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Esto pasó cuando dieron LSD a personas ciegas

Miércoles 07 de Noviembre, 2018
Entre los efectos del LSD se han descrito numerosas experiencias extrasensoriales. Pero, ¿qué sucede si los que toman estos alucinógenos carecen de alguno de los cinco sentidos? Josep Guijarro.

La dietilamida de ácido lisérgico –LSD por sus siglas en inglés–, fue sintetizada por primera vez en 1938 por Albert Hofmann. Durante los años 50 y 60 del siglo pasado fue una herramienta habitual entre los psicólogos y psiquiatras. Su uso como droga recreativa –especialmente durante la época hippie– motivó que las autoridades declararan tanto su tráfico como su consumo ilegales, primero en los Estados Unidos y después en el resto del mundo.

Tan sólo 75 microgramos de LSD son capaces de difuminar las fronteras entre las distintas partes del cerebro. Esta droga psicodélica dispara la actividad cerebral y provoca alucinaciones sensoriales que diluyen la conexión con el mundo exterior. Pero, ¿qué ocurre cuando quien está bajo los efectos de este psicodélico es ciego?

A esta cuestión ha tratado de dar respuesta una científica invidente. Nos referimos a Ilsa Jerome, investigadora clínica de la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos – MAPS, por su acrónimo en inglés–.

Descubrió que las drogas psicodélicas pueden producir en los ciegos alucinaciones parecidas a las experiencias sinestésicas, es decir, cuando un estímulo sensorial de un tipo produce una experiencia involuntaria en otro sentido. Por ejemplo, oír puede desencadenar una percepción “visual” de sabores o colores.

El único estudio científico llevado a cabo se remonta a 1963, cuando un grupo de oftalmólogos suministró a 24 pacientes LSD y evaluaron su visión mediante electrorrenitogramas antes y después de ingerir la droga. Resultó que si los sujetos habían tenido experiencias visuales posteriores a los dos años de vida, el psicodélico les proporcionaba alucinaciones visuales, generalmente abstractas, como manchas, luces, puntos y parpadeos.

Muy pocos dijeron que vieron imágenes “complejas”, como caras, objetos, o colores. “Los investigadores no eran psicólogos –objeta Jerome– sino oftalmólogos. Estaban explorando una hipótesis acerca de la retina que resultó ser errónea”, concluye. Y es que, si bien el LSD cambia las señales eléctricas de la retina, resulta que éstas no pueden ser asociadas a las alucinaciones.

Especialmente relevante es la experiencia de Blue Pentagon, invidente de nacimiento que ha consumido LSD y, durante 40 años, ha fumado gran cantidad de marihuana: “Aunque tomaba droga desde joven, el LSD era con la que me sentía más conectado, experimentando a través del oído, del tacto y las emociones, pero nunca visualmente”.

También percibía el habla ajena de forma distorsionada, pudiendo oír las palabras, reconocer el idioma pero no entender su significado. Esta afasia es común, pero suele asociarse con la estimulación visual, no recordando el nombre o función de los objetos, pero sabiendo usarlos.

Robin Carhart-Harris, científico del Imperial College de Londres, ha registrado con modernas técnicas de neuroimagen el cerebro de un grupo de individuos que habían tomado ácido y observó cambios en el cerebro que sugieren que los voluntarios estaban viendo con los ojos cerrados, aunque vieran desde su imaginación, no del mundo exterior.

“También vimos que muchas más áreas del cerebro de las habituales estaban participando en el procesamiento visual”, afirma, pero nadie puede describir aquello que nunca ha visto. Lo contrario sugeriría una percepción de tipo extrasensorial todavía por probar científicamente.

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