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Los rayos y los superpoderes

Jueves 09 de Noviembre, 2017
Los rayos matan aproximadamente a dos mil personas al año en todo el mundo, pero algunos de los supervivientes aseguran haber desarrollado poderes psíquicos que no tenían antes de la experiencia. ¿Qué hay de cierto en tales afirmaciones? ¿Qué les sucede exactamente a estas personas? ¿Y a las que sufren la experiencia repetidas veces? ¿Poseen alguna característica especial que les convierte en pararrayos humanos?
Texto Isabela Herranz

Cuatro muchachos se acababan de refugiar en una cuadra durante una tormenta, cuando un rayo golpeó un tejo situado en la parte trasera del establo. Todos los jóvenes recibieron graves impactos, hasta el punto de que uno de ellos preguntó entre lamentos si había perdido los brazos. Le quitaron la chaqueta para ver si había alguna causa visible de su dolor, y entonces vieron que las huellas de las ramas del tejo estaban impresas en sus brazos y torso, como si estos fueran la fotografía de lo que había sucedido». El suceso anterior tuvo lugar en Inglaterra el 9 de junio de 1883 y fue publicado en la Symons’s Monthly Meteorological Magazine.

En la descripción del mismo llama la atención la extraña impresión de las ramas del tejo en la piel de una de las víctimas, pero, por raro que pueda parecer, no estamos ante un hecho aislado: «El fenómeno de los ‘dibujos’ en la piel de los humanos víctimas del rayo está bien documentado. Probablemente se debe a la electricidad que recorre las venas o senderos del cuerpo de menor resistencia», explica el físico norteamericano William R. Corliss en su libro Handbook of Unusual Natural Phenomena (1983), donde se hace eco de las figuras, «sombragrafías» y otras acciones caprichosas de esta poderosa descarga natural de electricidad estática.

EFECTOS SORPRENDENTES
En relación con esto último, el experto en fenómenos anómalos y paranormales Vincent Gaddis describe lo siguiente en Mysterious Fires and Lights (1967): «Algunas de las piruetas del rayo son sorprendentes. De hecho, los rayos han fundido objetos metálicos como collares, pendientes, cremalleras y cadenas de reloj, pero sin haber causado ningún daño a las personas que los llevaban. También han hecho estallar bolsas de palomitas, limpiado cañerías atascadas en pilas de cocinas y convertido cadenas de hierro en varillas sólidas».

Un ejemplo curioso de las «piruetas» del rayo lo encontramos en una noticia recogida en la revista Nature sobre los daños causados en el interior de una vivienda de Iowa en 1902: «Después del suceso, se observó que los platos que había en una pila, doce en total, no se habían rajado en su totalidad, sino uno sí y otro no. Parecía como si los platos constituyeran un condensador bajo la intensa circunstancia electrificada de la atmósfera». ¿Por qué un plato sí y otro no? Otras muchas preguntas sobre los efectos del rayo siguen sin respuesta en la actualidad porque, como apunta Vincent Gaddis, «resulta sorprendente comprobar que la investigación científi   efectiva acerca de la naturaleza del rayo no comenzara hasta 1920».

Sin embargo, no ha sido la carencia de información científica sobre estas chipas eléctricas sino la magnitud de su poder la que ha suscitado supersticiones en todas las culturas: «Es un fenómeno natural espectacular y muy poderoso, que antiguamente se interpretaba como un castigo divino. Puede causar daños devastadores y la muerte en huma- nos», explica la doctora Bornali Dutta, profesora auxiliar de dermatología del Fakhruddin Ali Ahmed Medical Colle- ge Hospital de Assam (India), en un trabajo publicado en el Indian Journal of Dermatology (2015).

En relación con las antiguas creencias, solo señalaremos que, en todas las mitologías, el lugar concreto donde Dios hiere con el rayo es sagrado, y el hombre a quien fulmina queda consagrado, pero en la actualidad no debe haber muchos pueblos que crean semejante cosa, aunque haya víctimas del rayo «tocadas» por la gracia de Dios, como Dannion Brinkley, del que hablaremos más adelante. Y es que, ¿quién puede sentirse «consagrado» si le parte un rayo? Y qué decir cuando eso te pasa más veces y sobrebrevives para contarlo…

Lee el reportaje completo en el nº327 de la revista AÑO CERO

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