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Juan José López, el doctor que sabe cómo es el más allá

Martes 10 de Octubre, 2017

El Dr. Juan José López Martínez es un cirujano especializado en medicina de emergencias y catástrofes, que trabajó durante 25 años en el servicio de Urgencias del Hospital Santa María del Rosell de Cartagena. En su momento, se convirtió en el primer médico español al que una administración sanitaria concedió autorización para ejercer la terapia regresiva con sus pacientes, técnica que emplea para tratar fobias y diversas dolencias con notable éxito.

Juan José nunca se había planteado la existencia de vidas pasadas, sino que hacía uso de la terapia regresiva para que las personas que acudían a él rememoraran hechos importantes de su vida actual. Sin embargo, en cierta ocasión que estaba tratando con esta técnica a una empresaria de 53 años llamada Ana María, la mujer soltó una frase que dejó muy sorprendido al médico. Dijo: «Estoy muerto».

Aquello le pareció muy extraño, pero decidió continuar con la sesión: «Querrás decir, estoy muerta», le respondió, pero ella repitió con rotundidad: «He dicho que estoy muerto». Nuestro protagonista tuvo la tentación se sacar del trance a Ana María y dar por concluida la sesión, pero decidió seguir adelante, indicándole que explicara más sobre su estado. Ella dijo que se veía como un niño de ocho años que iba vestido de marinerito.

Era de madrugada y estaba flotando boca abajo porque había tenido lugar un naufragio y todos los pasajeros del barco se habían ahogado. A pesar de su incredulidad, el doctor le pidió que retrocediese unos días antes del accidente, y Ana María relató que estaba en el año 1640, vivía en Marsella y acababa de comenzar un viaje en velero con su familia, puesto que su padre se dedicaba al negocio de la venta de especias.

Juan José es un gran aficionado a la navegación, así que comenzó a formularle preguntas sobre la estructura y maniobras del barco, y sorprendentemente la mujer fue contestando una a una a todas las cuestiones, siempre con total acierto.

EL HILO DE LOS SENTIMIENTOS
Más llamativo todavía es que Ana María empezó a relatar al médico la conversación que estaban teniendo sus padres en la cubierta del barco, y lo hizo en perfecto francés a pesar de que desconocía por completo esa lengua. Hasta el momento de escribir estas líneas, el Dr. Juan José López ha llevado a cabo más de 6.000 regresiones documentadas a unos 2.000 pacientes, y es autor de dos libros sobre el asunto: La respuesta está en el alma y El eterno presente del alma, ambos editados por Isthar Luna-Sol. En la actualidad se muestra plenamente convencido no solo de que continuamos existiendo después de que nuestro cuerpo deja definitivamente de funcionar, sino también de la realidad de la reencarnación. «En estos 20 años que llevo practicando la terapia regresiva he ido descubriendo que el psiquismo humano no tiene límites, pero también que muchas de las experiencias de mis pacientes se escapan a cualquier explicación convencional», me explicaba mientras nos encaminábamos a la habitación de su hotel en Madrid, donde íbamos a mantener una larga conversación que trataré de resumir en estas apretadas líneas.

Tras acomodarnos y pulsar el rec de mi grabadora, decidí comenzar por lo más básico:

Miguel Pedrero: Doctor, ¿qué es exactamente una regresión?

Juan José López: La terapia regresiva hace uso de una capacidad natural que poseemos todos los seres humanos, que consiste en entrar en un estado alterado de conciencia para conectar con una sensación o una emoción.

Cuando el paciente contacta con esa emoción o sensación y sigue su hilo conductor, va directamente al origen de la misma, y de este modo es posible solucionar fobias y miedos que lastran la vida de la persona.

M. P.: ¿Hasta qué momento es capaz de «regresar» el paciente?

J. J. L.: A la juventud, a la infancia, al nacimiento, al vientre materno e incluso a una serie de experiencias que las personas relacionan de forma natural con vida pasadas.

M. P.: ¿Resulta complicado conducir al individuo hasta esos hechos del pasado?

J. J. L.: Para nada, es la terapia más sencilla que me he encontrado. Eso sí, el terapeuta no puede emplear esta técnica si el sujeto no quiere. Es necesario que éste desee entrar en la regresión. Además, la persona nunca pierde el control de sus actos, sino que es plenamente consciente de todo lo que ocurre. El «salto» a una vida pasada acontece de forma absolutamente natural. El paciente comienza a relatarme una serie de escenas, y cuando le pregunto, me contesta con total desparpajo que corresponden a otra de sus vidas, y eso independientemente de sus creencias religiosas o ideología.

M. P.: ¿En alguna ocasión ha comprobado la veracidad histórica de los relatos de vidas pasadas que narran sus pacientes?

J. J. L.: Nunca me he centrado en eso, sino en sanar o paliar sus problemas. Pero en determinados momentos me puede la curiosidad y acudo a los libros de historia para corroborar algunos hechos y datos Es cierto que me he llevado grandes sorpresas, porque descubro circunstancias que la persona no debía conocer. Pero la mejor comprobación para mí son las ocasiones en las que yo mismo me sometí a la terapia regresiva. Han sido nada menos que 21 veces y, sobre todo, me ha servido para entender qué sienten mis pacientes.

SE FUNDEN CON LA LUZ
M. P.: ¿La terapia regresiva ha provocado en usted algún cambio de creencias?

J. J. L.: Después de 20 años llevando a cabo sesiones, pienso que he evolucionado bastante. Soy católico, pero antes de practicar esta técnica tenía ciertos altibajos en mi creencia. A veces pensaba que Dios no podía existir, porque uno ve tantos dramas trabajando como médico de urgencias. Pero ahora sé que ese Principio de Todo es absolutamente real y que la muerte no es el final, sino el principio. ¿Por qué digo esto? Porque desde mi punto de vista, el terapeuta nunca debe dar por finalizada la regresión a una vida pasada hasta que el paciente no trabaje su fallecimiento en esa otra existencia. Como médico me llama muchísimo la atención que las personas sean capaces de describir los síntomas correctos de la muerte que están experimentando, a pesar de no tener ninguna relación con el campo de la medicina. Por ejemplo, relatan con total acierto cómo es una muerte por ahogamiento o a causa de una hemorragia masiva. En este último caso, los pacientes describen síntomas claros como adormecimiento, sensación de entrar en un sueño dulce, sequedad en la boca. ¡Están contándote lo que se siente verdaderamente durante una muerte por hemorragia masiva!

M. P.: Y después de eso, ¿qué narran las personas? ¿Describen su paso al más allá?

J. J. L.: ¡Claro! Esto es interesantísimo. El terapeuta no tiene que hacer nada especial, solo decirle al paciente que continué contando lo que está experimentando. Lo impresionante del asunto es que todos ellos, el 100%, relatan lo mismo.

De pronto, comienzan a hablar de su carcasa física como algo externo a ellos. Dicen: «Mi cuerpo está muerto, no respira», o «todavía respira, pero le queda ya muy poco». Entonces les pregunto dónde se encuentran, y responden que están a cierta altura sobre su cuerpo o bien a un lado del mismo. Acto seguido, simplemente les digo que avancen en su relato, y cuentan que están viendo una luz maravillosa al fondo o a una serie de seres que emiten una luminosidad de indescriptible belleza. Repito que esto les ocurre a todos los individuos, independientemente de su religión o cultura de procedencia. Incluso los que no creen en nada o desconocen absolutamente todo sobre este tipo de cuestiones hablan de lo mismo: que están viendo su cuerpo y una luz al fondo, o a unos seres luminosos que vienen a recibirlo. 

Lee la entrevista completa en el nº326 de la revista AÑO CERO

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