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Mahdi: llega el salvador del Islam

Lunes 01 de Mayo, 2006
En el número anterior de AÑO/CERO publicamos un artículo en el que explicábamos que el gobierno de Irán parece estar preparándose para la llegada del Mahdi, el líder mesiánico anunciado por las profecías islámicas. En él apuntábamos los indicios y rumores que parecen sugerir que el presidente iraní se considera un predestinado para preparar la llegada de este Mesías, y analizábamos las importantes consecuencias que tal creencia podría tener para la situación política que se vive actualmente en Oriente Medio.
Sin embargo, en el anterior artículo apenas ofrecimos unas breves «pinceladas» acerca de esta creencia en un mesías musulmán, y las notables diferencias que sobre este personaje existen en la vertientes suní (la mayoritaria en el Islam) y la chií (dominante en Irán).

¿Quién es el Mahdi?

Tanto suníes como chiíes coinciden en que el Mahdi será (o es) un descendiente directo del profeta Mahoma, y también llevará su nombre, aceptando variantes como Mahmoud o Ahmed. Sin embargo, mientras para los suníes el nombre del padre del «anunciado» será Abdullah (así se llamaba también el padre de Mahoma), para los chiíes el progenitor de este Mesías se llamaba Hasan al-Askari, y era el undécimo imán. Y esta es, precisamente, una de las grandes diferencias entre la interpretación del Mahdi para suníes y chiíes. Para los primeros, «el bien dirigido» o «guiado por Dios» –esa es su traducción literal– todavía no ha nacido, y cuando lo haga será en la ciudad de Medina (Arabia Saudí). Por el contrario, los chiíes creen firmemente que el Mahdi nació en el 868 d.C. y que sigue vivo, aunque oculto, esperando el momento adecuado para mostrarse al mundo y cumplir su misión.

De cualquier forma, la creencia en esta figura no es algo plenamente aceptado por todos los musulmanes, sobre todo porque el Corán no lo menciona de forma directa. Son los hadiths (dichos y acciones del profeta) los que hacen referencia a este Mesías: «Formará parte de los míos, su frente será ancha, y su nariz, aquilina». Este hadith asegura que el Mahdi surgirá del linaje de Mahoma, y da algunos detalles sobre su apariencia, mientras otros se refieren a distintos aspectos.

Pero, ¿qué dicen estos textos sobre el surgimiento del Mahdi? Según uno de los hadiths, el propio profeta habría declarado lo siguiente: «En los últimos tiempos, mi gente se verá afligida por calamidades terribles y sin precedentes, por culpa de sus gobernantes, tanto que esta vasta tierra parecerá pequeña para ellos. La persecución y la injusticia envolverán el mundo. Los creyentes no encontrarán refugio a esas torturas. En ese tiempo, Alá hará surgir de mi descendencia un hombre que establecerá la paz y la justicia en esta tierra, del mismo modo que había sido colmada con injusticia y angustia». Es decir, el Mahdi aparecerá antes del final de los tiempos, en un momento oscuro y terrible, para restaurar el orden e imponer la ley. Con él la paz y la verdad se extenderán por el mundo, gracias al Islam, que se convertirá en la única religión. A pesar de este periodo «dorado», poco después –para otros aparecerá antes– surgirá el Dajjal, el Anticristo, que se presentará a sí mismo como el mesías y tratará de engañar a la gente con falsos milagros. Sin embargo, su presencia maléfica será breve, ya que se producirá la segunda venida de Jesucristo, y éste, junto al «guiado por Dios», derrotará al maligno. En esta interpretación, el Mahdi es una figura mesiánica, pero al mismo tiempo también es un auxiliar de Jesucristo.

Sin embargo, existen notables diferencias entre las dos ramas del Islam a la hora de entender a este personaje. Aunque también comparten la visión de que el Mahdi estará acompañado por el profeta Isa (Jesús) cuando llegue el momento de su aparición, para los chiíes, el Mesías ya ha nacido. Su nombre es Muhammad al-Mahdi, es hijo del undécimo imán, Hasan al-Askari y, tras la muerte de éste, se convirtió en el duodécimo y último imán de los chiíes.

Para comprender la diferencia de criterios sobre esta figura mesiánica –y su especial relevancia dentro del chiísmo– debemos repasar las razones que motivaron el mayor cisma dentro del Islam. Durante su vida, Mahoma no nombró ningún heredero. Tras fallecer, su hija Fátima se casó con un primo del Profeta, Alí, que parecía el más indicado para ocupar el califato. Sin embargo, durante 23 años el cargo recayó sobre tres extranjeros. Cuando finalmente Alí accedió al califato, sucumbió a sus adversarios. Moaviah, hijo de uno de los enemigos del Profeta y jefe de la familia de los omeyas, fundó un califato hereditario tras morir Alí. Y es a partir del triunfo omeya cuando comienza a desarrollarse la doctrina del Mahdi.

En ese tiempo el califato había conquistado Persia, que abrazó el Islam de forma voluntaria. Sin embargo, los persas mostraron simpatía por Alí ya que, tanto éste como sus hijos, encarnaban el principio de herencia divina presente en las creencias persas. Por el contrario, veían a los omeyas como indignos. Ahí surgió el gran cisma que dividiría al Islam en suníes (que veneraban a los tres primeros califas elegidos y a Alí) y chiíes (que sólo reconocían al yerno del profeta como imán o jefe legítimo). A partir de ese momento se gestó la idea de que de la descendencia de Alí debía surgir el futuro salvador, y también de allí emerge el chiísmo «duodecimano» (que sólo acepta a los doce imanes como sus dirigentes espirituales y temporales).

Coincidiendo con la muerte del undécimo imán, su hijo –de tan sólo cinco años de edad– desapareció, un hecho que los chiíes denominan «ocultación menor». Este periodo se prolongó durante 70 años y, a continuación, al-Mahdi desapareció definitivamente, lo que se conoce como «gran ocultación». Desde entonces, nada se sabe de él, aunque sigue vivo –gracias a su carácter sobrenatural– y preparado para reaparecer. Cuando llegue este momento, en el final de los tiempos, surgirá como un mesías combativo, dispuesto a llevar a cabo una guerra de liberación. Según esta creencia, cada uno de sus soldados será tan fuerte como cuarenta hombres, y muchos infieles se convertirán al Islam al ver los prodigios y señales que acompañarán su aparición.

Las señales de su llegada

Ya hemos visto las características que posee el Mahdi, en función de las diversas interpretaciones. Ahora bien, ¿cuándo y cómo se producirá su llegada? Según un conocido hadith, «Dios la manifestará a su tiempo. Pende entre los cielos y en la tierra. No vendrá a vosotros sino de repente».

Los distintos textos citan algunas señales concretas como indicadores de la inminencia de su aparición. Algunos chiíes, por ejemplo, recuerdan las palabras del sexto imán, Jafar al-Sadiq: «Antes de llegar el que surgirá, la gente será reprendida por sus actos de desobediencia mediante un fuego que aparecerá en el cielo, y una rojez lo cubrirá. Engullirá Bagdad y Kufa. Su sangre será derramada y las casas destruidas. La muerte se producirá entre su gente y un temor llegará sobre la gente de Irak, y no tendrán descanso». Tales referencias a sangre y destrucción en Irak han sido relacionadas por ciertos grupos con la situación actual que se vive en el país. Para éstos, sería un signo inequívoco de la llegada del Mahdi. En otros casos, se cita el levantamiento de un descendiente de Abu Sufyan –enemigo de Mahoma– como señal del advenimiento del Mesías musulmán. Esta revolución de Sufyani comenzaría en Palestina y se extendería por Oriente Medio. Y, finalmente, para otros la señal consistirá en un eclipse de luna o de sol durante el mes del Ramadán.

Ante tal diversidad de signos, lo único que parece claro es que la llegada del Mahdi se produciría en medio del caos, durante un periodo convulso y oscuro. Irán es uno de los países en los que la creencia en el Mesías está más extendida. Eso no impide, sin embargo, que parte de la población siga con preocupación el comportamiento de su presidente, que parece orientar su política a preparar al país para el día en que el Mahdi se muestre abiertamente. Incluso para algunos analistas, el hecho de que el lider iraní no parezca muy interesado en aliviar la tensión con la comunidad internacional podría deberse también a su convicción de que es un escogido para ayudar al Mesías y, como tal, estaría fomentando la tensión y el caos necesarios para su aparición. Los últimos enfrentamientos a raíz de la crisis nuclear, con la reciente mención iraní de que no sólo EE UU es capaz de causar «daño y dolor», parecen dar la razón a quienes piensan así. Cabría incluso ir mucho más allá y presentar a Mahmud Ahmadineyad como el mismísimo Mahdi, ya que encontramos su nombre en las tres variantes que se asocian a este mesías: Mahmud, Ahmad y Madi. Esta interpretación resulta paradójica ya que, como hemos dicho, para los chiíes el Mahdi lleva más de mil años viviendo entre nosotros…
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