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EL YOGA DE JESÚS

Jueves 17 de Marzo, 2011
Paramahansa Yogananda En “El yoga de Jesús” (Self-Realization Fellowship, 2009), extraordinaria obra de la que extractamos el siguiente artículo, el líder espiritual Yogananda muestra los conocimientos orientales y yóguicos que el Maestro enseñó a sus discípulos. Jesús, que pasó varios años en Oriente según distintas fuentes, conocía la creencia en la reencarnación y la existencia de los chakras o centros energéticos del cuerpo.
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La continuidad de la palabra de Dios a través de sus avatares quedó bellamente simbolizada por el intercambio espiritual que se produjo entre Jesús y los magos (sabios) de Oriente –procedentes de la India– que acudieron a honrarle en ocasión de su nacimiento. Existe en la India un sólido legado tradicional, compuesto por conocidos relatos que figuran en manuscritos antiguos, según el cual los magos orientales que viajaron a Belén para ver al niño Jesús eran, en realidad, grandes sabios indios. Y, según diversas informaciones, Jesús les devolvió la visita tiempo después. Durante los años de su vida sobre los cuales no se tiene ninguna información viajó a la India, recorriendo muy probablemente la transitada ruta comercial que unía el Mediterráneo con dicho país y China. En el Nuevo Testamento la cortina del silencio desciende sobre la vida de Jesús después de los doce años y no vuelve a alzarse hasta dieciocho años más tarde, cuando recibe el bautismo de Juan y comienza a predicar ante las multitudes. Únicamente se nos dice: «Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lucas 2:52). Sin embargo, existen relatos notables acerca de Jesús, pero no en su país de origen, sino más hacia Oriente, en aquellos lugares donde pasó la mayor parte del período sobre el cual se carece de datos. Ocultos en un remoto monasterio tibetano se encuentran documentos de incalculable valor que hacen referencia a un tal San Issa, proveniente de Israel, «en quien se hallaba manifestada el alma del universo» y que desde los catorce a los veintiocho años permaneció en la India y zonas de la cordillera del Himalaya, entre santos, monjes y sabios. Predicó su mensaje por toda la región y luego, con el propósito de enseñar, retornó a su tierra natal, donde fue cruelmente maltratado, condenado a muerte y crucificado.
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