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Continentes encontrados

Jueves 25 de Octubre, 2018
Miles de años atrás hubo un continente emergido en mitad del Pacífico, donde hoy se sitúa el célebre cinturón de fuego, cuya actividad volcánica es tal, que se crean y destruyen islas en cuestión de minutos. ¿Sabes cuál?

James Churchward era un militar del ejército británico que, a finales de la década de los veinte del pasado siglo, escribió un libro fantástico, en ambos sentidos. Al menos eso pensaron sus críticos dada la vehemencia que el veterano soldado imprimía a sus argumentaciones.

Según defendía, miles de años atrás hubo un continente emergido en mitad del Pacífico, donde hoy se sitúa el célebre cinturón de fuego, cuya actividad volcánica es tal, que se crean y destruyen islas en cuestión de minutos.

Pues bien, a raíz de las conversaciones que mantuvo con estudiosos más o menos excéntricos, y de su propia labor de campo, llegó a la conclusión de que Mu, que así se llamaba el susodicho pedazo de tierra, se hundió a consecuencia de una de estas devastadoras erupciones, precipitando a los abismos a uno de los pueblos más avanzados de ese pasado remoto.

Es más, decía que sus sabios utilizaban unas piedras de cristal con cualidades mágicas para controlar los elementos; «piedras» que, dicho sea de paso, muchos identificaron con las misteriosas –y polémicas– calaveras de cristal que, por esas mismas fechas, el explorador Frederick Mitchell-Hedges encontraba –la «primera» de ellas– en la ciudad perdida de Lubaantún.

Y es que en ese pasado todo parece mezclarse sin orden ni concierto, así que nos quedaremos en el ámbito de los mitos. Porque estos aseguran que tras aquella catástrofe hubo supervivientes, un grupo de doscientas personas que dirigidas por su rey navegaron estas aguas, buscando una nueva tierra en la que empezar de nuevo. Y aquellos hombres y mujeres, que procedían de un lugar llamado Hiva, encontraron la «tierra prometida» en las alturas de la montaña más vertiginosa del continente hundido.

La llamaron Marakiterangi: «los ojos que miran al cielo»; nosotros la conocemos como Isla de Pascua… Lo interesante es que este «mito» se repite con los mayas y su Aztlán, con los aymaras del Titicaca y su Atlanticú, o con las arcaicas reminiscencias que nos llevan a entrelazar dichas «leyendas» con, por ejemplo, las surgidas en África, dando a entender, casi demostrando, que algo ocurrió; algo que nos lleva a un tiempo desconocido, habitado por una «humanidad perdida» cuyos vestigios han empezado a surgir…

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