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AMÉRICA INCÓGNITA

Lunes 22 de Abril, 2013
Enrique de Vicente

Los orígenes de la civilización son muchísimo más remotos de lo que sostenían los textos académicos. Y la prehistoria del continente americano ha sido menospreciada por los historiadores, en su mayoría ignorantes de que existían allí ciudades y civilizaciones muy prósperas, antes de las pirámides egipcias y también a la llegada de Colón… Son algunos de los argumentos con los que hemos combatido al inmovilismo ortodoxo desde el primer editorial de AÑO/CERO. Entonces aún no se aceptaba la existencia de civilizaciones tan sofisticadas como la que construyó el enorme templo megalítico turco de Gobekli Tepe hace unos 12.000 años, el doble de la antigüedad atribuida a Sumer, considerada cuna de la civilización. Y, hace sólo un año, los más avanzados métodos de análisis han obligado a remontar las hispanas pinturas rupestres de los centros iniciáticos de Nerja y Altamira a unos 43.000 y 30.000 años, respectivamente. Con el añadido de que algunas de ellas, como los famosos bisontes, parecen ser la representación de constelaciones celestes. Esa obsesión por la observación del cielo ligada a la religiosidad de quienes, hasta la fecha, son reconocidos como nuestros más remotos antepasados, la encontramos también en todo el continente americano y en el resto del planeta. Al igual que, distribuidas por todo el mismo, hallamos otras remotas evidencias arqueológicas, mitos y tradiciones tremendamente similares. Éstas van desde la construcción de formaciones piramidales hasta los megalitos ligados a la creencia en constructores gigantes que vivieron en una remota Edad de Oro. Especial atención merecen los geoglifos, esas gigantescas figuras y líneas artificiales, que se extienden por toda América y que se siguen descubriendo en las más dispares zonas del mundo. Porque, como explicamos en nuestro informe, en el caso de los más de 200 encontrados como consecuencia de la deforestación de la Amazonía brasileña y de la exploración aérea, en sus proximidades no existen montículos que nos permitan explicar cómo los realizaron y sobre todo a qué propósito obedecían esos diseños sólo visibles desde el cielo… Si los continuos hallazgos siguen desbaratando la protohistoria de la propia Europa, la americana está aún pendiente de que superemos tantos prejuicios impuestos allí por los conquistadores que tanto menospreciaron a los nativos y de que sigamos explorando los vestigios ocultos bajo la jungla de esa América incógnita y esplendorosa.
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