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JARDINEROS CÓSMICOS

Viernes 21 de Septiembre, 2012
Enrique de Vicente

La hipótesis de que la vida en la Tierra fue sembrada por una nave extraterrestre seguirá pareciendo una de tantas ideas locas que venimos publicando en esta revista. Pero nuestro informe demuestra que es compartida por varios de los más geniales biólogos y astrofísicos. Comenzando por quien recibió el Nobel por su descubrimiento del ADN, quien dedicó todo un libro a discutir esta posibilidad.

Si algo resulta especialmente repugnante en la misma para muchos racionalistas es que implica aceptar las evidencias de que la inmensa complejidad de la vida parece corresponderse con un Diseño Inteligente. Una idea también defendida por algunos científicos, que ven tras ella la mano de un Creador, y que ha sido refutada por una mayoría, encabezada por Richard Dawkins, quien sí acepta como posible la Panspermia Dirigida de origen extraterrestre.

Lo interesante es que el primero que la propuso fue el astrofísico soviético Shklovski, en un libro que en 1966 fue reescrito en inglés, junto a Carl Sagan, donde discutían las evidencias que podrían encontrarse en antiguos mitos y tradiciones acerca de un paleocontacto con extraterrestres en épocas remotas. El problema fue que, tan sólo un año después, el hotelero Erich von Däniken lanzó un best-seller mundial, en el cual defendía esta misma idea valiéndose de evidencias tan endebles como inaceptables para cualquier racionalista. Tanto éste como el resurgir de otras creencias alternativas pusieron a la defensiva a los científicos, incluidos Shklovski y Sagan, quien lógicamente se dedicó a combatirlas.

Pero, medio siglo después, resulta completamente lícito plantear nuevamente esa posibilidad de que civilizaciones infinitamente avanzadas, tanto tecnológica como evolutivamente, se hayan convertido en ingenieros planetarios y sembradores de vida. Incluso debemos preguntarnos si lo lógico no es suponer que esos jardineros cósmicos deberían prestar suma atención a su creación, en un momento crucial donde ésta puede fracasar estrepitosamente o dar un salto evolutivo inimaginable… Abstenerse de hacerlo, argumentando la imposibilidad de cruzar las inmensas distancias interestelares o burlándose del comportamiento ininteligible de los OVNIS, sería tan absurdo como escuchar a los brillantes científicos que hace algo más de un siglo consideraban imposible que algo más pesado que el aire pudiese volar.
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