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LA DAMA BLANCA DE ARROYO SUJAYAR

Martes 21 de Julio, 2015
Durante las frías navidades de 1979, en la pedanía albaceteña de Arroyo Sujayar, se perdió una niña de cuatro años. Efectivos de la Guardia Civil y cientos de vecinos de la comarca buscaron a la pequeña durante tres días y tres noches, soportando temperaturas bajo cero. Hasta que, el 1 de enero de 1980, la encontraron en perfecto estado de salud. El personal sanitario que la atendió en el hospital calificó el suceso de «milagro». Lo más insólito de todo es que la niña insistió en que fue socorrida por una señora muy guapa, vestida de blanco, que la protegió del frío arropándola con su manto y le dio agua para que no muriera de sed. Pero, ¿quién era esta «dama protectora»? Por Mado Martínez
dama blanca

Antonia Tamayo Beteta tenía cuatro años cuando se perdió en el monte. Sucedió una fría mañana de diciembre de1979, cuando lo más crudo del invierno azotaba la sierra albaceteña de su tierra natal, Arroyo Sujayar. Los padres de Antoñita, como por entonces la conocían, se ahogaron en el pozo de la desesperación. ¿Dónde estaba la pequeña? Los aldeanos organizaron batidas de búsqueda, la Guardia Civil registró cada rincón, y Saturnino, el padre de la joven, incluso anduvo buscándola descalzo por los montes, con las esparteñas al hombro, en señal de ofrenda y sacrificio. Tal vez así, Dios se compadeciera de las llagas de su sufrimiento, y le devolviera a su hijita. Al segundo día de rastreo infructuoso, nadie mantenía la esperanza. Si aparecía, había de ser muerta, porque aguantar la helada de la noche se antojaba improbable, máxime cuando, al parecer, la niña apenas llevaba ropa. Las horas pasaban haciendo crecer la angustia.

EN PERFECTO ESTADO    

La Guardia Civil sospechaba que la habían asesinado y empezó a señalar sospechosos, el principal de todos, el padre de Antonia, Saturnino Tamayo. No obstante, al tercer día ocurrió el milagro: unos aldeanos la encontraron a tres montes de distancia.
A pesar del tiempo transcurrido, no haber comido ni bebido, ni disponer de otro cobijo que el de un agujero que medio escarbó en la tierra, entre una sabina y un enebro, la niña parecía estar bien, como así lo certificó el personal médico del hospital al que la llevaron, para hacerle los reconocimientos y exámenes pertinentes.
Nadie se explicaba el prodigio, que aquella aventura hubiera acabado con final feliz. Pero lo más insólito era lo que la «reaparecida» fue diciendo a todo el que le preguntaba por la odisea de aquellos tres días.

UNA AVENTURA INSÓLITA
Según ella, todo el terror que había pasado se difuminó con la visita de una señora muy guapa y vestida de blanco, que la arropaba durante las noches con un manto, le daba agua clara para beber y, sobre todo, le infundía ánimo y paz.
Los principales medios de comunicación y periódicos de la época no dejaron escapar la noticia, recogiendo las palabras exactas que la niña pronunció en su día: «Una señora muy guapa, vestida de blanco, me tapaba con la mano y me daba agua». La edición del 3 de enero de 1980 del diario ABC calificaba el suceso de «insólita aventura»… (Continúa en AÑO/CERO 301)

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