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RECUPERAR

Viernes 01 de Junio, 2007
Tras más de un siglo durante el cual millones de occidentales, espiritualmente inquietos, se han dedicado a buscar la luz en doctrinas orientales y en enseñanzas ocultistas heredadas de la antigua sabiduría –pero demasiado complejas y tergiversadas–, somos muchos quienes creemos necesario recuperar el esoterismo subyacente en las enseñanzas atribuidas a Jesucristo que han llegado hasta nosotros. Para esto no hace falta rebuscar en los evangelios gnósticos, cuya complejidad nos sobrepasa. Basta con que profundicemos en los tres evangelios sinópticos, repletos de afirmaciones y parábolas que admiten múltiples lecturas, al igual que en otros textos del Nuevo Testamento, desde las Epístolas de san Pablo –en quien muchos ven a un gnóstico– hasta el profundamente simbólico Apocalipsis y el evangelio atribuido a san Juan, quien es visto como cabeza de una iglesia esotérica por corrientes heterodoxas tan diversas como cátaros o masones.

Creo que la posible coexistencia de un cristianismo esotérico en el seno de la iglesia dependería en buena medida de quiénes la dirijan y de sus orientaciones. Entre los Papas encontramos algunos de cuya dedicación al hermetismo no cabe dudar, junto a otros que perseguían como diabólico cuanto oliese a esotérico. Al igual que el –para algunos– filo-comunista Papa Albino Luciani tenía entre sus proyectos llevarse a un convento a la curia romana, dar mayor participación a la mujer en la iglesia o que ésta fuese gobernada por la asamblea de los obispos, y gustaba decir que «Dios es mamá, aunque también Papá», mientras que su sucesor Karol Wojtila fortaleció a las organizaciones católicas más ultraconservadoras, arrodilló a las más progresistas o fue un eficaz ariete contra las dictaduras comunistas y toda manifestación esotérica. Por ello me pregunto si hay que esperar sorpresas como las anunciadas por notables teólogos disidentes cuando fue elegido pontífice Ratzinger, en quien muchos veíamos a un inquisidor de oficio, ignorando que es el Papa contemporáneo con más profunda formación intelectual. Ahora no tiene reparos en vincular a Jesús con los esenios (a los que algunos esoteristas consideran herederos de la Hermandad Blanca fundada por Tutmosis III), una posibilidad que se consideraba heterodoxa y académicamente inaceptable. Y esto supone una pequeña gran revolución. Enrique de Vicente
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