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El misterio de las vírgenes encontradas

Sábado 03 de Noviembre, 2018
Las Vírgenes encontradas son un fenómeno cuyos siginificados permanecen ocultos. Hace siglos unos pastores encontraban tras la visión de unas luminarias unas tallas de la virgen que pasarías a ser adoradas hasta nuestros días, aunque evocaban a un pasado aún más remoto.

El 8 de septiembre, la localidad alcarreña de Yunquera de Henares celebra a su patrona, Nuestra Señora de la Granja. La devoción popular hacia esta Virgen es explicable por muchas razones, pero hay una que tal vez desconocen algunos de los fieles de esa población de Guadalajara.

La de la Granja puede encuadrarse en la categoría de «Vírgenes encontradas» (o «Vírgenes halladas»), que así se llama a las tallas o figuras de la Virgen que fueron descubiertas accidentalmente en un lugar insospechado, generalmente en una cueva, un manantial, un río, un pozo o, como en el caso de la patrona de Yunquera de Henares, oculta entre unas zarzas en mitad de una pradera.

No obstante, vemos por lo anterior que la matización «lugar insospechado» no se refiere a un sitio cualquiera, porque esta clase de imágenes de la Virgen María no suelen aparecer entre ladrillos o en un entorno artificial, sino en plena naturaleza y, muy a menudo, en eso que quienes investigamos estos asuntos llamamos «lugares de poder», o sea, enclaves naturales dotados de energías especiales o telúricas.

Dos casos paradigmáticos los constituyen la Virgen de Nuria, patrona de Queralbs (Girona), descubierta en el interior de una cueva en un valle de los Pirineos (el vocablo Nuria significa precisamente «aquella nacida en un valle entre montañas»); y la celebérrima Virgen de Montserrat, hallada en circunstancias parecidas muy cerca del lugar que hoy ocupa el monasterio de su advocación.

La tradición relaciona estos hallazgos con la presión que ejercían los musulmanes en la España anterior a la Reconquista, lo que habría forzado a esconder precipitadamente los objetos de culto católico.

Sin embargo, dicha explicación no parece plausible, dado que el avance de los sarracenos era lento y previsible. O sea, daba tiempo más que suficiente para llevarse las imágenes y demás ornamentos religiosos a lugares seguros.

Por otra parte, el hallazgo de estas tallas no iba acompañado del de otros ornamentos religiosos. Junto a las «Vírgenes encontradas» nunca había crucifijos ni cualquier otro objeto religioso a priori tanto o más valioso que las pequeñas esculturas de la Virgen.

Por razones obvias, la aparición de estas figuras pronto se relacionó con lo milagroso o sobrenatural. De hecho, existen numerosos rasgos comunes a estos hallazgos que, cuanto menos, están revestidos de una fuerte carga simbólica o misteriosa.

Por ejemplo, los descubridores de las Vírgenes de la Granja y de Montserrat eran pastores, un oficio que, al igual que el de agricultor, tiene mucho que ver con la tierra y la provisión de sus frutos, con el cuidado de los recursos que nos ofrece la naturaleza. Por eso Inanna, la diosa sumeria, se casa con Dumuzi, que es un «simple pastor» a la vez que semidiós… Y, también por eso, en el cristianismo se llama «pastores» a sus líderes, por citar solo dos de los muchos paralelismos que podríamos establecer.

Nuevamente, las Vírgenes de la Granja y de Montserrat me sirven para ilustrar otro de esos rasgos comunes. En ambos casos, los pastores protagonistas de los descubrimientos advierten el lugar exacto donde se ocultan las tallas gracias a la presencia de unas extrañas luminarias.
En Yunquera de Henares, el pastor Bermudo observó unos raros destellos entre las zarzas, detalle que nos recuerda al episodio bíblico de la «zarza ardiente». En Montserrat, los pastorcitos localizan a la Virgen tras ver una misteriosa luz en la  montaña, luminaria que les señala la cueva concreta donde «se esconde» La Moreneta.

Otra particularidad común al descubrimiento de estas Vírgenes, igualmente plena de simbolismo, es que a menudo fueron halladas gracias a que un buey –un toro– las removió o señaló el lugar donde estaban, bien con el hocico o bien con las astas.

Esto tiene mucho que ver con que el entorno de esta categoría de hallazgos era un contexto rural, agrícola, pero también con religiones paganas que habían calado en buena parte de la población de la península Ibérica en tiempos de la dominación romana, como el culto de Mitra o mitraísmo, una de cuyas ceremonias fundamentales era el sacrificio ritual del toro.

El paganismo o las religiones arcaicas también influyen en que muchas de las llamadas «Vírgenes encontradas» tengan la tez negra o muy oscura, como el color de la tierra. Algunas se encuadran en la categoría de «Vírgenes Negras», como a las que rendían devoción los templarios, pero el origen de esta característica es mucho más antiguo, pues se asocia con la adopción por parte del culto popular cristiano, en sus primeros siglos, de elementos iconográficos y atributos de antiguas deidades femeninas de la fertilidad, tales como Isis, Cibeles y Artemisa, cuyas tallas se realizaban con materiales que se oscurecían con el paso del tiempo.

A propósito de estas diosas, el 8 de septiembre también fue una fecha importante en la tradición grecorromana, ya que ese día y su víspera dicha cultura celebraba uno de los llamados Misterios de Eleusis, concretamente un rito en honor de Deméter y Perséfone, divinidades paganas que aglutinaron la devoción de griegos y romanos.

Y otro día 8, aunque de diciembre, se celebra la Inmaculada Concepción… Muchas pinturas y esculturas de la Inmaculada Concepción, sedente sobre una media luna, pueden vincularse a la Reconquista –a razones políticas–, pero yo veo en ese símbolo la complicidad entre la Inmaculada y diosas como Astarté o Isis, a menudo representadas con idéntico atributo.

La luna es uno de los emblemas más repetidos en la iconografía de las diosas de la Antigüedad, dado que hay pocos símbolos tan femeninos como nuestro satélite. Astarté y la Inmaculada son dos «reinas de los cielos». La primera fue madre de muchos dioses, la segunda de uno solo.

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