. Aquel tratado debía organizar la cooperación militar francobritánica, e incluía también cláusulas secretas sobre la agresión contra Libia. De ser así, la guerra contra Libia y la de Siria se pactaron al mismo tiempo.

Este detalle es fundamental para entender todo el desarrollo posterior de la guerra, especialmente porque las naciones no actúan igual cuando observan cómo estalla un conflicto que cuando lo planean ellas mismas, la diferencia es absolutamente significativa.

COMPLEJO Y GLOBALIZADO
En general, la prensa occidental definió el conflicto sirio desde el principio como una «guerra civil». Esta denominación contribuye a crear más confusión que a aclarar las cosas, ya que el conflicto sirio es más una batalla en un contexto de guerra fría, es decir, una guerra propiciada entre EE UU y Rusia pero que se libra en suelo sirio. Si bien al principio, en el año 2011, el conflicto era más local (aunque tuviese intereses internacionales detrás), con el tiempo se ha ido volviendo más complejo, porque se han ido incluyendo más actores.  

Recordemos que la situación actual nace de la respuesta represiva del gobierno de Bashar al-Asad a las protestas que se produjeron en el contexto de la primavera árabe, represión que incluyó abrir fuego contra los manifestantes. A la primavera árabe le siguió el llamado inverno árabe, que redibujó gran parte de la escena internacional: golpe de estado en Egipto, guerra en Libia, insurgencia en Irak y la guerra de Siria.

Lo cierto es que, en 2012, incluso algunos grandes medios europeos recogieron la filtración de que en Siria había espías británicos y alemanes organizando a los rebeldes sirios para plantar cara a Al-Asad. Es decir, desde el principio Occidente estaba desempeñando un papel encubierto en ese conflicto. Ahora es conocido, pero lo que entonces la prensa llamaba «rebeldes sirios», no eran rebeldes y, a menudo, tampoco sirios.

Lo curioso es que este apoyo era ilegal, porque la Unión Europea había prohibido a sus miembros la venta de armas a Siria en base a la decisión 2011/273/PESC del Consejo Europeo de 9 de mayo de 2011 (art. 1), junto con el Reglamento UE nº 442/2011 del mismo día sustituido posteriormente por el Reglamento UE nº 36/2012 del 18 de enero de 2012. Todos ellos sin excepción prohibían la provisión de armas o equipos que «pudieran usarse para la represión interna» en Siria a cualquier grupo.

Es importante notar cómo este tipo de prohibiciones, aunque se violen, actúan como forma de propaganda en la prensa bajo la coartada de que si algo está prohibido entonces no se hace. Insinuar otra cosa está considerado una incorrección política, acallando así voces contrarias.

UN INCENDIO DIRIGIDO
Así, Occidente, especialmente Francia, Reino Unido, Alemania y EE UU, habían planificado el conflicto y estaban empezando a dirigirlo en lo posible, a pesar de las propias resoluciones en contra de la UE. La pregunta es:

¿Cómo gestiona Occidente, es decir, la OTAN, el conflicto sin actuar directamente en este? Antes de continuar el análisis, debemos considerar que el conflicto sirio es una «guerra fría», es decir, en realidad es una guerra entre Rusia y la OTAN en la que ambos bandos, por equilibrio de fuerzas, ya no combaten directamente entre sí.

¿Cómo lo hacen entonces? Pues actuando a través de otros grupos a los cuales se financia, entrena, se les promete cosas (o se les manipula) y, desde luego, se les suministra armas.

Si observamos en un mapa la evolución de Siria durante los años de guerra (2011- 2018), podemos ver muy claramente cómo es esta injerencia y cómo se ha ido externalizando la contienda.

Entre 2011 y 2012, el mapa es bicolor y bastante simple. Se reduce a los territorios controlados por el gobierno sirio y por los mal llamados rebeldes (en realidad grupos heterogéneos de sirios y de mercenarios venidos de fuera y apoyados por Occidente).

Estos rebeldes inicialmente se configuran como el Ejército Libre Sirio (ELS) y reciben entrenamiento clandestino por miembros de fuerzas especiales de países como Turquía, Arabia Saudita, Kuwait, Jordania y el Gobierno de EE UU. Por otra parte, el Gobierno sirio recibe apoyo de Rusia (país que ya tenía bases militares antes del conflicto, Tartus y Hmeimim, ambas en la costa mediterránea).

En 2013, otra fuerza entra en juego, las milicias kurdas, también llamadas Unidades de Protección Popular (YPG). Están apoyadas y armadas por EE UU, pero son enemigas naturales de Turquía. Los kurdos son un pueblo sin Estado que fueron engañados en 1920 por las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial, que les prometieron un territorio propio de acuerdo con el tratado de Sèvres, acuerdo que nunca entró en vigor y que finalmente fue sustituido por el tratado de Lausana (1923), que les dejó sin territorio. Desde entonces, están en lucha, aspirando a tener un pedazo de tierra propio. EE UU introdujo a los YPG en la guerra para hacer frente al Gobierno sirio en la parte noreste del país, y mover la balanza del confliecto a su favor, aunque ello le haya generado importantes roces con otro de sus aliados OTAN: Turquía.

El gran cambio en el mapa llega en 2014, siendo una de las campañas más sangrientas. El año 2014 resulta decisivo, porque es cuando se percibe en el mapa, por fin, el paso de lo que era la primavera árabe a los verdaderos intereses geoestratégicos en la zona. Dos nuevos grupos entran en juego, Hezbolá y Daesh.

El primero lo hace para apoyar al gobierno sirio, incorporando nueva fuerza al eje Siria, Irán y Rusia. Las milicias de Hezbolá entran primero por la frontera cerca de la ciudad siria de Homs, y en 2015 van cubriendo toda la frontera sirio-libanesa combatiendo a los rebeldes. Sin embargo, el gran elemento que transformará el conflicto es la entrada del Ejército Islámico (también llamado ISIS o Daesh).

Inicialmente entra en Siria por el noreste, al sur de la zona norte controlada por los kurdos, y va desplazando a los rebeldes hasta casi borrarlos del mapa en 2016, año en que la mayoría del país queda controlado por ISIS. Sin duda, 2016 es el año de Daesh en Siria, pero, a partir de entonces, las acciones militares de Rusia le hacen perder el control del territorio.

Al tiempo, los kurdos siguen ganando terreno al norte, los rebeldes al sur y, paradójicamente, el mapa de Siria de 2018 se parece muchísimo al de 2013, salvo que la parte norte, en vez de pertenecer a los rebeldes, ahora está en manos de los kurdos. Así, la victoria ha cambiado de bando.

ISIS CONTRA TODOS
Hasta ahora, es fácil entender que hay dos frentes: el de los rebeldes, apoyados por Occidente y por aliados de EE UU como Arabia Saudita, Qatar, Turquía y mercenarios suníes de todo el mundo; y, por otra parte, el bando del Gobierno sirio, sostenido por Rusia, Irán y Hezbolá (chiíes).

La pregunta es: ¿Qué papel juega el Estado Islámico en Siria? La versión oficial dice que ISIS ha entrado en Siria para convertir el país en un califato islámico, es decir, un estado regido por la ley islámica, la Sharia. En teoría, ISIS entró como un extraño en el conflicto entre los dos bandos, combatiéndolos a todos, haciendo una guerra dentro de otra guerra. Todas las partes anteriormente mencionadas estarían en contra de Daesh. En teoría.

Sin embargo, aquí vamos a plantear una hipótesis que está en la mente de muchos, y que consiste en que EE UU controla ISIS de forma subterránea y no a través de acuerdos directos. Daesh es la herencia de Al Qaeda en Irak, país devastado por la guerra de EE UU en tiempos de George Bush Jr. Es conocido que Al Qaeda, mediante Ben Laden, era un terrorismo títere de EE UU.

Y ese precisamente sería el uso de Daesh sobre el terrero, un movimiento terrorista que a partir de fomentar su crecimiento o recortarlo, facilitaría que EE UU hiciese la guerra sobre el terreno sin mancharse las manos. Supuestamente, Al Qaeda rompió con EE UU después de que Osama Ben Laden fuese acusado de cometer los atentados de Kenia y Tanzania de 1998 (por los que estaba acusado en la web de más buscados del FBI, y no por el 11S, que no constaba).

Sin embargo, sobre el terreno, la realidad es otra. Veamos el caso Libio, muy similar al sirio por cercanía en el tiempo. En la primavera de 2011, el presidente Obama aprobó el abastecimiento de armas al Grupo Combatiente Islámico Libio por parte de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Según el Wall Street Journal, se le proporcionaron 20.000 toneladas de armamento en 18 embarques a las milicias controladas por el Grupo Combatiente Islámico Libio (GCIL).

Otra docena de embarques de armas financiadas desde Qatar les llegaron a los rebeldes libios aliados del GCIL desde Sudán. Los embarques continuaron incluso después de la caída de Trípoli. La hipótesis es que esa misma estrategia se repite en Siria, pero con algunas variaciones.

La guerra de Siria está resultando más compleja que la de Libia, en el sentido de que hay más agentes implicados. Así, varias de las fuerzas apoyadas por EE UU estarían haciendo la guerra entre sí, por ejemplo las YPG Kurdas e ISIS (o también los roces que le provoca financiar a los YPG con Turquía).

Sin embargo, cuando vemos las acciones militares de las grandes potencias, se observa claramente que quien ha borrado del mapa a Daesh ha sido Rusia y no EE UU. Este último país tiene dos agendas, una de propaganda y otra militar. Por eso, el daño finalmente infringido a ISIS por parte de los occidentales es mínimo. Es decir, aunque en público traten a ISIS como un enemigo, a nivel de estrategia militar lo usan como una fuerza propia.

Decíamos en el apartado anterior que Daesh es una organización terrorista títere de EE UU. Está controlada indirectamente por los norteamericanos y, debido a ello, la estrategia base de ese control de ISIS es permitir o no su crecimiento, según convenga a los intereses de EEUU.

Pero, ¿cómo se proporciona ese alimento a ISIS para que crezca de forma controlada? Se sabe que gran parte de los ingresos de Daesh los obtiene de la venta de petróleo de la zona del califato que controla. ¿Quién permite, a pesar de toda la inteligencia militar existente, que el principal grupo terrorista del mundo venda petróleo? En este caso, las respuestas vienen de Rusia.

A principios de diciembre de 2015, el Ministerio de Defensa ruso explicó en una rueda de prensa cómo se realiza este comercio, y expuso cómo la familia de Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía (miembro de la OTAN), estaba involucrada en las exportaciones ilegales de crudo que proporcionan subsistencia y beneficios a ISIS.

La rueda de prensa no quedó en una mera citación de acusaciones, sino que se presentaron numerosas fotografías aéreas, demostrando cómo se roba el petróleo sirio (que se extrae a través de Turquía) para realizar una venta que beneficia a Occidente y a ISIS.

¿Es creíble, por tanto, que la familia del presidente de un país aliado de la OTAN otorgue millonarios beneficios al principal grupo terrorista combatido por la OTAN y EE UU sin que la inteligencia de esos países lo detecte?

La realidad es que en esa conferencia se facilitaron todas las rutas que seguía el petróleo sirio robado con destino a Turquía. Según el jefe de la dirección operativa central del Estado Mayor ruso, el general Serguéi Rudskói, los ingresos del ISIS por la venta ilegal de petróleo se han reducido a la mitad gracias a los ataques aéreos rusos, y han pasado de 3.000 millones de dólares (2.800 millones de euros) a 1.500 millones de dólares, demostrando finalmente de qué lado está cada uno.

VALOR ESTRATÉGICO
Para cerrar las claves que permiten entender el conflicto, hay que preguntarse: ¿por qué Siria? Fundamentalmente, en Siria concurren dos factores importantes que la hacen muy codiciada: riqueza y ubicación geográfica. Riqueza porque posee campos de petróleo y gas.

Sin embargo, aunque Siria tenga petróleo, es un pequeño país productor. Siria no exporta crudo desde 2011, cuando entraron en vigor las sanciones internacionales. La producción de petróleo sirio antes de la guerra era de 37. 000 barriles diarios, apenas un 0,4% del abastecimiento global. En cuanto a la geografía, Siria es una plataforma estratégica donde colisionan los intereses de EE UU y Rusia.

Para Rusia, la presencia en este país es vital porque se trata de «su salida» al mar Mediterráneo. Por otra parte, si miramos el mapa de Oriente Medio, Siria está «en medio de todo», es un punto de paso de Europa a Asia y de África a Rusia, y es, además, el eje de proyectos de oleoductos que pretendan unir estas regiones en línea recta, especialmente hacia Europa.

No parece casualidad que en 2018 EE UU esté empezando a construir una base militar en la provincia de Deir Ezzor, una zona petrolífera y bajo el dominio de los rebeldes. Por otra parte, existen muchos rumores sobre proyectos de oleoductos que fueron bloqueados y no permitidos por Damasco y que eran necesarios y beneficiosos para Europa y EE UU.

Otros proyectos tendrían el sentido contrario, hacia Irán y Rusia. En cualquier caso, todos esos programas están esperando que finalmente se declare un vencedor en la guerra. Entonces, sea cual sea el vencedor, se instaurará un Gobierno títere en Siria y se procederá a la reconstrucción del país con empresas extranjeras, endeudándolo para así controlarlo. Entre otras cosas, porque hay otro negocio del que no se habla pero todos asumen: la milmillonaria reconstrucción de Siria, que hará más ricos a los de siempre.

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