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¿Conspiración en la Administración Clinton?

Martes 03 de Julio, 2018
Waco: 25 años después. El 19 de abril de 1993, en Waco, Texas, tenía lugar el suicidio masivo de los Davidianos. Un cuarto de siglo después, las dudas sobre el origen del incendio que mató a 85 personas y a su líder continúan en el aire. Óscar Herradón

Se cumplen 25 años de una de las peores masacres en suelo estadounidense pre 11S, la que tuvo lugar en una granja de Waco, Texas, el 19 de abril de 1993, tras 51 días de vertiginoso asedio de las fuerzas de seguridad a la secta de los Davidianos, comandados por David Koresh. Aunque parecía un capítulo cerrado, lo cierto es que un cuarto de siglo después aún siguen muchas preguntas en el aire y la propia masacre ha servido como desencadenante de todo tipo de teorías conspirativas, tan queridas de la cosmovisión yanqui.

Aunque en realidad parece que se trató de un suicidio colectivo, todo lo que rodea a aquellos días es objeto de fuertes polémicas y críticas a la Administración Clinton, entonces en el gobierno, que han ido aumentando con el paso de los años y reconvirtiéndose en hipótesis cuanto menos descabelladas con muchos adeptos en Texas y otros estados colindantes.

Aunque la mayoría de historiadores de la religión reconoce la autoría de David Koresh y su responsabilidad última en la inmolación colectiva, las dudas sobre el origen del voraz incendio que calcinó el rancho Monte Carmelo surgieron casi inmediatamente después de la tragedia, especialmente a la forma equivocada en que los agentes de la ATF –Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos– habían llevado el caso.

Había muchos intereses en juego: el de familiares de las víctimas que se convirtieron en demandantes, críticas tanto de republicanos como de demócratas a la actuación de la Ministra de Justicia, Janet Reno –el día antes de la tragedia, el 18 de abril, presentó al presidente Clinton un plan de asalto–, el factor de las milicias religiosas, muy numerosas por esas latitudes, y el todopoderoso lobby armamentístico, que no estaba dispuesto a asumir la culpa por la gran cantidad de armas de fuego que los Davidianos habían almacenado, un tema que sigue generando una gran controversia en la actualidad, la última a causa de la masacre que acabó con la vida de 17 personas en un instituto de Florida el pasado 14 de febrero.

Pocas cosas han cambiado 25 años después. El caso es que todo lo citado complicó sobremanera el “asunto Waco”, generando una ingente literatura y diversidad de protestas hasta hoy, unidas a las declaraciones de muchos davidianos que habían convivido con Koresh en su rancho que no apoyan la versión oficial. De hecho, en enero de 2016, ya en plena campaña presidencial, El País publicaba un artículo titulado “Waco: el corazón del odio paranoico contra Hillary Clinton”, donde el diario español se hacía eco de la creciente ola de oposición a la aspirante demócrata a la Casa Blanca.

Un lugar que ocupaba anteriormente el rancho Monte Carmelo, a 15 minutos de Waco, donde se levantan tres casas y una capilla, cuyos únicos habitantes son el predicador Charles Pace y su familia. Pace se fue de la secta porque no creía en los delirios mesiánicos de Koresh, pero siempre apoyó a los Davidianos y culpa a los Clinton de la tragedia. De hecho, con los años levantó un pequeño altar a la entrada con los nombres de todo los fallecidos en el sitio. En plena campaña electoral, sobre una de las lápidas podía leerse un cartel con el texto “Clinton a prisión 2016”, uno de los lemas de la agresiva campaña de Trump.

Bajo el mismo, se lee: “Los Clinton ordenaron a la Delta Force matar a Koresh y a sus seguidores”. Aunque la actuación de las fuerzas policiales parece que no fue la más adecuada, y siempre ha planeado cierta sombra de sospecha sobre las órdenes que se emitieron desde Washington, lo cierto es que parece poco probable que los Clinton propiciaran aquella gran tragedia en suelo estadounidense.

Más bien parece que un cúmulo de desgraciadas “casualidades” se aliaron para que todo saliera mal. Eso, y la propia doctrina autodestructiva de la secta, con un “Armagedón” largamente preconizado planeando sobre su día a día y los delirios mesiánicos de un carismático líder, que además estaba armado hasta los dientes y preparado para disparar. La tragedia pudo, quizá, haberse evitado –muchos no se explican la razón de que Koresh no fuese detenido fuera del complejo, durante alguna de sus salidas–, pero también puede que no.

Además, el líder preconizaba ante sus acólitos, dentro de su teología apocalíptica, que el fin de la congregación llegaría durante un enfrentamiento contra las fuerzas gubernamentales, e incluía la férrea creencia de que resucitarían como seres de fuego para vencer a las fuerzas enemigas. Para ello habían realizado un concienzudo entrenamiento paramilitar.

No resucitaron, aunque las cenizas de aquella tragedia no han sido apagadas por completo. ¿Quién disparó primero? ¿Quién fue el verdadero culpable? El estreno este mismo año de la miniserie de Paramount Network, Waco, no ha hecho sino avivar aún más la llama de la controversia. 25 años después, Waco sigue recordando cómo huele el infierno.  

AUTOPSIA DE LOS HECHOS 
El asedio duró 51 días. El sitio requirió la intervención de más de un centenar de agentes de la ATF. Fueron acompañados por un convoy de 60 vehículos, apoyados por tres helicópteros de la Guardia Nacional, un avión de combate y varios blindados.

Al parecer, los acontecimientos se precipitaron cuando Koresh recibió una llamada de un familiar poniéndole sobre aviso del dispositivo de seguridad, organizado por la sospecha de que la secta había convertido todo un arsenal de armas semiautomáticas en automáticas.

Esa misma mañana, un periódico local publicaba un artículo bajo el título de “El Mesías Pecador”–donde sacaban a la luz su poligamia mesiánica y supuesto abuso de menores–, que no hizo sino acelerar las cosas.

Koresh desenmascaró a un agente infiltrado, aunque dejó que se fuera horas antes del asalto –algo bastante extraño– y ordenó a sus seguidores que se atrincherasen. Durante seis semanas, los federales apelaron a tácticas de guerra psicológica: potentes altavoces emitían día y noche sonidos enervantes y la repetición incansable de la canción de Nancy Sinatra “These boots were made for walking”.

Cuando el día 19 el humo de un gran fuego provocado –supuestamente– por los Davidianos se extinguió, se hallaron los restos de entre 72 y 86 hombres, mujeres y niños, entre ellos el cuerpo de Koresh, que presentaba un disparo en la cabeza. En 1995, el supremacista blanco y veterano Timothy McVeigh hacía estallar una furgoneta a las puertas del edificio federal de la ATF Alfred P. Murrah, en Oklahoma. Morían 168 personas. McVeigh afirmó que fue una venganza por Waco.

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