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RESURRECCIÓN

Jueves 22 de Julio, 2010
Enrique de Vicente

Según la interpretación del mito 2012 que hacen los guardianes de la tradición mesoamericana y este mes les ofrecemos, en lugar del escenario catastrófico y pesimista difundido por los desinformadores, lo que aguarda a la Tierra es una necesaria renovación, que implica un proceso de muerte y renacimiento.

En la noche del 11 de julio se sucedían una serie de acontecimientos significativos, que tanto las antiguas tradiciones como la psicología profunda verían como una corroboración sincronística de esta interpretación. Las dos Españas, que han dado lugar a una historia repleta de enfrentamientos civiles, se unían –con un entusiasmo inédito– apoyando a su selección de fútbol, que fue coronada por primera vez como campeona del mundo. Ésta lo conseguiría gracias a un extraordinario trabajo de equipo y tras un duelo de titanes que simbólicamente rememoraba la lucha que en esos precisos momentos tenía lugar en los cielos: un eclipse total de Sol, que alcanzó su máxima expresión en la Isla de Pascua. Al finalizar ese acontecimiento cósmico nos dejaba Carlos González Galán, un gran hombre que durante veinte años capitaneó Editorial América Ibérica y a quien tanto esta revista como yo debemos mucho. Afortunadamente, creo que nuestras almas son mucho más sabias de lo que pensamos, y que si la de nuestro compañero y maestro, el doctor Jiménez del Oso, eligió un Domingo de Resurrección para dejar este mundo, y la de nuestro Jefe de Edición Luis García Lacruz lo hizo con el despuntar de un Año Nuevo, la de Carlos abandonó su cuerpo cuando el Sol renacía renovado, subrayando como buen católico su profunda creencia en una Vida nueva y eterna, pues éste es el sentido que los antiguos iniciados daban al final de los eclipses: el triunfo de la luz sobre las tinieblas.

El Sistema Establecido, que nos mantiene atrapados entre el consumismo materialista y el miedo inmovilizador, nos induce a pensar que nada grato nos espera más allá de las formas de vida que conocemos. En cambio, todas las tradiciones espirituales afirman exactamente lo contrario: según las mitologías mesoamericanas, tras el fin del mundo tal como hoy lo conocemos, la humanidad resucitará renovada bajo el esplendor de un nuevo Sol; Jesús anunció la resurrección de los muertos y el Apocalipsis de San Juan concluye con el descenso sobre este mundo de una esplendorosa Jerusalén Celeste, anunciando –para después de un tiempo de pruebas nunca antes conocidas– «unos Nuevos Cielos y una Nueva Tierra».
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