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CENOTES: VIAJE SAGRADO AL INFRAMUNDO MAYA

Miércoles 26 de Enero, 2011
José A. Iniesta y Carmen Burgos de la Torre

Desde tiempos inmemoriales, los cenotes mayas se han considerado enclaves sagrados y entradas al mundo intraterrestre, habitados por deidades y seres mágicos. Por este motivo, todavía hoy son santuarios de peregrinación, donde se ofician poderosos rituales secretos en los que han participado dos reporteros de AÑO/CERO.
Según las creencias de la antigua civilización maya, a través de los cenotes –«hendiduras» en la tierra por las que fluye agua– es posible acceder al mítico reino de Xibalbá, el inframundo, el misterioso universo de los muertos. Durante siglos, las diferentes culturas establecidas en México los han considerado sagrados, constituyendo el elemento principal de sus leyendas. Paradójicamente, aunque están asociados a la muerte, tienen que ver con la vida, con la fertilidad proporcionada por el líquido elemento, de enorme importancia para los mayas, pues en estos grandes pozos y cavernas conseguían el agua virgen (zuhuy há) para sus ceremonias.

Sólo en la península de Yucatán se han contabilizado entre siete y ocho mil cenotes, pero existen muchos más en otras zonas, ocultos por la vegetación de la selva. El agua dulce que se encuentra en su interior es el único recurso con el que los mayas contaron a lo largo de muchas generaciones, gracias a la renovación anual que se produce por medio de las lluvias y de las filtraciones a través de la piedra. La palabra cenote proviene de los vocablos maya ts’ono’ot, que significa «caverna con depósito de agua», y ts’onot, «profundidad» o «abismo».

La confluencia de distintas circunstancias, nada habituales en otros yacimientos arqueológicos, como la ausencia de luz, los finos sedimentos del fondo y la propia química del agua, han hecho posible que se encuentren restos muy bien conservados. En una cueva inundada de Yucatán, explorada en 2006, se halló un esqueleto con una antigüedad de diez mil años; sin duda uno de los más antiguos del continente americano. Es conocido como «el joven de Chan Hol» –hoyo pequeño en maya–, pues así se llama el denote en el que fue descubierto… (Continúa en AÑO/CERO 246).

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