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HerejÍas

Martes 01 de Agosto, 2006
Los descubrimientos sobre la inteligencia animal brindan nuevos argumentos a los defensores de los animales, frente a quienes se ríen cuando se discute el apoyo político al Proyecto por el cual expertos en los Grandes Simios –con los que compartimos el 98 por ciento de nuestros genes– defienden que éstos sean dotados de unos derechos mínimos. Muchos esperamos declaraciones contundentes, por parte de quienes –cargados de razones morales– se oponen al aborto y a la eutanasia, en las que condenen no sólo las guerras y la pena de muerte, sino los ataques injustificados contra toda forma de vida. Yo que creo en eso que llamamos alma, aguardo a escuchar argumentos convicentes de que delfines, monos o perros carecen de ella, al contrario que multitud de desalmados que pueblan el planeta, comenzando por los planificadores de 7 explosiones en Bombay, el pasado 11-7, siguiendo las mismas claves simbólicas y numéricas que los de N.York, Madrid y Londres.

Asumo que posicionamientos de este tipo son considerados por una mayoría heréticos (cuando no delirantes) y provocadores. Y no me resisto a expresar reflexiones políticamente incorrectas como ésta: en muchas épocas se cuestionó que las mujeres tuviesen alma –como luego ocurrió con los negros– y cuanto menos se actuó como si tuvieran una de cuarta clase, lo que permitía usar y abusar de unos y otros, negándoles todo derecho.

Hace medio siglo el antropólogo Ashley Montagu demostró, con múltiples argumentos, que la mujer es el auténtico sexo fuerte. Y otros muchos estudiosos han aportado suficientes pruebas de que –tanto en lo emocional como en lo práctico– las hembras son más inteligentes y capaces que los machos, aunque nuestra civilización se base en valores dominantes masculinos, asumidos como propios por casi todas las nujeres que quieren posicionarse en ella.

Esto tiene mucho que ver con lo que representa la figura de María Magdalena para cualquiera que reflexione sobre los cuatro evangelios canónicos, sin necesidad de acudir a los gnósticos que la consideran discípula privilegiada del Señor: ella es el único testigo indiscutible de la resurrección de Jesucristo, que todos los teólogos consideran piedra fundamental de la fe cristiana. Pero, por no ser hombre, su testimonio carecía de valor, en una sociedad donde la mujer carecía de casi cualquier derecho. En ese contexto extremo, Jesús fue un feminista radical y un provocador consciente. Y, por muy misóginas que sean ciertas declaraciones de Pablo y Pedro, en sus epístolas (y en Apocalipsis) se repite que el sacerdocio es potestad de todo bautizado –también de las mujeres, que seguían impartiendo los sacramentos en ciertas comunidades aún en el siglo II– y se expresa el derecho de los presbíteros a casarse. Pese a ello, la mujer no tardó en quedar desposeída de este derecho, los clérigos de su legítima compañía y el sexo se identificó con el mal; y así seguimos aún.

Por ese motivo y por otros, me parece muy valioso rescatar del olvido a esta Señora oscura del Cristianismo y –como cristiano hereje que soy– me pregunto ¿que argumentos hay en el Nuevo Testamento en contra de la mujer? y –más allá de esto– aún aceptando a Jesús como el Dios Único encarnado en un hombre, ¿por qué iba a privarse de vivencias como el amor y la sexualidad?

Enrique de Vicente
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