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El gran secreto de la Virgen de Guadalupe

Jueves 19 de Octubre, 2017
José Aste Tonsmann descubrió trece personajes distintos en las pupilas de la famosa tela que muestra la «imagen sobrenatural» de la Virgen de Guadalupe, hoy exhibida en su basílica en la Ciudad de México. ¿Cómo se las encontró? ¿A quiénes representan? ¿Qué milagro se obró allí para que se formaran estas imágenes microscópicas y espectaculares? Es lo que nos cuenta, en primera persona, el científico peruano.
Pablo Villarrubia Mauso

El investigador Paco Domínguez y yo tardamos más de tres horas en llegar al barrio residencial donde reside el profesor José Aste Tonsmann, en la periferia de la capital mexicana. De adolescente había leído el libro del investigador J. J. Benítez en el que entrevistaba a Tonsmann poco después de sus impactantes investigaciones: según aseguraba, había encontrado siluetas de personas en las pupilas de la imagen supuestamente milagrosa de la Virgen mexicana, que hoy se encuentra en Tepeyac (D. F.). Estas imágenes eran, supuestamente, equivalentes a una «instantánea» microscópica de la escena que, según la tradición, tuvo lugar en 1531, cuando el indio Juan Diego llevó su tilma o ayate (una especie de manto hecho de toscas fibras de maguey) hasta la casa del obispo Zumárraga.

Allí la extendió y, ante los ojos de los presentes, la imagen de la Virgen se plasmó milagrosamente en el manto mientras caían flores.

Quería averiguar, más de 25 años después, qué más había descubierto y qué pensaba el científico peruano sobre los enigmas guadalupanos. Tonsmann ya no trabaja en el Centro Científico de la IBM, donde, con los primitivos y lentos escáneres de aquellos tiempos, realizó los primeros estudios de los ojos de la Virgen. En aquella época tenía que investigar en la hora de la comida, para no tener problemas, y logró algunas impresiones muy toscas, debido a la carencia de medios. Aun así, logró ver lo que, supuestamente, eran personajes que rodeaban a la Virgen cuando ésta impregnó el manto del indio Juan Diego ante Juan de Zumárraga.

En el domicilio de Tonsmann compartimos una animada charla sobre los pormenores de la investigación a la que ha dedicado su vida. Tonsmann había estudiado ingeniería de sistemas en la Universidad de Cornell (EE UU) y más tarde trabajó en el centro de IBM en México D. F., donde finalmente se afincó. «En febrero de 1978 yo estaba trabajando con técnicas muy avanzadas de digitilazación de imágenes y no había el software que hay ahora –comenzó a explicarnos–. Cuando llegué a México empecé a escanear, por curiosidad, varias imágenes de símbolos del país, entre ellas unas diapositivas de la Virgen de Guadalupe. Mi intención era la de digitalizar las imágenes para ver cómo quedaban impresas. Pero por esas mismas fechas cayó en mis manos una revista, Visión, donde se decía que en 1951 un tal Carlos Salinas, fotógrafo oficial de la Basílica de Guadalupe, -había descubierto una figura humana ampliando la imagen de una de las pupilas de la Virgen. Eso me dio la idea de hacer lo mismo y, para mi sorpresa, me encontré con la imagen no de un español, como decía Salinas, sino de lo que parecía un indio sentado, con las manos en posición de oración, en el ojo izquierdo de la figura», nos explicó Tonsmann en el salón de su casa.

Más tarde, en sucesivos escaneos, Tonsmann descubrió otras diminutas figuras dentro de las pupilas: la cabeza del obispo Juan de Zumárraga y la de un hombre con barba que el científico relacionó, más tarde, con un noble español. J. J. Benítez fue uno de los primeros en intentar identificarlo, llegando a la conclusión de que quizá se tratara de Sebastián Ramírez y Fuenleal, hombre cercano a Zumárraga.

DETALLES SORPRENDENTES
En su libro El misterio de la Virgen de Guadalupe (Planeta, 2003), Benítez dedica varias páginas a explicar el entonces novedoso funcionamiento de un escáner, que se llamaba «microdensitómetro», usado con un hoy vetusto ordenador Perkin-Elmer. Cada zona de la fotografía era convertida en números, y estos dígitos grabados en una cinta magnética de la computadora donde aparecían 1.600 puntos o píxeles por centímetro cuadrado.

«Las fotografías que escaneaba las imprimía más tarde en grandes hojas, con letras que, vistas de lejos, formaban una imagen. En esa época no había impresoras de inyección de tinta. Colgaba las hojas en mi dormitorio para verlas antes de dormir o al despertarme. Fue entonces cuando vi a un varón sentado, con las piernas cruzadas: el indio. Poco a poco fueron apareciendo detalles. Esta fue la primera figura, luego encontré la cara de un hombre con barba que ya habían descubierto Salinas y Marcué. Más tarde apareció, en el ojo izquierdo, el rostro del obispo Juan de Zumárraga que, en un principio, identifiqué con una calavera, dado su aspecto demacrado y, en seguida, el rostro del ‘traductor’ del obispo…».

Con una paciencia infinita, Tonsmann clasificó entre aquellos borrones la figura del indio Juan Diego extendiendo su tilma. La tradición asegura que la «pintura» no es tal, sino una estampación milagrosa de la imagen -sobre el manto del indio. Supuestamente ningún pincel manejado por un ser humano habría pintado aquella imagen y, consecuentemente, tampoco las de los ojos. A pesar de ello, estudios científicos han revelado que sí existen pigmentos pictóricos en el ayate, aunque los defensores de la imagen proponen que pueden deberse a modificaciones posteriores.

Al consultar al científico sobre los métodos utilizados para analizar la imagen, nos explicó con mayor detalle los procesos que fue utilizando a lo largo del tiempo: «Primero conseguí unas simples diapositivas para turistas pero luego, a través de un amigo fotógrafo, obtuve fotos tomadas directamente del rostro y ojos de la Virgen», me explicó. «Más tarde tuve la oportunidad de examinarlos de cerca. En una ocasión nos bajaron la tela y, en una sala, pude estudiarla de cerca con una lupa.

Después entraron los fotógrafos y le quitaron el cristal que cubre la tilma, para hacerle fotos directamente. Esto fue posible gracias a un cardenal. Fue una oportunidad muy rara que supe aprovechar. Estuvimos varias horas delante del ayate, a partir de la medianoche, en un cuartito, y éramos unas diez personas.

Paco Domínguez quiso saber cuál había sido su reacción al estar frente a la tela supuestamente milagrosa. «Me quedé muy emocionado. Durante unos días no pude dormir. Hice otros escaneos con las nuevas fotos tomadas con cámaras Hasselblad, que utilizaban negativos de gran formato, e hice nuevas ampliaciones. A veces me despertaba por la noche para verlas, ya que estaban pegadas a la pared, y preguntaba a mí esposa: ¿ves algo? ¿algún detalle nuevo? Y ella me decía con burla que volviera a dormirme».

FIGURAS MISTERIOSAS
Tonsmann nos dijo que, en un principio, se centró en el ojo izquierdo de la imagen. Pero la figura del «hombre con barba», descubierta en la década de 1930, era la que mejor se apreciaba en el ojo derecho. También la cabeza del obispo Zumárraga se veía más nítida en el derecho. Uno de los hallazgos más intrigantes y emocionantes para el entonces científico de la IBM fue la «mujer negra» que aparecía en dicho ojo. Así lo recordó durante nuestro encuentro:

«Me sorprendió que surgiera la imagen de una mujer negra en México, en el año 1531. Yo no sabía que hubiera gente de origen africano en aquellos primeros tiempos de la conquista. Pero más tarde, un religioso me contó que Zumárraga había -traído a Nueva España dos esclavos que le ayudaban en sus tareas. Verifiqué los datos en los documentos coloniales y allí estaba. Supe que se llamaba María. Era sorprendente, pues en las pupilas aparecía, claramente, aquella mujer con nariz aplastada y labios gruesos, además de tener la cabeza tocada por una especie de turbante».

Curiosamente, la esclava era el único personaje que no se repetía en el otro ojo, como ocurre con los demás personajes. Pero, recientemente, Tonsmann descubrió a «María» en el ojo izquierdo. Ahora todos los personajes estaban completos en ambas pupilas.

Continuamos con nuestra conversación y preguntamos a Tonsmann si creía que todas aquellas figuras que, supuestamente, aparecen en los ojos de la Virgen, formaban parte de una misma escena. «Sí –respondió sin dudar–. Además, me recuerda a una escena pintada por Miguel Cabrera. Cuando el indio Juan Diego acude por primera vez al obispo para hablarle sobre la aparición aún no llevaba la tilma con la imagen estampada. Ésta se crea ante de los ojos de Zumárraga. Yo opino que la Virgen estaba allí, en aquel momento, pero invisible. Por eso la escena quedó reflejada en las pupilas de la Guadalupana, y es lo que hoy vemos. Si ahora fotografiáramos los ojos de ustedes, también veríamos reflejados en las pupilas lo que ahora hay a su alrededor. Ya se hicieron varias pruebas al respecto». Otro de los personajes descubiertos es un hombre que podría ser Juan González, traductor del obispo Zumárraga, puesto que éste no conocía el idioma náhuatl. El indio Juan Diego no hablaba español y Tonsmann deduce que debía estar presente en el momento del milagro para ayudar a su superior.

Los escépticos acusan al informático peruano de ver cosas donde no las hay. Es decir, que las siluetas que aisló informáticamente solo son manchas, borrones que, al igual que los test psicológicos, solamente revelan la capacidad imaginativa e interpretativa del ser humano frente a imágenes difusas. Cuando le señalé estas críticas, esperé una reacción airada.

Pero Tonsmann, acostrumbrado a esta «explicación», respondió con calma: «Si así fuera, las figuras no se repetirían en los dos ojos. Además, la presencia de los mismos personajes en ambos ojos se explica por el fenómeno de la visión estereoscópica. El alargamiento de algunas imágenes corresponde a la reflexión de las mismas sobre una superficie curva, como es la córnea del ojo. Si fueran figuras planas, entonces sí podríamos pensar en una falsificación. Sin embargo, las figuras son demasiado pequeñas como para que fueran pintadas por alguien.

Todas estas escenas caben en un diámetro de entre siete y ocho milímetros. Es sorprendente».

Otro de los hallazgos más sensacionales de la investigación de Tonsmann reside en el llamado «grupo familiar», situado en el centro de ambas pupilas de la Virgen. En un principio, el científico descubrió una familia indígena compuesta por una mujer que parece llevar un niño en la espalda, con una cinta, al modo azteca, un hombre con sombrero (que podría ser su marido) y otro niño. Luego el grupo fue «creciendo » hasta alcanzar siete miembros.

MENSAJE FIDEDIGNO
Tonsmann realizó los primeros estudios entre 1979 y 1982. Después se produjo un paréntesis hasta 1989 y, a partir de ese momento, obtuvo nuevas imágenes, cuyos análisis culminaron con la publicación de El secreto de sus ojos (Ed. El Arca, 2004). Fue entonces cuando descubrió nuevos personajes que ya había visto en uno de los ojos. Una de estas figuras era la de la esclava negra de Zumárraga, que había encontrado en el ojo derecho pero no en el izquierdo, además de otros miembros del grupo familiar. Quizá por desgaste natural de la tela donde está la figura de la Virgen, las imágenes de las pupilas se han borrado un poco con el tiempo. Tonsmann admite que las fotos más antiguas de los ojos presentan los personajes más claros que, por otra parte, se pueden ver con una lupa. «Antes de estar expuesta en la basílica nueva, se veían mejor los detalles», confirma el científico. Otro detalle que sorprende al investigador es que la imagen perdure tantos años –casi 500–, puesto que los mantos de maguey no suelen resistir más alla de 15.

Desde que descubriera el misterio de la Virgen, Tonsmann se dedicó a impartir conferencias sobre el tema en México y otros países. Para terminar la entrevista, le preguntamos acerca de la postura del Gobierno y del clero mexicanos sobre sus hallazgos: «El Gobierno no se ha manifestado y la Iglesia somos todos. La jerarquía es otra cosa y tiene que ser cauta con estos asuntos. No ha habido una declaración oficial», concluye el científico.

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