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Los Expedientes X de la CIA

Jueves 27 de Abril, 2017
Después de un largo proceso iniciado por una organización no lucrativa, la CIA ha tenido que desclasificar más de nueve millones de documentos secretos, en los cuales abundan expedientes sobre avistamientos y estrellamientos de ovnis y oscuras operaciones de control mental, además de mostrar la implicación de la agencia en investigaciones paranormales y en la creación de un departamento de espías psíquicos que ponían sus capacidades extrasensoriales al servicio de los intereses de Estados Unidos…
Texto Juan José Sánchez-Oro

La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos no puso las cosas fáciles. De hecho, no quería. Pero la acción combinada y entusiasta de una organización civil sin ánimo de lucro, un abogado defensor de la transparencia administrativa y un llamamiento por Internet para recaudar fondos, han obrado un una especie de milagro sin precedentes.

El martes 17 de enero de 2017 pasará a la historia por ser la fecha en que la CIA colocó en su web oficial, al alcance de todo el planeta, 13 millones de páginas de información desclasificada.

Un descomunal fondo de documentos donde ahora resulta posible bucear en busca de toda clase de secretos y asuntos más o menos turbios, desde operaciones negras; complots políticos internacionales para derrocar o apoyar gobiernos; incidentes diplomáticos en la sombra que hicieron hervir la Guerra Fría… Hasta la investigación de anomalías aéreas y ufológicas; el desarrollo de programas militares para el control mental de la población o el denodado esfuerzo por convertir a la parapsicología en un arma estratégica eficaz… Este sinfín de materiales, ciertamente de muy dispar calidad y valía, reflejan algunos de los principales puntos de interés y atención que guiaron a la Agencia desde su fundación hasta casi el final del milenio.

Los comienzos de este volcado de información tan delicada en la Red hunden sus raíces hace más de 20 años, cuando, en 1995, el entonces presidente Bill Clinton ordenó ejecutar una desclasificación masiva de expedientes secretos.

Desde el año 2000, todo aquel repositorio de documentos permanecía accesible al público general, si bien de una manera tan discreta que solo unos pocos investigadores especializados lo utilizaron. Y es que la Agencia había creado una buena herramienta de búsqueda denominada CREST (CIA Records Search Tool), pero únicamente manejable desde cuatro ordenadores ubicados en los Archivos Nacionales de College Park, en Maryland. La sala en cuestión, bastante recóndita dentro de las instalaciones, carecía de personal la mitad de la jornada, así que estaba sometida a un horario restringido. A tales limitaciones físicas y temporales se le sumaban otras, inconcebibles en plena Era Cibernética, como, por ejemplo, que la información recabada durante las consultas no pudiera ser copiada digitalmente en un disco o en un pendrive, sino obligatoriamente impresa en papel allí mismo.

LA AGENCIA PERDIÓ LA BATALLA
De esta situación se hizo eco en junio de 2014 MuckRock, una organización no lucrativa que lucha por la libertad de información en EE UU. MuckRock se atrevió a demandar a la CIA, alegando que la base de datos CREST era «técnicamente pública, aunque en la práctica resultaba en gran medida inaccesible». La propia CIA era plenamente consciente de esta circunstancia, puesto que en su página web advertía de que la visita al archivo podía «ser un inconveniente y ofrecer trabas a muchos investigadores».

Demandar a la CIA no salía barato y el proceso legal contra el gigante de la Inteligencia norteamericana amenazaba con ser una carrera de fondo repleta de obstáculos. Pero entonces, el abogado Kel McClanahan, especializado en transparencia gubernamental y activista del National Security Counselors, ofreció sus servicios gratuitamente. La experiencia profesional de McClanahan dio la forma adecuada a la demanda y esta fue aceptada en los tribunales. Por otro lado y casi al mismo tiempo, un internauta habitual de los foros de MuckRock y simpatizante de la causa, Michael Best, incrementó la presión sobre la CIA al promover por Internet una campaña para recaudar fondos.

En escaso tiempo consiguió 15.000 dólares de 462 donantes, dinero destinado a digitalizar los documentos, de tal modo que nadie pudiera oponerse a la demanda, amparándose en lo costoso que resultaría para el contribuyente semejante proceso de escaneo y difusión online. La iniciativa de Best solventaría el problema sin que al erario público le costara ni un dólar. Incluso supondría un ahorro porque, en ese momento, todas las impresiones de documentos efectuadas por los investigadores a través del CREST eran gratuitas, corrían por cuenta de los Archivos Nacionales.

Acorralada así la CIA por varios frentes, se le fueron agotando las excusas. En un primer momento, la Agencia afirmó que necesitaría 28 años para procesar y cargar toda la documentación en la Red. Posteriormente, redujo la cifra a seis años, para terminar anunciando en octubre de 2016 que ofrecería los archivos en línea en cuanto pudiera. Apenas cuatro meses después, aquello que parecía imposible, se hizo realidad. Otra de tantas transmutaciones portentosas con las que la CIA nos obsequia de vez en cuando.

25 AÑOS DE GUERRA PARANORMAL
Tener esa abrumadora cantidad de información a golpe de tecla y desde el salón de casa genera ansiedad. Uno no termina de saber muy bien por dónde empezar. Pero existe un fondo bastante consistente de documentos que se corresponden con el programa Stargate. Bajo este evocador nombre –Puerta Estelar– se atesoran unos 25 años de investigación sobre visión remota, clarividencia, precognición, telepatía y manipulación mental de objetivos a distancia. Dos décadas y media de proyectos con denominaciones que pretendieron hacer de lo paranormal un arma de combate y defensa. 

Navegar por este fondo resulta fascinante. Irremediablemente adictivo. Podemos contemplar los más variados experimentos llevados a cabo por numerosos psíquicos; las pruebas que protagonizaron cumplimentadas de su puño y letra; los memorandos de entrenamiento en percepción extrasensorial; los diagnósticos sobre el avance de la parapsicología en las potencias rivales, especialmente la URSS; previsiones, proyectos y planificaciones para convertir la energía psi en el instrumento definitivo con el que bloquear mentalmente a los enemigos o diseñar impenetrables claves criptográficas… Un abanico tan amplio de materiales que demuestra cómo la CIA, año tras año, invirtió grandes sumas de dinero en percepción extrasensorial y no puso ningún freno a la hora imaginar todo el rendimiento que extraería de ella. Uno de los dossiers más antiguos a este respecto presenta informaciones desconcertantes. Fechado el 1 de noviembre de 1975 y elaborado por una mano anónima, hace un repaso sucinto del estado de la parapsicología en la Agencia.

El texto arranca advirtiendo que la Oficina del Servicio Técnico había estado investigando esa materia desde 1972 y, durante el último año, de manera conjunta con la Oficina de Investigación y Desarrollo. El objetivo del programa consistió en «descubrir y desarrollar el potencial operativo de las capacidades parapsicológicas». Sin embargo, los mandos de la Agencia habían decidido suspender el proyecto. ¿El motivo? Los progresos conseguidos no resultaron lo suficientemente claros y se juzgaba demasiado abultado el coste sufragado frente al beneficio recibido.

Ahora bien, no se tiraba del todo la toalla. Muy al contrario. El informe aclaraba que «aunque no se había descubierto ni desarrollado un funcionamiento parapsicológico fiable, las prestaciones operativas fueron significativas». La mayor dificultad «radicaba en la fiabilidad y replicación» de estas capacidades. Es decir, parecía que los investigadores manejaban un fenómeno demasiado incontrolable como para satisfacer adecuadamente las necesidades precisas de la Agencia. Con todo, seguía indicando el documento, «bajo condiciones experimentales que serían aceptables operativamente, varios individuos han aportado información que podría haber sido útil» y, «hasta el momento, no hay una explicación convincente acerca de cómo estos individuos obtuvieron dicha información». Varios de los sujetos actuaron de modo inconsciente y habían quedado bien identificados por si sus facultades pudieran resultar de algún valor.

LAS MISIONES DE LOS ESPÍAS PSÍQUICOS
Pero lo más enigmático aparecía en el cierre de este documento, al concluir que «este conjunto limitado de parapsicología capaz de funcionar individualmente, continúa siendo investigado y practicado para su explotación operacional sobre una base experimental». De lo que cabe deducirse que no se cerraban las puertas a la parapsicología, como efectivamente así ocurrió, aunque se trasladó la investigación fuera de las dependencias de la Agencia.

Otro de los documentos alojados en el CREST relata esa larga trayectoria mediante diferentes diapositivas informativas. Este dossier, sin firma, fue elaborado para dar rápida cuenta de la evolución de las investigaciones psíquicas secretas hasta el momento de su redacción. El proyecto se denominó SUN STREAK y estuvo vigente entre 1985 y 1990 bajo el mando del Directorio de Inteligencia Técnica y Científica de la DIA, la Agencia de Inteligencia de la Defensa, organismo militar especializado en el espionaje sobre territorios extranjeros. El informe habla de la psicoenergía, que define como «el proceso por el cual un individuo podría interactuar psíquicamente con objetos, lugares, organismos o sucesos». Lo divide en psicoquinesis, entendida como «las acciones físicas realizadas con poderes mentales», y la percepción extrasensorial y la visión remota, que se corresponderían a «percepciones que no pueden ser explicadas por los medios sensoriales conocidos». Sigue relatando que los primeros experimentos de visión remota con propósitos de inteligencia fueron «probados con éxito» en los años setenta por los físicos Hal Puthoff y Russel Targ en los laboratorios de Instituto de Investigación de Stanford (el SRI). Por visión remota se referían a «la adquisición y descripción por medios mentales de información inaccesible a la percepción ordinaria en razón de su distancia, obstáculos o tiempo».

Los científicos del SRI llevaron a cabo numerosas pruebas patrocinadas por la CIA con varios dotados psíquicos, siendo los «más notables » Pat Price e Ingo Swann. Los resultados satisfactorios obtenidos hicieron que «en la última década el énfasis se centrara en la visión remota más que en otros aspectos de la parapsicología». Anteriormente, entre 1977 y 1978, la Armada había financiado diferentes proyectos para aplicar la psicoquinesis en el combate balístico, muy animada por el dominio que, supuestamente, tenían los soviéticos de la psicoenergía. Un dossier sobre la URSS redactado por un militar norteamericano despertó el interés.

Pero la línea de investigación psicoquinética no prosperó y sí lo hizo la centrada en la visión remota. El Ejército tenía buenas razones para ello. Durante la primera misión experimental, el 4 de septiembre de 1979, un psíquico, haciendo uso de su observación mental a distancia, «localizó un avión desaparecido a 15 millas de donde se había estrellado ». Fue el espaldarazo definitivo para crear un proyecto en condiciones, tras pasar la revisión de un comité de expertos independientes.

ENTRENANDO A VIDENTES
Periódicamente, se fue dando cuenta de los trabajos efectuados sobre psicoenergía a otros comités y comisiones del Congreso o del Senado para renovar la financiación. De todos modos, el informe subraya que «la visión remota es muy barata». Su principal gasto recae en «la gente involucrada». No precisa apenas de material, dado que, «en su mayor parte, el propio personal es el equipamiento». Otras de las ventajas operativas que enumera el texto es que «no existe defensa conocida contra ella»; elude el tiempo, el espacio, la distancia y cualquier obstáculo que se le quiera poner por delante. Lo cual, convertía a la visión remota en la herramienta más eficaz a la hora de conseguir información de objetivos en principio «impenetrables».

Durante los años setenta, existió el consenso de que «el proceso de visión remota parecía facilitarse mediante la relajación física y la intensificiación de la atención interior o atendiendo a sus propias imágenes e impresiones mentales». Pero, a partir del año 1982 y gracias a las aportaciones del psíquico Ingo Swann, se planteó un programa de entrenamiento mental que clasificaba la visión de remota en función de una escala con seis estados diferentes.

Concluye el documento explicando el procedimiento de trabajo con los psíquicos. Recibida una petición por parte de la Agencia, se enumeraban los objetivos a explorar mediante visión remota. Luego, de acuerdo con el historial personal, se seleccionaba al psíquico más idóneo para la prueba, así como la técnica de visión remota más adecuada. El experimento se ponía en marcha en presencia de un monitor que controlaba la sesión y un entrevistador que formulaba las preguntas. El cometido de este último consistía en «encaminar al vidente remoto, dirigir su foco y sonsacarle información del objetivo». Pero debía ser muy precavido, al objeto de extraer de él solo «información valiosa para Inteligencia y no opiniones analíticas » sobre lo que estaba viendo. Una vez completada la prueba, todos los datos recopilados se remitían a la agencia que los había solicitado. Finalmente, se contrastaban los resultados con la realidad para perfeccionar los usos de la psicoenergía y establecer el grado de éxito de cada psíquico. Sobre la base de los protocolos anteriores se desarrollaron programas de entrenamiento y ensayo en los que resultaba fundamental que ni el vidente remoto ni los investigadores supieran nada del objetivo a captar para no influir en la percepción. Bajo tales condiciones de «doble ciego», se establecieron tres técnicas básicas en función del estado mental alcanzado: visión remota, visión remota extendida y visión remota controlada.

PSICOENERGÍA CONTRA TERRORISTAS
Durante su adiestramiento, a menudo los psíquicos tuvieron como objetivo enclaves muy inspiradores, como los geoglifos peruanos de Nazca, la gran pirámide de Keops o el impresionante círculo megalítico de Stonehenge. Sin embargo, otras veces, las pruebas de visión remota renunciaron a los escenarios arqueológicos y evocadores para decantarse por objetivos estratégicos: el Laboratorio Espacial (SkyLab), una central nuclear de generación eléctrica en Seabrook o el atentado aéreo de Lockerbie. Sobre esta localidad escocesa fue derribado en pleno vuelo un avión de la Pan Am apenas 38 minutos después de iniciar el despegue. Un artefacto explosivo que transportaba el aparato en su bodega estalló.

Aquel fatídico 21 de diciembre de 1988 dejó 259 pasajeros muertos y otras 11 víctimas más en tierra, al impactar sobre ellas los fragmentos de la aeronave. La manera en que fue perpetrada semejante barbaridad estuvo repleta de incógnitas, así que la CIA echó mano de la psicoenergía e inició un experimento el 7 de junio de 1990. La prueba pretendía obtener información relativa al contenedor del equipaje que albergaba la bomba, cuya foto había aparecido en la prensa. La visualización remota duró 5 horas y generó 22 páginas de texto en las que no se reveló el nombre del psíquico que protagonizó la experiencia.

Entre abundantes garabatos, dibujos, esquemas, palabras sueltas y comentarios manuscritos, el informe resume las siguientes percepciones del vidente remoto: «El objetivo es una actividad o suceso. Hay una forma cilíndrica que es clara y transparente. Hay algo dentro de ella que parece estar moviéndose a través y hacia fuera en un extremo. Las cosas en su interior son ligeras, suaves, fibrosas, aire, y se está moviendo hacia abajo, haciendo un zumbido. Se está acelerando a medida que baja y sale. Me provoca ganas de vomitar».

El psíquico concreta aún más su visión: «La forma cilíndrica parece estar en el fondo de algo, en una posición horizontal. Podría estar en el fondo de una caja cuadrada. Hay una bomba en la caja y explota. Me hace pensar en una bomba explotando a una persona. Puedo ver rojo, fuego y llamas. El exterior de la caja parece tener líneas diagonales que van de izquierda a derecha y de derecha a izquierda». La percepción fue aumentando en intensidad hasta el punto que el vidente remoto señaló que «algo del objetivo hace que mi nariz se queme, mis ojos lloren, me asfixie, y consigue hacerme sentir lo bastante mareado como para vomitar. Pienso en algo como gas. También me hace pensar en un coche y un accidente de coche». Finalmente, expresa que «es algo político, mareante, confuso, embotado, lunático, nervioso y colorido. Sigo viendo un pequeño punto azul de luz y tres formas. Una de las tres formas parece ser más importante que las otras».

OVNIS EN EL HIMALAYA
Otro extenso volumen de documentos muestra interés por el fenómeno OVNI. Los dossiers desclasificados recogen un buen número de avistamientos de objetos extraños, a veces formando oleadas en puntos geográficos tan exóticos y sagrados como el Himalaya. En 1968 se observaron nada menos que seis OVNIs en Ladakh, Sikkim, Bután y Nepal. El primero de ellos ocurrió a las nueve de la noche el 19 de febrero de 1968. Una luz brillante y rápida con destellos rojos y verdes fue contemplada al noreste de Nepal y norte de Sikkim. Irradió un fulgor tan grande que iluminó el cielo nocturno y se escuchó un sonido atronador cuando desapareció. Dos días después, un «objeto de color azulado» fue visto sobre Timbu, la capital de Bután, desplazándose a «alta velocidad sin ningún tipo de ruido» y desprendiendo suficiente luz como para «iluminar la zona».

La actividad aérea anómala aumentó al mes siguiente. A la una de la tarde del 4 de marzo, una luz blanca surcó el horizonte acompañada de dos sonidos de explosión.

Luego, fue visto un resplandor rojizo seguido de humo blanco, todo ello sobre los cielos de Ladakh. El 25 de marzo, en otro punto cercano, se informó de la presencia de un objeto «como un cohete» que dejaba una extraña estela «blancaamarilla- blanca de unos 18 metros de largo a una altura de 20 a 25.000 pies». Pero ese misma día, por la noche, tuvo lugar el incidente OVNI más sorprendente consignado en el informe: «Un enorme objeto en forma de disco metálico con una base de seis pies y cuatro pies de altura fue encontrado en un cráter en Baltichaur, cinco millas al NE de Pokhara (Nepal)». Y se añade que «porciones de un objeto similar fueron encontradas en Talakot y Turepasal». El hallazgo vino precedido de la visión de un «objeto ardiente, con parpadeo intermitente» que «se desintegró » sobre la región nepalí de Kaski. Ahora bien, ¿a qué correspondían ese disco metálico recuperado en Baltichaur y los demás fragmentos hallados en Talakot y Turepasal? El expediente no lo precisa, aunque quizás la respuesta esté bajo el rectángulo negro con texto censurado que cierra la información.

Donald E. Keyhoe y el Dr. Edward Condon ocupan la portada de este fascinante informe confidencial. Keyhoe fue director del Comité Nacional de Investigaciones sobre Fenómenos Aéreos entre 1957 y 1969, y Condon dirigió la investigación civil del fenómeno OVNI con sede en la Universidad de Colorado y patrocinada por la Fuerza Aérea.

FRAUDES INTERESADOS
De la década anterior, contamos con otro memorando de contenido ufológico que demuestra cómo a la CIA le intrigaban los OVNIs, pero también las personas y organizaciones que los investigaban. El informe, fechado el 9 de febrero de 1953, recoge las actividades y composición del Comité de California para la Investigación de Platillos Volantes (CSI). El redactor del texto comenta que el CSI «lleva en funcionamiento algunos años, compuesto por individuos particulares intrigados e interesados científicamente en encontrar una explicación al fenómeno de los ‘platillos’». Sin embargo, el mayor centro de atención radicaba en el Dr. Walter Riedel, «exDiseñador Jefe en el Centro Experimental Alemán de Cohetes», que es calificado literalmente como un «científico paperclip», es decir, uno de los investigadores o ingenieros del régimen nazi, especializados en armas y tecnología de propulsión, que la Inteligencia norteamericana extrajo discretamente de Alemania al terminar la II Guerra Mundial. Una vez en EE UU, bajo una nueva identidad o tras haber eliminado su pasado más turbio, estos científicos de la Operación Paperclip trabajaron al servicio de las autoridades estadounidenses. Pues bien, el memorando comentaba unas revelaciones hechas por el Dr. Riedel en virtud de las cuales el CSI no se limitaría a recopilar y estudiar casos OVNI, sino también a crearlos como experimento social: «Tan serio es el CSI en su investigación, que el Dr. Riedel indicó cómo ellos iban a ejecutar un bulo planificado sobre el área de Los Ángeles, con la finalidad de comprobar la reacción y fiabilidad del público en general ante los fenómenos aéreos inusuales». En concreto, este experimento de simulación OVNI serviría, por ejemplo, para averiguar la manera en que varían los detalles de los testimonios ante un mismo avistamiento, un dato que podría ser muy útil a la hora de evaluar futuros casos reales. El redactor del informe sospechaba que el experimento ya se había realizado y correspondería al avistamiento ocurrido sobre Malibú el mes anterior. Ciertamente, la historia del Dr. Riedel tiene una continuación y consiguió incomodar a la CIA. Annie Jacobsen, en su libro Area 51: An Uncensored History of America’s Top Secret Military Base, detalla cómo la Agencia reconvino a Riedel por sus manifestaciones públicas sobre el fenómeno OVNI, al tiempo que le «sugirieron » que se alejara del CSI, algo que Riedel nunca aceptó, plenamente convencido de que los platillos volantes procedían del espacio exterior, según él mismo dijo en la revista Life.

Lee el reportaje completo en el nº320 de la revista AÑO CERO

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