En la mente del médium | Año cero :: Akasico

Se encuentra usted aquí

En la mente del médium

Viernes 03 de Agosto, 2018
Brasil, cuna de célebres médiums, es el centro de pioneras investigaciones neuroteológicas capaces de adentrarse y desentrañar la mente de los médiums espiritistas. Los primeros resultados están revelando inesperadas facetas y sorprendentes comportamientos del cerebro durante el estado de comunicación con el más allá. Juan José Sánchez Oro

El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística calcula que en ese país hay 3,8 millones de personas que se definen como espíritas. Por su parte, la Federación Espírita Brasileña estima que entre los años 2000 y 2010, el número de simpatizantes y seguidores del espiritismo se incrementó en un 65%.

El enorme avance de esta creencia explica por qué Brasil se convirtió en el primer país que visitó el papa Francisco poco después ser elegido pontífice, con el objetivo de revertir la situación a favor del catolicismo. En esta pujante creencia, el protagonismo no recae en ninguna clase de sacerdotes, sino en los médiums, populares intermediarios entre el mundo de los vivos y los muertos. Sin embargo, durante mucho tiempo prácticamente ningún científico se había interesado por ellos.

Aunque existe una moderna disciplina académica llamada neuroteología o neuroespiritualidad, especializada en intentar explicar los estados espirituales del cerebro, los científicos que trabajan en dicho campo apenas habían prestado atención a los psíquicos que afirman comunicarse con difuntos. Los investigadores universitarios prefirieron dirigir sus averiguaciones hacia las mentes de budistas en meditación profunda o monjes orando.

CARTAS DEL «OTRO LADO»
No obstante, las cosas están empezando a cambiar, porque desde hace algunos años se están llevando a cabo pioneras investigaciones neurológicas encaminadas a analizar el cerebro de los médiums.

Las conclusiones preliminares de dichos estudios son tan inesperadas como fascinantes, puesto que han desvelado capacidades y estados cerebrales no contempladas anteriormente; nuevas facetas del funcionamiento de nuestra materia gris que, a todas luces, parece un rico y complejo universo interior sin fondo a la vista. En 2008, un equipo científico multidisciplinar dirigido por Julio F. P. Peres, de la Universidad Federal de Goiás (Brasil), y Andrew Newberg, de la Universidad Thomas Jefferson de Pensilvania (EE UU), convocaron en Filadelfia a diez médiums brasileños practicantes de escritura automática.

Los sujetos escogidos fueron divididos en dos grupos iguales de cinco personas en función de su experiencia. En el primero reunieron a los psíquicos con menos trayectoria mediúmnica, y en el segundo a aquellos otros con décadas de práctica a sus fenómeespaldas. En la selección previa, los científicos habían descartado a cuantos cobraban por sus servicios espirituales, ya que «la necesidad de ofrecer un resultado podría distorsionar la experiencia mediúmnica espontánea», argumentaron en su artículo Neuroimagen y mediumnidad: una prometedora línea de investigación, publicado en la Revista de Psiquiatría Clínica.

Los investigadores también prescindieron de los psíquicos dudosos, charlatanes, consumidores de alguna sustancia psicotrópica o claramente diagnosticados con trastornos psiquiátricos, porque todas estas circunstancias contaminarían el estudio. Del mismo modo, para hacer más homogénea la muestra, eliminaron a los sujetos zurdos y únicamente aceptaron a los diestros. Una vez establecido el grupo de análisis, comenzó el experimento consistente en un acto de escritura bajo estado de trance.

Previamente, los habían entrevistado para que explicaran las condiciones ideales en las cuales acostumbraban a comunicarse con los difuntos y trascribir en el papel los mensajes de ultratumba. Peres y Newberg estaban muy preocupados porque todos los médiums se sintieran como «en casa» durante la investigación, porque así obtendrían mejores resultados. Por ello, los sujetos experimentales desarrollaron la prueba a su antojo en un ambiente tranquilo, silencioso y sentados cómodamente.

La psicografía o escritura automática es una de las técnicas más conocidas de expresión mediúmnica. Presenta una particularidad muy curiosa, y es que los psíquicos escriben textos estructurados y legibles aunque, en la mayoría de los casos, no son conscientes de lo que están haciendo. Por lo tanto, actúan ignorando el contenido o la gramática de lo redactado y, sin embargo, estas son operaciones mentales que requieren intención, atención y consciencia.

¿Cómo es posible que los médiums consigan ejecutar dicha actividad compleja con un cerebro relajado? Peres y Newberg sometieron a los sujetos a una monitorización profunda para tratar de llegar al fondo del fenómeespaldas no. Les aplicaron una tomografía por emisión de fotones, que permite observar el funcionamiento cortical generando neuroimágenes, y midieron el flujo sanguíneo cerebral durante la prueba.

SORPRESA CIENTÍFICA
Luego, para establecer las diferencias, compararon los datos obtenidos en estado de trance con aquellos otros recopilados durante la vigilia: es decir, los médiums repetían el mismo ejercicio de escritura bajo idénticas condiciones ambientales, pero esta vez no durante el trance, sino conscientemente. Los resultados finales sorprendieron a todos.

«Nuestra hipótesis a priori era que las áreas involucradas en procesos cognitivos mientras se escribe conscientemente, tales como el raciocinio y la planificación del contenido, mostrarían una activación similar a la escritura bajo el trance mediúmnico», escribieron Peres y Newberg en su artículo.

Es decir, esperaban que las zonas del cerebro que trabajan durante la redacción de un texto elaborado, manifestaran el mismo grado de activación tanto si el sujeto lo escribía en estado de trance como si lo hacía en vigilia. En ambos casos deberían aparecer implicadas las regiones corticales asociadas a la creatividad, el razonamiento complejo, la generación del lenguaje y la planificación. Sin embargo, la neuroimagen y los niveles de sangre en el cerebro señalaron otra cosa:

«Nuestra hipótesis a priori no se confirmó, ya que los resultados presentaron significativos cambios en el flujo sanguíneo en diversas áreas del cerebro durante la psicografía, en comparación con la escritura fuera del estado de trance». Por consiguiente, ante análogos movimientos de la mano –escribir un texto elaborado y con sentido–, el cerebro se comportó de una manera muy diferente dependiendo de si el sujeto estaba en trance o no.

NO SON SUS MENTES, SON LOS ESPÍRITUS
Durante el trance, los médiums más veteranos presentaban poca actividad en las áreas corticales vinculadas a la creatividad, el razonamiento complejo, la generación del lenguaje y la planificación. Eso no impidió que sus frases escritas automáticamente resultaran profundas y con estructuras narrativas muy complejas.

Un grado de sofisticación que cabría esperar cuando esas áreas del cerebro están a pleno rendimiento en vigilia, con la mente consciente, pero no cuando están inhibidas o en relajación mental. En cambio, la respuesta cerebral de los médiums novatos fue muy distinta. Estos sí que evidenciaban una sobreactividad cortical en las zonas ligadas a la narración escrita, como si tuvieran que esforzarse mentalmente más durante el trance para conseguir los mismos escritos sofisticados que sus colegas veteranos.

Los investigadores no encuentran una explicación válida para este comportamiento neuronal tan llamativo e intrigante. A menor actividad cerebral en las áreas que rigen la escritura elaborada, debería corresponder un texto sumamente sencillo o incoherente, no frases y párrafos propios de quien redacta juiciosamente a plena consciencia. Por lo tanto, ¿qué está sucediendo en el interior de esas mentes? ¿Qué está guiando la mano de los médiums más experimentados durante el trance?

Peres y Newberg parafrasean en su artículo la opinión de los psíquicos, quienes no abrigaban ninguna duda al respecto: «La autoría de los textos psicografiados se debe a la actuación de los espíritus comunicantes y no puede ser atribuida a sus propios cerebros». Bajo tal supuesto, casi todo el aparataje neuronal, bioquímico y sanguíneo en la cabeza del médium resultaría bastante irrelevante. El cerebro no demandaría altos índices de actividad ni tampoco utilizaría las áreas funcionales relacionadas con la escritura, porque sería el difunto quien pensaría por el propio médium, llevaría la iniciativa, haría todo el esfuerzo intelectual e, incluso, movería la mano del psíquico desde el más allá.

Una osada posibilidad que, sorprendentemente, Peres y Newberg no desestiman de antemano en su informe, ya que, como señalan literalmente, «es también una hipótesis plausible». No obstante, desconcierta el diferente comportamiento cerebral de los médiums novatos frente a los veteranos. Los primeros necesitaron hacer un sobreesfuerzo mental –reflejado en un mayor flujo sanguíneo– para ejecutar la misma actividad psicográfica.

Por tal motivo, los autores de la investigación plantean la posibilidad de que una práctica reiterada de la escritura automática conlleve un aprendizaje que optimice los recursos de la mente. A la manera de un músculo adiestrado en un gimnasio, los médiums experimentados habrían logrado hacer más con menos, empleando menor esfuerzo mental que sus colegas principiantes en la ejecución de una misma tarea.

Por otro lado, el análisis de los circuitos neuronales descartó absolutamente el fraude o la impostura de los médiums, algo que muchas veces ha sido esgrimido como explicación. Así, Peres y Newberg escribieron: «El nivel comparativamente reducido de actividad en la corteza temporal, giro pre-central, hipocampo y cíngulo anterior en los médiums experimentados, también refuerza sus relatos subjetivos de que no tenían conciencia del contenido escrito durante la psicografía». En consecuencia, este experimento de carácter exploratorio ha revelado un funcionamiento inesperado del cerebro, digno de mayor investigación.

MÁS INVESTIGACIONES SORPRENDENTES
Otra fecunda línea de investigación ha pretendido resolver e identificar, de una vez por todas, el estado mental de los médiums. Repetidamente, la literatura académica ha postulado que los trances de este tipo responden a una simple autohipnosis o bien a una patología psiquiátrica como la epilepsia, esquizofrenia u otro trastorno disociativo de personalidad. En todos los casos, nada sorprendente o desconocido por la psicología moderna.

Sin embargo, recientes estudios apuntan en otra dirección y conceden a la mente mediúmnica un estado especial de funcionamiento dotado de cierta originalidad. Durante 2014 y 2015, investigadores de la Universidad de Mato Grosso (Brasil) midieron en veinte mujeres médiums muy experimentadas la potencia de sus ondas cerebrales Theta, Alpha y Beta antes, durante e inmediatamente después de hablar en trance.

Las lecturas electroencefalográficas obtenidas para dichas ondas diferían de las habitualmente registradas en disociaciones patológicas o estados hipnóticos, pero también en el simple estado de vigilia. Por otro lado, tampoco se detectaron diferencias relativas a la salud mental de las médiums frente a las participantes en el grupo de control que no poseían capacidades de comunicación con los difuntos. En 2004, A. Moreira-Almeida estudió para su tesis doctoral a 115 médiums de centros espíritas ubicados en São Paulo.

La mayoría presentaba síntomas disociativos, pero ninguno cumplía con los requisitos de trastornos disociativos, y mucho menos cabía diagnosticarlos como esquizofrénicos. Por tal motivo, el autor de esta investigación advertía de que «sería difícil clasificar como portadores de un trastorno mental a individuos que están satisfechos con su mediumnidad, no presentan ninguna tasa elevada de otros problemas psiquiátricos y poseen una buena integración social».

En consecuencia, alertaba a quienes se precipitaban en identificar signos patológicos en los estados de trance psíquico, porque tales dictámenes suelen derivar, peligrosamente, «en actitudes autoritarias, prejuiciosas y represivas por buena parte de la comunidad psiquiátrica contra las religiones mediúmnicas». Igualmente, la hipótesis de que la epilepsia podía ser la causa del trance mediúmnico quedó descartada gracias a una investigación desarrollada en 2010 en la Universidad de San Francisco (EE UU). Los científicos sometieron a nueve médiums a lecturas electroencefalográficas, sin que ninguno de los psíquicos presentara las descargas eléctricas descontroladas propias de dicha enfermedad.

CHICO XAVIER ANTE LA CIENCIA
Brasil posee una larga tradición de médiums psicográficos, aunque, sin duda alguna, el más famoso e influyente de todos ellos ha sido Chico Xavier (1910-2002). Casi tres millones de espectadores acudieron a las salas de cine para disfrutar de una película sobre su vida, y en 2010, la Empresa Brasileña de Correos emitió un sello postal con su retrato para conmemorar el cente nario de su nacimiento.

No en vano, Xavier escribió más de 400 libros dictados desde el más allá. Difuntos anónimos, pero también célebres literatos portugueses fallecidos, guiaron la mano del médium brasileño hasta hacer de él un autor de éxito. Algunas de sus obras –siempre redactadas a través de escritura automática– llegaron a vender más de un millón y medio de ejemplares.

Con los beneficios acumulados creó una fundación para asistir a los más desfavorecidos, iniciativa que le valió la candidatura al Nobel de la Paz. Chico Xavier se sometió a algunos estudios clínicos. Su electroencefalograma presentaba características propias de la epilepsia, aunque es cierto que nunca fue diagnosticado de dicha dolencia por los médicos.

El famoso médium falleció en 2002, aunque solo años después, en 2014, investigadores de las universidades de São Paulo (Brasil) y Aberdeen (Escocia) retomaron el caso. Pretendían averiguar si Chico Xavier disfrutó de alguna capacidad excepcional, un talento desconocido que no pudiera atribuirse a causas naturales y que desafiara la teoría de que la mente es un producto exclusivamente vinculado a la materia.

Para ello, el equipo universitario emprendió una búsqueda sistemática de cartas psicografiadas por Xavier. Es decir, textos supuestamente redactados por el médium en trance al dictado de una persona fallecida. Se estima que Chico elaboró más de 10.000 de estas cartas personales. Pues bien, el resultado de las pesquisas deparó la localización de 13 misivas pertenecientes a un mismo autor difunto, identificado como Jair Presente o JP.

INFORMACIONES EXACTAS Y PRECISAS
De la lectura de este conjunto de textos se extrajeron una serie de datos y elementos susceptibles de ser verificados objetivamente. En su mayoría se trataba de nombres propios y apellidos, parentescos, descripciones detalladas de acontecimientos y fechas precisas. Al mismo tiempo, los investigadores valoraron la probabilidad de que Chico Xavier hubiera podido acertar dichas informaciones biográficas relativas al fallecido mediante fraude, azar, filtración de datos o lectura en frío mientras efectuaba las sesiones mediúmnicas.

Por eso, el equipo se puso en contacto con la hermana y amigos cercanos de JP, con los que contrastaron uno a uno los elementos verificables tomados de las cartas. A juicio de los investigadores, el 98% de los datos seleccionados se ajustaban a la realidad de un modo «claro y preciso», y ninguno de los mismos fue calificado como «no apto».

En consecuencia, afirman los autores del estudio, «los resultados de nuestra investigación sugieren que las cartas de Xavier transmitieron informaciones exactas y precisas, así que las explicaciones normales para ello –es decir, el fraude, el azar, la fuga de información y la lectura en frío– son solo remotamente plausibles». Los investigadores publicaron un artículo con los resultados de su estudio en la revista científica Explore: The Journal of Science and Healing, en el cual animan a otros científicos a realizar investigaciones similares con más médiums, lo cual podría terminar exigiendo «algunos cambios radicales en el modo en que pensamos la estructura del mundo».

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario