Se encuentra usted aquí

JESÚS Y EGIPTO

Sábado 01 de Julio, 2006
Por qué nos fascina Egipto más que cualquier otra antigua cultura? ¿Y qué ha sido de su sabiduría milenaria, capaz de innumerables portentos que apenas comenzamos a atisbar y cuyos últimos coletazos dejaron embarazada a Grecia (nueve de cada diez de sus grandes hombres tuvieron maestros egipcios), una civilización que aún hoy sigue iluminándonos?...

Para intuir hasta que punto se hunden en Egipto las raíces simbólicas de nuestra cultura judeo-cristiana (aunque en realidad sea mucho más greco-romana y por tanto egipcia) recordaremos que de esa cuna de civilización donde surgió Sumer parte Abraham, el mítico padre de las tres religiones monoteístas que han forjado nuestra civilización y el mundo actual. Aunque, tras su enigmático paso por Egipto se establece en Tierra Santa, sus descendientes van a parar nuevamente a Egipto. Y de allí partirán quienes, siguiendo a Moisés, darán lugar al pueblo judío, llevando parte de la magia y la tecnología egipcias, representadas por el Arca de la Alianza.

La importancia de Egipto como cuna simbólica de nuestra civilización vuelve a quedar remarcada por la creencia en que la infancia de Jesús habría transcurrido en ese país. Es allí donde debía iniciarse quien llevará a su máxima expresión los ritos de muerte y resurrección propios de las Escuelas de Misterios que, a partir de Egipto, se expanden por todo el Mediterráneo. Porque es en clave mistérica y de resurgimiento del mismo Mito fundamental a través de las eras –y no de plagio de otras mitologías anteriores– como en mi opinión deben entenderse los cientos de paralelismos existentes entre los relatos sobre la vida de Jesús el Cristo y las de Osiris, Dionisio, Mitra, Atis y otros muchos dioses Salvadores de la humanidad.

Disiento, por tanto, con la opinión de nuestro entrevistado de este mes, según la cual la leyenda cristiana habría sido escrita por encargo de Constantino tras el concilio de Nicea. Entre otras muchas cosas, porque siglo y medio antes, la similitud entre ésta y otras mitologías salvíficas era ya tan evidente y denunciada por filósofos como Celso, que hacía exclamar al mártir Justino: «Habiendo oído proclamar por los profetas que Cristo iba a venir, los malos espíritus propusieron a muchos para que los llamaran Hijos de Dios», para engañar a los hombres. Poco después, ante la similitud entre los misterios de Mitra y los ritos cristianos, Tertuliano asegura que «el diablo imita las circunstancias exactas de los Divinos Sacramentos». Sin duda fue ese mismo diablo quien evitó que este padre de la Iglesia muriese martirizado con tan piadosos pensamientos y, por el contrario, acabase sus días convertido al gnosticismo, ese maremagnum de corrientes que serían condenadas como heréticas y muchos de cuyos seguidores veían en Cristo la Puerta hacia la Salvación de esta cárcel terrestre y en su mítica vida el Camino para recuperar ellos mismos su condición original de hijos de Dios perdidos en este mundo material…
Volviendo al tema de este mes, nuestra guía introductoria a algunos de sus misterios es apenas un destello de ese Sol multiforme que es Egipto. Pero si permite verlo con otros ojos a quienes viajen a este fascinante país, si es capaz de evocar su maravilloso recuerdo a quienes antaño lo hicieron, si ayuda a soñar con él a quienes añoran hacerlo un día, nos daremos por satisfechos.

Enrique deVicente
Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario