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Jueves 23 de Septiembre, 2010
Enrique de Vicente

En los últimos meses han arreciado noticias muy diversas, relacionadas con visitas extraterrestres. Éstas van desde un ex ministro de Defensa canadiense o prominentes astronautas, políticos y militares convencidos de que éstos visitan la Tierra desde hace milenios, hasta el presidente de una república rusa que asegura haber sido abducido, pasando por el físico Stephen Hawking, que recomienda evitar un eventual contacto con una civilización avanzada para evitar ser dominados, hasta una encuesta de Reuters, según la cual el 20 por ciento de la población mundial cree en la existencia de alienígenas entre nosotros, disfrazados de humanos, una creencia bizarra, seguramente animada por el estreno mundial de la serie televisiva V, en la cual visitantes reptilianos controlan secretamente a la humanidad, disfrazados tras una apariencia benévola.

Algunos pregonan que está próximo un anuncio oficial de que somos visitados por extraterrestres. Según otros, todo esto y mucho más formaría parte de una campaña desinformativa, cuyo propósito sería sembrar entre el público la creencia en una posible amenaza extraterrestre, con finalidades de manipulación social. Pero la inmensa mayoría de los científicos niegan que exista cualquier evidencia seria de civilizaciones avanzadas, si bien cada vez son más quienes cuestionan que estemos buscando sus señales de forma apropiada.

Hace tres décadas, los ingenieros reunidos para discutir el problema de la propulsión interestelar, calcularon que se necesitarían entre uno y diez millones de años, desde el primer viaje interestelar, para ocupar toda la galaxia. Nuestro Universo cuenta con unas 100.000 millones de galaxias y cada una de ellas con otras tantas estrellas, muchas inmensamente más viejas que nuestro Sol. Por tanto, resulta inconcebible que no existan civilizaciones capaces de haber llegado a la Tierra en el comienzo de su evolución, salvo que el destino de todas ellas sea la autodestrucción. Y la lógica nos sugiere que su desarrollo evolutivo, apariencia, comportamiento e intenciones deberían resultarnos tan ininteligibles como el nuestro lo sería para una ameba. Por ello, si bien es cierto que la mayoría de esos rumores y noticias parecen simples locuras, lo es mucho más empeñarnos en negar lo más plausible: que deben habernos visitado desde tiempos remotos e interviniendo en la Tierra según sus normas y no según las que a nosotros se nos antojan.
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