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¿SE CUMPLEN LAS PROFECÍAS?

Miércoles 22 de Mayo, 2013
Enrique de Vicente

Las profecías han despertado siempre una mezcla de fascinación y rechazo, dada nuestra doble naturaleza racional y mágica. Y esto se intensifica más en nuestros días, puesto que esos dos aspectos de nuestra mentalidad –solar y lunar, masculino y femenino, tecnológico y naturalista– están cada vez más desconectados. Nuestra parte positivista, sobre la cual se fundamenta la civilización, nos dice que si resulta muy difícil prever el futuro de un individuo, adivinar el de una colectividad se vuelve imposible. Son muy escasas las predicciones que se han cumplido cuando señalaban fechas concretas y, en su práctica totalidad, son de carácter astrológico, como el anuncio de la revolución francesa o de la gran peste, seguida por un incendio que consumió buena parte de Londres en 1666. Además, cuando examinamos de forma crítica el conjunto de las profecías y visiones del futuro, resulta ineludible que en su inmensa mayoría son equívocas o cuanto menos muy imprecisas. Por tanto, la conclusión inmediata es que se equivocan, como ya lo advierte el razonamiento más extendido en Occidente: el futuro resulta impredecible en tanto no se demuestre lo contrario y, si así no fuera, eso implicaría una predestinación que impediría el libre albedrío, que la mayoría damos por hecho pese a que numerosas evidencias físicas, biológicas, genéticas, psíquicas y sociales demuestran un determinismo que parece oponerse a nuestra plena libertad de elección. En el campo teológico y religioso la controversia es igualmente intensa: muchos protestantes –debido a su tendencia calvinista– tienden a ver las profecías bíblicas como algo ineludible, al igual que lo hacen con las suyas musulmanes, hindúes o budistas, aunque todos admitan una combinación de causalidad y libre albedrío, mientras que –siendo rotundos defensores de esa libertad– los católicos entienden que el objetivo de las profecías sería servirnos como advertencias acerca de futuros posibles que podemos eludir si enmendamos nuestro camino. Pero las tradiciones proféticas de muchos pueblos describen idénticas señales –que parecen características de nuestra época– como prolegómenos del llamado fin de los tiempos o del actual Ciclo humano, que fue precedido por otras Eras y será sucedido por una nueva Edad de Oro, tras una necesaria renovación.
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