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AYER ERA MILAGRO

Lunes 25 de Mayo, 2009
Cuando hablamos de curaciones milagrosas acuden a nuestra mente evocaciones –que hoy consideramos supersticiosas– relacionadas con la fe en figuras espirituales o en los curanderos populares, cada vez menos frecuentes en el llamado primer mundo. Esto es algo que muchos de aquéllos han sabido entender, sea inconsciente o deliberadamente, llenando sus consultas de imágenes de carácter religioso. Éstas contribuyen a crear una atmósfera mágica –y no olvidemos que la magia se corresponde con despojos de saberes ancestrales–, que predispone al milagro buscado por quienes se consideran desahuciados o simplemente desconfían de que la omnipotencia racional sea capaz de poner fin a sus males, además de potenciar en el sanador unas capacidades que hasta ahora escapaban a nuestra comprensión. Pero, gracias a investigaciones como las que resumimos en nuestro informe, hoy sabemos que las manos y las mentes de los sanadores parecen capaces de manipular esa energía universal, llamada chi, ki o prana en Extremo Oriente, magnetismo animal por Mesmer y reconocida por múltiples tradiciones, según las cuales penetra y vitaliza a todos los seres; que ésta actúa selectivamente, aumenta el oxígeno de la sangre o produce efectos similares a los de un campo electromagnético; que es capaz de devolvernos el equilibrio perdido y de poner en marcha procesos autoreguladores del organismo, gracias a los cuales las células reparan o regeneran los tejidos necrosados y que son responsables de curaciones espontáneas.

Como ocurre con cualquier potencialidad humana, algunos nacen con mayores capacidades y predisposición para ejercer la curación psíquica, pudiendo convertirse en grandes sanadores. Pero todos podemos aprender a utilizarla para ayudar a los demás y a nosotros mismos; y, para ello, la iniciación en técnicas como el Reiki, la Energía Universal y Humana o el Toque Terapéutico nos resultarán muy útiles.

El verdadero milagro estaría pues al alcance de nuestras manos, en nuestras mentes y potencialidades inexploradas. En lugar de limitarnos a denunciar el evidente peligro que representan los curanderos insensatos, ya es hora de que nos atrevamos a explorarlas y potenciarlas. Una tarea que nos concierne a cada uno de nosotros y también a los investigadores y a los profesionales de la salud. Negarse a hacerlo, ya sea en nombre del racionalismo o porque está mal visto socialmente, es una cobardía intelectual y una nueva forma de superstición.
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Padre nuestro q estás en los Cielos Santificado sea tu nombre venga a nosotros tu reino hágase tu voluntad Danos hoy nuestro pan de cada día perdona nuestras​ ofensas como nosotros perdonamos a quien nos ofende no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal AMEN

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