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Visitantes de pesadilla

Martes 24 de Octubre, 2017

Hace años que se habla de este fenómeno; casi me atrevería a decir que siglos, porque seguramente, los súcubos y los íncubos de otro tiempo son los visitantes de dormitorio de hoy. Solo hay que atender al contexto socio-cultural y sobretodo religioso del momento en el que ocurre, para que sea interpretado de una u otra manera. Quienes dieron al asunto la pátina de fenómeno que merecía la pena ser investigado, a la vista de la cantidad de casos que se producían –y se producen–, fueron los periodistas y escritores Josep Guijarro y Javier Sierra –al que desde Año/Cero felicitamos por haber sido galardonado recientemente con el Premio Planeta–, que incluso lo bautizaron como «Síndrome DIANA» –acrónimo de «Delirio Individual de la Agresión Nocturna Alienígena»–.

Quizás hablamos de alienígenas; quizás no; quizás de un fenómeno diferente que se nos escapa y que podría entrar en el marco de las criaturas de otras dimensiones.

Quizás… porque lo cierto es que a estas alturas y después de décadas de investigación, apenas sabemos qué mecanismos se mueven, de repente, en el interior de nuestro cerebro para provocar ese delirio. Aunque quizás enmarcarlo en el ámbito de una alucinación sea minimizar unos sucesos que parecen cobrar vida propia y cuya presencia es, al menos en un gran porcentaje de los casos, exógena; no parte del testigo, sino de algo externo a él; algo que además es inteligente.

El «Síndrome DIANA» ha mutado con el paso de los años y a la larga casuística ha ido añadiendo fenómenos paralelos, posiblemente más inquietantes si cabe. Hoy se habla de presencias que no se circunscriben al entorno de nuestra alcoba, sino que salen de ella y se manifiestan en cualquier lugar de la casa. Se les llama «gente sombra», y para la investigadora Heidi Hollis, la primera en escribir un libro de testimonios vinculados a este asunto, estas entidades son claramente malignas. Al fin y al cabo, en la mayoría de casos que ha recopilado se habla de siluetas oscuras con forma humana, que se pueden avistar fugazmente por el campo de visión periférica y que atacan al testigo. Quizás sea la versión más aterradora de este fenómeno, si es que el hecho de que «alguien» se postre a los pies de la cama y nos observe en silencio cuando estamos descansando, no lo es en sí mismo…

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