Se encuentra usted aquí

MERCADERES DE LA LUZ

Miércoles 15 de Octubre, 2008
¿Ha pensado alguna vez en el significado de las leyendas fundacionales, del simbolismo o del trazado urbanístico de la ciudad que visita o donde vive?
Más allá de los centros de actividad enloquecida en que las hemos convertido, especialmente las capitales fueron concebidas según los principios de la geometría sagrada, sobre emplazamientos donde convergían diversas energías cosmo-telúricas. Y, aun en nuestros días, hay quienes –conocedores de esos principios de naturaleza hermética– siguen encargándose de realizar, discreta pero eficazmente, modificaciones bien precisas en las mismas, con propósitos que afectan invisiblemente a la vida de sus habitantes o refuerzan su naturaleza como centros de poder. Así ha ocurrido, por ejemplo, con París, donde el Eje Histórico diseñado en las épocas de Luis XIV y de Napoleón se completó con los añadidos simbólicos realizados por el gobierno de Mitterrand con motivo del bicentenario de la Revolución, como la pirámide del Louvre y el Gran Arco, inspirándose en modelos egipcios muy concretos de orientación solsticial y estelar, como han demostrado Hancock y Bauval en su libro Talisman. Significativamente, los masones –que reciben su nombre de los antiguos constructores– tuvieron tanto peso en tiempos de los dos primeros dirigentes como en su ascenso al poder.

Pero la mayoría de los masones –aunque ven a Dios como el Gran Arquitecto o Geómetra– son ajenos al sentido último de la labor urbanística realizada por algunos de sus compañeros, así como por otros ajenos o anteriores a ellos. Como apuntan los citados autores en el libro Espejos del Paraíso, estos geómetras sagrados serían herederos de una tradición planetaria que se remontaría a los legendarios Aku Shemsu Hor, fundadores de los primeros recintos sagrados en el Egipto predinástico. Según ellos, su origen habría sido sugerido por el iniciado Francis Bacon en su utopía La nueva Atlántida. En ella describe una sociedad ideal y muy avanzada, aislada en medio del océano y regida por un grupo de sabios, geómetras y astrónomos excepcionales, que heredaron el saber de una antigua civilización tragada por las aguas. Su misión era nutrir «a la primera criatura de Dios, la luz», una tarea que se encargaban de extender por todo el mundo unos enviados suyos, a quienes llaman los mercaderes de la luz

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario