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Voladores: cuando el alma sale del cuerpo

Miércoles 13 de Diciembre, 2017
Los protagonistas del reportaje logran realizar de forma intencionada experiencias fuera del cuerpo y nos dan sus claves para sumarnos a su aventura. Mado Martínez.

Nathália Vernizzi es una joven de origen brasileño afincada en España que a los 17 años tuvo una experiencia fuera del cuerpo (EFC) de forma espontánea. Eran las 02:30 de la madrugada cuando se echó a dormir. Estaba muy cansada y tenía un sueño atroz. Fue entonces cuando percibió que sucedía algo extraño. Notó cómo su cuerpo parecía haberse quedado dormido, mientras que su mente todavía seguía despierta, consciente de todo lo que ocurría alrededor.

Poco después, comenzó a desdoblarse: «Empecé a notar cómo me iba desencajando de mi cuerpo, primero por los pies y las manos, luego piernas y brazos hasta llegar al tronco. Notaba como si tuviera un cuerpo energético, muy ligero. Pero mi cabeza siguió encajada en el cuerpo físico, hasta llegar a la ridícula situación de estar ‘patas arriba’. No pensé que me estuviera muriendo, como mucha gente teme en esos momentos, pero fue bastante aterrador».

Quizá el motivo por el que Nathália se asustó tanto era que jamás había oído hablar de las EFC. La joven brasileña no tenía ni idea de lo que le estaba pasando, ni qué podía hacer para incorporarse o cómo controlar aquel cuerpo flotante. Quería volver a su cuerpo físico o, en cualquier caso, despertarse o quedarse realmente dormida, pero no era capaz. Al cabo de un tiempo que ella percibió como infinitamente largo, perdió por fin aquel estado de consciencia y se quedó dormida.

A partir de aquella noche, Nathália empezó a tener aquellas experiencias repetidamente, siempre de forma espontánea y con una periodicidad aproximada de una vez cada quince días.

 

¡TENGO MIEDO!

Otra particularidad es que flotaba componiendo posturas que ella recuerda como absurdas: «Lo mismo aparecía rodando igual que una peonza, hacia uno u otro lado, que con la cabeza en los pies de la cama…». Además, seguía teniendo miedo. El culmen de su pavor llegó una noche en la que oyó una voz masculina de alguien que percibió dentro de su habitación, se reía de ella y parecía leerle la mente, diciendo «¡Tengo miedo!

¡Tengo miedo!». Nathália sigue explicándonos: «En ese momento, yo no sabía que al salir del cuerpo atraemos por ‘simpatía’ situaciones y seres que vibran exactamente en la misma franja que nosotros. Es por eso que si tienes miedo, la experiencia fuera del cuerpo puede llegar a ser muy desagradable». Así pues, en aquella época, Nathália estaba tan asustada que lo único que deseaba era que aquellos desdoblamientos desaparecieran: «Muchas veces salía de mi cuerpo y pensaba: ‘¿otra vez esto?’. Lo único que deseaba era poder dormir como una persona normal».

En otras ocasiones, Nathália tenía episodios conocidos por la neurociencia como parálisis del sueño, como ella misma comentaba: «Otras veces no salía flotando, sino que me quedaba como petrificada. Las personas solemos entrar en estado de pánico cuando sufrimos estos episodios; los vivimos como una pesadilla. Yo, con el tiempo, aprendí que ese estado es un síntoma asociado a las proyecciones astrales y ocurre en el momento en el que estamos dejando el cuerpo o volviendo a él. Si en vez de intentar movernos o despertar a toda costa nos relajáramos y nos concentrásemos en flotar, podríamos generar la experiencia con lucidez en lugar de interrumpirla», reflexiona Nathália. Pero hasta que nuestra protagonista aprendió todas estas cosas, pasaron muchos años.

De igual modo, su actitud en torno a las EFC no era la misma que tiene ahora, y es que Nathália no siempre estuvo abierta a hablar de sus experiencias como nos las contó a nosotros, porque cada vez que lo había intentado, la habían tratado por loca: «Recibía comentarios hostiles, diciéndome que estaba loca, que necesitaba un psiquiatra, o me preguntaban qué me había ‘tomado’ antes de irme a dormir… Obviamente, pensé que no debía compartir estas cosas por ahí y me las guardé como un secreto. Tampoco tuve mucho éxito intentando saber más sobre el tema buscando en Internet, porque no me sentía identificada con ningún contenido. Era como si por haber tenido estas experiencias, tuviera que estar encasillada bajo la etiqueta del misticismo, pero yo no había buscado tenerlas, ni me consideraba una persona mística, simplemente me habían ocurrido de forma natural, y no entendía por qué la gente no podía hablar de ello con la misma naturalidad», se lamenta.

 

OBJETO DE BURLA

Nathália se escandalizaba cuando encontraba en la red a personas que se morían por tener una EFC e incluso buscaban la forma de provocársela a propósito, cuando ella estaba tan desesperada por frenarlas. Su anhelo secreto de dejar de tener estas experiencias, coincidió con su décimo octavo cumpleaños, justo cuando se mudó a vivir a España. Sencillamente, dejó de «volar».

Pero a finales del 2012, en plena era de la crisis económica y tras haber finalizado sus estudios y un máster, empezó a recordar aquellas noches de desdoblamiento, y a preguntarse por el sentido de esas experiencias, si es que lo tenían. Una auténtico amasijo de preguntas e interrogantes empezaron a anidar en su mente. ¿Por qué vivió aquellos episodios cuando era adolescente? ¿Por qué cesaron de repente? ¿Y si fuera capaz de controlarlos? ¿Y si éramos mucho más que mera materia? ¿Podría acceder a aquella otra realidad? Fue así como se volcó de lleno en el estudio de este asunto, sólo que esta vez dio con bibliografía más seria y encontró contenidos de gran calidad y rigor.

Empezó a poner en práctica algunas técnicas energéticas para generar la EFC, a partir de las enseñanzas de Saulo Calderon, un brasileño que hablaba sobre proyecciones astrales… y entonces sucedió: «De forma casi instantánea, volví a salir de mi cuerpo». Nathália ya no tenía miedo y las experiencias, lejos de producirle pánico, le gustaban. Desde aquel día, cada «vuelo» ha sido un viaje en busca de conocimientos y perfeccionamiento «aéreo». Sin embargo, aún tenía una espina clavada en el pecho: le dolía ver cómo trataba el resto de la sociedad a las personas que experimentaban EFC.

Cierta noche de marzo del 2013, nueve años después de su primer vuelo adolescente, despertó en mitad de la madrugada con una idea en la cabeza: rodar un documental sobre las experiencias fuera del cuerpo desde un punto de vista humano, sencillo y natural. Había estudiado cine y tenía las herramientas para hacer una producción de calidad, así que lanzó una campaña de crowdfunding para financiar e proyecto. En sus manos estaba la posibilidad de intentar cambiar ese panorama con el que ella no estaba de acuerdo. Se puso en marcha y empezó a viajar en busca de testimonios y personajes de toda índole a los que entrevistar, pero huyendo del sensacionalismo.

 

ANCIANOS VOLADORES

Los ancianos también tienen alas. Es una de las cosas que Nathália nos enseñó cuando decidió compartir con nosotros los testimonios de algunas de las personas que ella había entrevistado para su documental Voladores.  El caso de la señora Laila, una jubilada de Macedo Pereira (Brasil), es especialmente llamativo y conmovedor, porque cuando esta mujer de 83 años tuvo su primera EFC, siendo apenas una adolescente, no había tanta información como ahora. Los miembros de su familia eran religiosos en extremo, así que lo único que pudieron decirle era que confiara en Dios. 

 

Las confidencias de Laila son, en cualquier caso, absolutamente esclarecedoras: «Hace ya mucho tiempo que me empezó a pasar; era una niña muy pequeña y salía del cuerpo. Sentía que llegaban algunas personas cerca de mí. Y ellas me decían: ‘¿Vamos?’. Después fui creciendo, pero en aquella época no se hablaba de nada de esto. Sólo después empecé a buscar, porque cuando era joven, una mujercita, seguía saliendo fuera del cuerpo. Mi hermana Wilma solía decirme: ‘confía en Dios, venga, no tengas miedo…’. Pero yo me ponía recelosa. Entonces ella rezaba una oración y yo me dormía y salía volando. Al principio me quedaba dentro de casa, ¡porque tenía miedo a salir y después no ser capaz de volver! Pero con el tiempo salía por ahí… Y cuando empecé a hacerlo, después no me acordaba de dónde había estado, ni qué había ido a hacer… Nada. Sabía solamente que había ido a hacer alguna cosa». ¿Qué cosa iba a hacer la señora Laila durante sus viajes fuera del cuerpo? Según Nathália, a lo que esta anciana se refería era a algo en lo que coincidían muchos voladores: que al salir del cuerpo van acompañados por amigos o guías espirituales, con los que acuden a ayudar a otros seres que lo necesitan, haciendo una especie de donación de energía, como si de enfermeros flotantes se tratara.

La señora Laila proseguía recordando sus peripecias fuera del cuerpo: «Incluso en el día que me casé, me pasó. Fui a la casa donde iba a vivir, la casa de mi suegra, y cuando llegué allí para mirar un par de cosas, no recuerdo el qué, sentí que me faltaban la fuerzas y me tumbé un momento en un sillón. Tras pocos minutos, no mucho, salí. Y ese día tuve la sensación de que alguien me estaba llevando. Pero tampoco sé para dónde, ni quién era. Pero esto siempre lo he tenido. Sólo más tarde es que empecé a estudiarlo a través del espiritismo».

La señora Laila se estaba refiriendo a la doctrina espírita de Allan Kardec, que cuenta en Brasil con muchos adeptos. De acuerdo con el espiritismo, la EFC es un fenómeno natural que se da durante el sueño y se conoce como emancipación del alma o desdoblamiento. «Puedes aprender espiritualmente, puedes conseguir más control, saber dominarlo… Pero necesitas practicar», añadía la señora Laila, quien a lo largo de los años ha logrado perfeccionar la técnica para tener más control sobre sus conmovedoras experiencias fuera del cuerpo.

 

CAPACIDAD INNATA

En Barcelona, Pau Hernández lleva «volando» desde la más tierna infancia. De hecho, la primera experiencia que recuerda tuvo lugar cuando todavía estaba en la cuna: «El primer episodio que tuve fue muy breve, pero lo recuerdo perfectamente; además, con el paso del tiempo contrasté este recuerdo con mi familia, sobre todo con mis padres, preguntándoles si la ubicación de las cosas y elementos era tal y como yo la recordaba; y sí, se correspondía. Simplemente, fue un desplazamiento leve por ese mismo espacio. Recuerdo perfectamente que existía la posibilidad de marchar, ir más allá o regresar al cuerpo físico, y decidí regresar. Esa fue la primera, y ahí quedó. Y a partir de ahí fueron repitiéndose». Por aquel entonces, Pau vivía aquellos episodios con mucha naturalidad, porque pensaba que eran normales. No había nada de raro en ellos: «Sucedían y ya está».

Pero tras aquellos primeros aleteos infantiles, Pau sufrió un parón y, alrededor de los siete años, los vuelos cesaron. Pasaron diez años antes de que volvieran a brotarle las «alas». Sin embargo, la forma en la que interpretó lo que le había pasado fue diferente. Ya no era un niño, era un joven hecho y derecho, con unas ideas aprendidas sobre lo que debía ser la vida y, por encima de todo, sobre cómo funcionaban las leyes físicas de la naturaleza.  Lo cierto es que aquello rompía cualquier ley y desafiaba toda razón, así que el impacto fue brutal. Sintió la necesidad de encontrarle sentido, contárselo a su familia, buscar una explicación. Pero sus padres no le dieron importancia y le dijeron que seguramente había tenido un sueño muy vívido y que no se preocupase, porque se le pasaría.

Pau, lejos de dejarse guiar por el consejo paterno, se sintió todavía más incentivado a la hora de buscar respuestas: «Tuve contacto con una  persona que me instruyó en técnicas toltecas para activar este tipo de experiencias, y en el momento en el que adquirí cierto control, con todo lo que llevaba estudiado, intenté primeramente hacer un patrón, buscar algo, un esquema de trabajo que de alguna manera pudiese generar este tipo de experiencias en mayor o menor calidad». Ese programa de trabajo tenía el objetivo de producir las EFC a voluntad.

Pau decidió compartirlo con amigos y compañeros, en un entorno muy cercano y afín a él, pensando que podían estar interesados. Fue la primera vez que impartió su primer «curso», aunque en aquellos momentos no era consciente de que estaba enseñando y compartiendo su técnica con otros, ni se había planteado dedicarse a ello. «Curiosamente, en ese primer curso, en la segunda noche de prácticas, todo el grupo accedió a una experiencia en conjunto. Esto no me ha vuelto a pasar. Llevo quince años impartiendo cursos y eso solamente me ocurrió en el primero. Al día siguiente, todos los alumnos estaban corroborando la EFC, comentando cómo se habían visto, etc». A partir de aquel día, Pau sintió que debía seguir divulgando aquel conocimiento, cosa que continúa haciendo hoy.

 

EXPERIENCIAS FUERA DEL CUERPO COMPARTIDAS

También en Barcelona nos encontramos con Andrea Campos, de origen brasileño. Lleva más de diez años en España y trabaja en una empresa sanitaria, en el área de prevención de riesgos. Según recuerda, lleva volando desde los 4 años. Sus padres, lejos de marginarla, la orientaron muchísimo. La experiencia que más le marcó sucedió en marzo del 2010, apenas cinco meses después de haber llegado a vivir a Barcelona. La noche del 15 de marzo, al irse a dormir, tuvo una EFC en la que se encontró sobrevolando un hospital.

Llegó hasta el edificio y exploró el lugar por dentro, tocó las cosas, las sintió… «Había gente con silla de ruedas, y yo tocaba la silla y me decía a mí misma ‘vale’, como si quisiera comprobar: ‘vale, es materia, lo puedo sentir’… Era un hospital normal, todo muy limpio, personas sonriendo, simpáticas… incluso las personas enfermas parecían estar muy tranquilas». Pero al final de un pasillo, Andrea vio a alguien conocido que fue acercándose hasta ella.

Era su abuelo fallecido. Ella le dijo: «Vaya, abuelo, ¡qué bien estás!», a lo que él contestó: «Sí, ahora estoy mejor, porque he estado bastante mal». Andrea le preguntó por qué, y él le explicó lo siguiente: «Pues después de haber muerto estuve mucho tiempo con una tos en un lugar extraño, que no recuerdo muy bien, pero ahora aquí estoy bien, estoy en el hospital, las personas me están cuidando… Y te quería pedir que dejaras de fumar, porque eso no está bien, yo todavía siento mucho dolor en el pecho… No está bien, tienes que dejar de fumar… Sé que es complicado, pero tú déjalo y todo saldrá bien… ¡Ah!, y dale un mensaje a tu abuela de mi parte: dile que tenía razón, existe vida después de la muerte, ¡estoy aquí hablando contigo y casi ni yo me lo creo!».

En aquel momento regresó a su cuerpo. Eran las seis de la mañana. Esperó a que amaneciera en Brasil y llamó a su abuela para contarle lo ocurrido. A su abuela le pareció algo de lo más natural, así que enseguida le dijo: «Qué bien, ¿cómo se encuentra?». Lejos de extrañarse, sabía que su nieta Andrea solía volar, así que empezó a interrogarla tranquilamente sobre aquel episodio.

 

PROYECCIÓN ASTRAL

Liliane Moura es otra de las personas que se han prestado a formar parte del proyecto Voladores de Nathália Vernizzi. Es psicóloga, escritora e investiga las proyecciones astrales. Tuvo su primera experiencia a los 12 años. Así lo recuerda: «Estaba dormida y de repente desperté en medio de la noche y sentí un síntoma conocido como catalepsia. Mi cuerpo estaba totalmente paralizado no era capaz de moverme, y eso me asustó. Quería gritar el nombre de mi madre, de mi padre, de mis hermanos, quería encender la luz, moverme, salir de la cama, pero no lo conseguía. Y en ese instante me relajé. Me relajé y empecé a levitar, a flotar encima de mi cuerpo físico. Y cuando floté en un determinado espacio, me giré automáticamente y vi mi cuerpo en la cama… Y me asusté porque creía que era mi muerte, que me estaba muriendo. Pero al mismo tiempo me cuestioné: ‘¿cómo puedo estar muriéndome si estoy aquí mismo, viva, pensando?; ¡y además me estoy viendo!’ Y en ese momento acabé volviendo al cuerpo y desperté asustada».

Han pasado varios años desde aquella primera aterradora vez. En la actualidad, Liliane ya no tiene miedo. Al contrario. Ha publicado dos libros sobre proyección astral, uno de ellos para niños y adolescentes. No sólo eso, sino que ha enseñado a sus propias hijas que salir del cuerpo físico durante el sueño es algo natural, sin limitarles la experiencia. De hecho, ha llegado a vivir alguna que otra EFC de forma conjunta con sus hijas. En una de aquellas ocasiones tuvieron una EFC en la que vieron a la madre de Liliane: «Una de esas noche salí del cuerpo y vi a mi madre [fallecida] en la puerta de mi habitación. Y mi hija más pequeña, que en aquella época tenía 7 años, salió del cuerpo también y se reunió conmigo. Cuando vio a mi madre, fue volando hacia su regazo. Mi madre la abrazó y ella empezó a llorar. Y yo, al ver a mi madre, me emocioné muchísimo, y sabía que, al emocionarme, sería atraída de vuelta al cuerpo físico […]. Y fue lo que sucedió. Al despertar vi que mi hija, que dormía en la misma habitación que yo, estaba llorando en sueños. La desperté, y entonces me abrazó y me dijo: ‘Mamá, he visto a la abuela Lu’; y yo le dije: ‘Lo sé hija, hemos estado con ella’, aunque era algo difícil de explicarle a una niña de 7 años».

 

DURANTE UNA RELACIÓN SEXUAL

Hasta aquí, algunos de los testimonios del proyecto Voladores. Sin embargo, el rango de matices y circunstancias en las que una persona puede experimentar una EFC es variado y, a veces, incluso desconcer tante. Así, encontramos personas que han tenido una episodio fuera del cuerpo mientras estaban manteniendo relaciones sexuales.

Esto fue lo que le sucedió a una de mis mejores amigas, la búlgara Krasimira Popova: «Me pasó mientras tenía relaciones sexuales. [...] Podía verme desde arriba y, al mismo tiempo, también veía con mis ojos físicos. Vi esa energía atravesando nuestros cuerpos en forma de rayos de luz [...] que emergían desde el área del ombligo, el corazón, la garganta y los hombros, y todos ellos me conectaban con mi pareja, como si estuviéramos compartiendo esas luces. Y hubo un rayo más, que nacía en mi coronilla y se elevaba hacia arriba. Entonces vi un círculo de personas a nuestro alrededor. Tenían el rostro pintado o tatuado. Parecía como si estuvieran hablando o cantando, porque movían los labios, pero yo no oía nada. Tuve la sensación de que esto ya me había pasado antes, como si estuviera recordando algo que había olvidado, pero lo cierto es que a mí jamás me había ocurrido esto en la vida, o por lo menos no en esta vida. Me sentí como si estuviera participando en un antiguo ritual sagrado. Sentí que el sexo no era sólo sexo, sino una forma de conectar con Dios, con el universo, con un poder superior o lo que sea en que creas, conectar con algo que nos trasciende». 

El caso de esta joven no es un ejemplo aislado, y a pesar de que no es algo de lo que la gente suela atreverse a hablar, hay más personas que han tenido una EFC en mitad de una relación sexual, de forma totalmente espontánea, y sin que mediara ningún tipo de sustancia psicotrópica o enteógena. Generalmente, los protagonistas de este tipo de episodios suelen quedarse sumamente desconcertados…

 

Si quieres conocer más acerca de experiencias fuera del cuerpo hazte con el número 311 de Año Cero

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Comentarios

"Fue así como se volcó de lleno en el estudio de este asunto, sólo que esta vez dio con bibliografía más seria y encontró contenidos de gran calidad y rigor"
Fuentes, por favor.

Me vi acostado y llorando pero no de miedo, senti amor y escuche cantigos muy similares a los gregorianos eran como canticos pero de "mujeres" nunca dejaban de cantar, de pronto vi mi pies que se alzaron y al mismo tiempo s encendia de menos a mas una muz bien blanca y junto a lanluz apararecia el espacio con colores fuertes, amarillo, naranja y estrellas, sentia q debia decidir pornunas de las 2 opciones la luz o el universo, pero al mismo cria q me hiba a morir y dije " no sr todavia no, por mis hijos y mi mama, todavia no" y tanto la luz como el universo fueron desapareciendo asi como aparecieron de menos a mas "se fueron apagando" lo mas curiosos es q yo veia mi cuerpo y al mismo tiempo yo era un observador de todo.

Tuve un episodio. Bueno fueron dos cuando era adolescente. Una noche volvía de un bar me quede dormida y vi como habia un accidente delante en el camino. Desperte asustada porque lo veia perfectamente y cuando llegamos al lugar el accidente estaba. Después el que mas miedo me dio. Una noche mi madre estaba a internada y conoci una chica q había ido a cuidar la suya. Estabamos en la sala de espera cuando decidi ir al baño a la.madrugada. estando en el baño la escuchaba gritar y la veia llorandp desconsolada. Sali corriendo pero solo habia silencio. Seguí con ella casi toda la noche. Luego me fui a la habitación de mi mama y me quede dormida en una silla. A las 9 de la mañana empece a escuchar gritos
Fue la misma situación. Senti tanto. Miedo que rece incansablemente hasta q desaparecio.

Mi hermano mayor, cuando era pequeño estaba leyendo, sentado en el sofá. De repente, se vio desde arriba. También tuvo viajes astrales al acostarse, y en uno de ellos, una amiga le corroboró que lo presintió en el jardín de su casa, que era a donde él había ido para verla.

Yo tuve esa clase de experiencia cuando tenia 7 u 8 años le decia a mi mama y como ella era muy catolica me llevo confirmar y algunas veces decia que me tenia miedo porque desde que yo iba a nacer pasaron cosas raras a mi alrededor ahora en la actualidad solo he tenido suenos muy recurentes que vuelo pero son my vivimos puedo recordar cada detalle de estos suenos y he tenido algunas premoniciones que luego pasan y me siento mal cuando no lo digo pero tambien las personas creen que uno tiene algo malo por eso mejor no hablo

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Hola hace muchos años su revista no llega a Cochabamba Bolivia. Una verdadera lástima

Yo he tenido sueños en cotizaciones similares, e estado con mi padre ya fallecido, mis abuelas y personas que no conozco, estas últimas muchas veces me preguntan; "qué haces aquí?" Y muchas veces ellos son los que me traen de regreso.

Es muy tranquilizante para mí, saber que no soy el único y que no tengo algo malo.

M ha pasado .pero m siento cómodo en ese estado m d miedo volver .pero el volver es involuntario solo despierto la mente está activa c han parado frente a un espejo ?

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