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Las huellas del Bigfoot

Jueves 08 de Noviembre, 2018

Bigfoot, Sasquatch o “Pie Grande”, el primo hermano norteamericano del Yeti del Himalaya, del Basajaun vasco, el Orang Pendek indonesio y otros homínidos salvajes…

Un ser de apariencia humana, peludo y de una gran estatura –diversas fuentes citan que mide entre dos y tres metros–, tan esquivo como cualquier otro espécimen de eso que damos en llamar criptozoología o estudio de los animales ocultos.

Para muchos, una criatura real, para la ciencia más encorsetada, una simple leyenda, cuando no una farsa bien elaborada. La controversia sigue abierta cuando hace apenas unos meses se cumplía medio siglo de la que es considerada la mejor “evidencia” de la existencia de este homínido que ha despertado la imaginación de tantos, siendo la base de miles de artículos, novelas y películas, la mayoría de serie B, o más bien Z.

Hablamos de la llamada película Patterson-Gimlin, a la que dieron nombre los dos vaqueros que la grabaron, Roger Patterson y Bob Gimlin, un 20 de octubre de 1967 en Bluff Creek, al norte de California, un claro en medio de una zona boscosa, al margen de un río, en el que, mientras marchaban con sus caballos, pudieron observar una extraña silueta de lo que parecía ser un hombre gigante.

Patterson, al parecer un apasionado de las leyendas indígenas que hablaban de un extraño y gigantesco ser –que en Canadá sería bautizado por los aborígenes como Sasquatch– y que pretendía realizar un documental sobre unas huellas recientemente descubiertas, descendió de su caballo y puso a grabar en dirección al extraño ser su cámara Kodak 100 de 16 mm.

El fruto fue una grabación de 59,5 segundos –953 fotogramas– de este raro ser peludo, que extrañamente parece bastante tranquilo, mira hacia la cámara y parece escuchar –quizá entender– a los sorprendidos vaqueros que acabarían convirtiéndose en los pioneros en el estudio de dicha criatura. Controversias aparte, hicieron historia. Al menos en el campo de la criptozoología.

La historia de “Bigfoot” parece remontarse a los años 20 del siglo pasado, pero se hizo popular y recibió el nombre de “Pie Grande” cuando, el 27 de agosto de 1958, Gerald Crew, un operario de excavadoras de unas obras que se realizaban en Bluff Creek, halló una serie de huellas gigantescas de pies desnudos. Del descubrimiento se hizo eco en octubre de ese año el diario The Humboldt Times, donde aparecía Crew con un molde que había sacado de una de las pisadas.

Diez años después le tocaba el turno a Rogger Patterson. Su historia y por ende su película se hicieron célebres al año siguiente, en un tiempo en que no existía Youtube, gracias a un artículo publicado en la vanguardista revista pulp estadounidense Argosy en su edición de febrero de 1968, y en la que podía leerse: “Hace mucho tiempo que existen referencias de gente que dice haber visto a un enorme humano peludo y primitivo por las montañas no mapeadas del noroeste. Aquí está la primera evidencia palpable de que este Bigfoot realmente existe”.

Patterson moría a causa de un cáncer en 1972, convencido de que había filmado a una criatura, pero sus detractores fueron creciendo a lo largo del tiempo, desmontando, al menos temporalmente, sus argumentos. En cuanto a las huellas tomadas por Gerald Crew en 1958, los escépticos creyeron ganar la partida a la leyenda cuando se hizo público que aquellas huellas, supuestamente, las había realizado con un molde de madera el constructor Ray Wallace, responsable de las obras, al parecer harto de que grupos de vándalos nocturnos se cebaran con sus herramientas de trabajo.

Al parecer, Wallace era un redomado bromista, según aseguró su hijo Michael Wallace a la muerte de éste en 2002. Dijo que durante años su progenitor se dedicó a fabricar grabaciones de vídeo y fotografías del “Pie Grande” para reírse de los criptozoólogos.

La polémica creció dos años después, en 2004, cuando un tipo que respondía al nombre de Bob Heironimus, que trabajaba para la compañía Pepsi cuando tuvo lugar la grabación Patterson, contó a Greg Long, periodista y colaborador de Discovery Channel, que era él quien iba debajo del disfraz y que Patterson había prometido pagarle por su actuación 1.000 dólares que nunca le dio a pesar del mucho dinero que parece ganó con su filmación. Sin embargo, es cuanto menos extraño por qué el tal Bob tardó cuarenta largos años en decir su “verdad”.

ANÁLISIS DE LA FILMACIÓN
Durante décadas, la cinta ha sido fruto de controversia entre estudiosos –que suelen desecharla como una falsificación– y “buscadores de monstruos”, pero lo cierto es que también existen hombres de ciencia interesados en aquellas imágenes –la mayoría de análisis que se han realizado, no obstante, no han sido muy esperanzadores–, y que han apoyado la hipótesis de que no se trata de falsificación alguna, como es el caso del antropólogo y zoólogo Jeffrey Meldrum o del incansable buscador del Bigfoot, artista gráfico y diseñador de vestuario en Hollywood Bill Munns.

Este último fue autorizado por la esposa de Patterson a analizar una de las primeras copias del film en su casa, una copia que ésta guardaba celosamente en una bovina y en una caja de seguridad. Hasta ese momento, todos los investigadores y programas de televisión que analizaron la cinta tuvieron que usar copias de otras copias que distorsionaban la imagen original, dejándola en muy mal estado para poder determinar su autenticidad.

Así, Mums pudo analizar la morfología y la forma de moverse del supuesto monstruo sin que se introdujera ningún añadido o falsos detalles en el proceso, algo que parece ser que sucedió en más de una ocasión –o eso afirma–.

Pasaba fotograma a fotograma que después enviaba a un potente ordenador para analizarlos en alta definición. Sabría así –decía– si era el esquivo Bigfoot, del que se han reportado infinidad de avistamientos en las últimas décadas en los EEUU, o un simple hombre con un disfraz, como aseguró a Discovery Channel Bob Heironimus.

Este minucioso proceso ofreció la imagen más estable en alta definición de la película Patterson hasta el día de hoy. Para determinar si se trataba de un hombre o de una bestia, se requería un preciso análisis anatómico comparativo y precisamente Munns estaba altamente cualificado para ello debido a su formación y a su habilidad a la hora de crear efectos especiales y de vestuario, dando forma a un traje con forma de criatura e introduciendo a un actor dentro para estudiar sus movimientos.

La posición de las rodillas cuando el ser que aparece en la filmación camina y se gira, no coincidía al someterlas al análisis por ordenador; tampoco los brazos, a pesar de que el miembro del equipo Peter Brook creó ex profeso unas extensiones que podían simular unos brazos más largos, como debían ser los de un hombre frente al supuesto “simio gigante” de la imagen original.

En 2013, el propio Bill Munns, con la ayuda del reconocido profesor de Anatomía y Antropología de la Universidad del Estado de Idaho, Jeff Meldrum, hicieron público un exhaustivo análisis de la copia de la película bajo el título de Analysis integrity of the Patterson-Gimlin Film.

El resultado, para dichos expertos, es que una serie de detalles anatómicos, tras someter a una persona disfrazada con un traje similar al que habría llevado el “sujeto” de la cinta, a toda una serie de pruebas de laboratorio, indicarían que ningún disfraz de la época podría imitar dichos movimientos.

Algo que refutan los detractores, que afirman que la imagen borrosa –la grabación muestra una serie de fotogramas con un gran movimiento de cámara y mucho grano– no es suficiente para un análisis concluyente, ni siquiera la copia del original que guardaba la señora Patterson cual oro en paño y a la que accedió Bill Munns. Según afirmó a la prensa Jeffrey Meldrum:

“La gente suele objetar que la película de Patterson muestra a un hombre con un disfraz de piel. Sin embargo, no me convencerá hasta que no vea a un hombre usando un disfraz similar. Nadie ha tenido éxito a la hora de replicar lo que se ve en la filmación en términos de dimensiones y proporciones, visibilidad, movimientos musculoesqueléticos o huellas. La absoluta naturalidad de los movimientos de los omoplatos, la coherencia de la musculatura, la postura particular de la marcha no humana, aunque similar a la humana, la única flexión parcial de las articulaciones de la rodilla, que es consistente con el peso que soportan, dado el gran volumen de la criatura, hacen de esta cinta la película documental más extraordinaria de un Sasquatch hasta la fecha. Sin considerar las conclusiones que ofrecen las huellas que esta criatura dejó en Bluff Creek durante su fuga”.

La conclusión, para el antropólogo, a día de hoy, es la siguiente: “Es obvio para cualquier antropólogo que analiza correctamente el molde de las huellas de la criatura filmada por Patterson en Bluff Creek, como hemos hecho mi equipo y yo, que éstas no son simplemente las huellas dejadas por farsantes disfrazados con un traje. Las huellas muestran una flexibilidad metatarsal consistente que difiere mucho de la de un pie humano”, conclusiones que recoge en su libro Sasquatch: Legend meets science (2007). Más allá del análisis de la cinta y las huellas, el propio Meldrum, desde su despacho en la Universidad de Idaho, y a pesar de las críticas cosechadas entres sus colegas, decidió impulsar la búsqueda del Bigfoot utilizando un avanzado dron, el Aurora MK II, diseñado y construido por el especialista Stephen Barkley, un proyecto costoso al que se bautizó en 2012 como The Falcon Project.

Ahora, incluso un programa de Neftlix del que Meldrum es también asesor, Discovering Bigfoot, va tras sus gigantes pasos. Quizá algún día den con la esquiva criatura más allá de pelos de distintas especies de oso, huellas dudosas o películas cuyo original se perdió hace casi cinco décadas. El debate continúa abierto. Seguiremos expectantes cualquier avance en ambos sentidos.   

TRADICIÓN Y LEYENDA
Las leyendas y avistamientos que hablan sobre criaturas extrañas que viven en el bosque fueron compiladas por el profesor y mitólogo John W. Burns en la década de 1920, en el Valle Fraser de la Columbia Británica. Entonces los lugareños hablaban del Sasquatch, que deriva supuestamente de una palabra utilizada por los pobladores originales de Coast Salish para describir a estos misteriosos seres.

No obstante, los historias de “Pie Grande” como una suerte de eslabón perdido no son pioneras de Norteamérica, sino que tuvieron su mayor auge en Asia cuando en 1951 el alpinista Eric Shipton descubrió grandes pisadas en el Himalaya.

El zoólogo Wladimir Tschernezky, que trabajaba en el departamento de zoología del Queen Mary College de Londres, afirmó entonces que las huellas habían sido hechas por un homínido grande, bípedo y desconocido, surgiendo con fuerza el mito del “Abominable Hombre de las Nieves” o “Yeti”, y las teorías –también relacionadas con el Bigfoot y no respaldadas por la comunidad científica más ortodoxa– de que podría tratarse de un descendiente del Gigantopithecus.

La última hora en relación al Sasquatch es que una experta en dicha criatura interpuso en febrero de este año una demanda al Departamento de Fauna y Pesca y a la Agencia de Recursos Naturales de California por no querer introducir al Bigfoot en la lista de especies que pueblan los Estados Unidos. Claudia Ackley, la demandante, declaró a los medios que se encontró de frente con un “Pie Grande” en marzo de 2017.

La criatura, según su relato –del que se hizo eco el diario El País–, “estaba subida a un árbol, tenía una cabeza tres veces más grande que la de un humano y debía pesar unos 350 kilos”. Según declaró a Global News: “Vamos a acudir a los tribunales con pruebas, con expertos, con biólogos especializados en vida salvaje. Vamos a probar más allá de una duda razonable que la especie existe”.

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