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La gran mentira

Miércoles 23 de Agosto, 2017

Dijo años atrás el preso 466/64 que «los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo». Claro, lo dijo alguien que estuvo 18 años en una pútrida celda de apenas 4 m2, durmiendo sobre una esterilla de esparto, haciendo sus necesidades en un cubo de hierro y recibiendo el alivio de la visita familiar durante 30 minutos al año… Y hoy, la sensación que se tiene a pie de calle es que el poder solo se sacrifica en beneficio propio, aunque ello suponga una merma social; aunque la brecha que se abra entre la política y el pueblo sea prácticamente insalvable.

 

Y aún así, hace tiempo que pienso que estamos anestesiados, sometidos a un sistema que nos manipula a su antojo, que nos duerme cuando y cómo quiere, que nos convierte en masa; y la masa siempre piensa en la dirección que marcan quienes ostentan el poder. Sin embargo, cuando hablamos de PODER, ese que se escribe con mayúsculas, la cosa es aún más sórdida. Porque entonces ni tan siquiera esos representantes a los que dedicamos algún que otro «piropo» en nuestro día a día, pintan absolutamente nada.

 

Dice Miguel Ángel Ruiz en su fantástica investigación de portada, que cuando un presidente llega al Gobierno, desde el primer día está orientado, dominado por otros poderes más grandes que el suyo a consecuencia de los múltiples favores que debe para acceder a ese puesto. Y pone como ejemplo a un presidente tan carismático como Obama. Su campaña estuvo «patrocinada» en gran medida por el banco Citigroup y, llegado el momento, Michael Froman, director ejecutivo del mismo, hizo llegar a John Podesta, consejero de Obama, «un ejemplo de gabinete de Gobierno» al que no mucho después el ya presidente prestaría atención; más bien colocó en los puestos clave a todos los nombres de la lista.


Ese es el verdadero poder en la sombra, poder que ahora iluminamos para mostrar quiénes son, con nombres y apellidos, los hombres y mujeres que forman el gobierno secreto del planeta. Ah, se me olvidaba: el preso 466/64 se llamaba Nelson Mandela…

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