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Canarias insólita

Jueves 02 de Febrero, 2017
En el siguiente reportaje mostramos, en exclusiva, los testimonios de fenómenos tan inexplicables como absurdos que suponen una afrenta a la lógica de nuestro mundo tridimensional…
Texto y fotos Luis Javier Velasco
Testigos frente al extraño socavón aún visible.

Al igual que ha ocurrido en otras zonas del mundo, en Canarias también han aparecido enormes socavones cuya causa se desconoce. Eso sucedió en 1987 en la ladera de un cono volcánico muy próximo al célebre faro de Punta Orchilla, en la isla de El Hierro, por donde se trazaba en los mapas el Meridiano Cero antes de que se impusiera el de Greenwich. Nos narró el hecho el hijo del farero, Miguel Ángel Callau, que pasó su infancia y juventud en compañía de sus hermanos en aquellos solitarios parajes. Todos los días, al atardecer, los jóvenes sacaban a pasear los perros por los alrededores del faro, un área que conocían perfectamente. Pero ese día se asombraron al contemplar un enorme agujero en el suelo justo en una pequeña explanada junto al camino de acceso al faro. El día anterior no estaba allí, era como si hubiera surgido de la nada.

Intrigado, Miguel Ángel se metió dentro del enorme socavón, de casi 1,80 metros de profundidad. Lo más extraño es que sus aristas aparecían perfectamente delineadas y el fondo completamente plano.

Semejaba que «alguien» había extraído un cubo perfecto del sustrato de ceniza volcánica, quedando únicamente alrededor del borde una especie de murete de terreno suelto. Cuando trascendió el hecho, alguno intentó explicarlo como resultado del trabajo de una retroexcavadora. Pero era imposible porque la pala mecánica no excava esquinas tan perfectas y nadie de la familia ni los perros –que ladraban insistentemente ante la presencia en la zona de cualquier persona– detectaron la presencia de semejante vehículo. Algo similar sucedió en Hessdalen, el célebre valle noruego tan conocido por sus constantes avistamientos de OVNIs, cuando unos cazadores descubrieron una «loncha» de terreno que había sido extraída quirúrgicamente del sustrato. Parecía que había sido cortada a láser y depositada cerca.

AERONAVES ESPECTRALES
Estupefactos se quedaron nuestro informante Ramón Q., su cuñado y la mujer e hija pequeña de éste cuando vieron que prácticamente sobre sus cabezas volaba un flamante y enorme Airbus de dos motores. Les extrañó su baja altitud, rumbo y, sobre todo, que no hacía ningún sonido. Se desplazaba en completo silencio. Los cuatro testigos dejaron de prestar atención a su actividad lúdica –estaban practicando la pesca recreativa en la zona de El Zoco, en El Confital, al suroeste de La Isleta (Las Palmas de Gran Canaria)–, para no quitar ojo al inusual acontecimiento. Y no era para menos, puesto que era del todo inusual que una aeronave volara tan cerca del suelo. El avión venía en un rumbo estimado nortesur, sobrevolando la barriada de Las Coloradas y realizando un giro muy pronunciado, con su ala izquierda muy cerca de tierra.

Observaron el avión con toda claridad: la hilera de ventanillas, los flashing–lights, las dos turbinas, su llamativo color blanco… Desgraciadamente nuestro informante no se fijó si al menos en el timón de cola había algún distintivo de una aerolínea aérea.

A continuación, después de mantener un rumbo estable, giró hacia el este en dirección a Fuerteventura y se introdujo en una «nube pequeña, casi semitransparente», de la que ¡jamás salió! Es como si se hubiera desvanecido dentro de la nube. Incluso varias personas que se hallaban en lo alto de la Montaña de La Cruz, en los riscos de El Confital, se quedaron mirando hacia lo alto un buen rato, por lo que es de suponer que existieron más testigos del incidente, ocurrido sobre las 20 horas del 11 de junio de 2016. Sin duda más personas observaron el fenómeno, como es el caso de mi hermana Lourdes, que se encontraba en el barrio capitalino de Tinocas, justo enfrente de La Isleta. Allí llamaron su atención los destellos repetitivos de una luminosidad roja. Se trataba de la luz de navegación del costado de babor de un avión. Aquello le resultó extraño: primero porque era demasiado grande e intensa y se movía muy lentamente, y en segundo lugar volaba demasiado baja, casi rasante a la zona de Las Coloradas.

Mi hermana observó la aeronave ya de noche, y cuando me lo contó, nada sabía de lo que habían contemplado Ramón y su familia.

Un suceso similar ocurrió el 9 de junio de 1992 en la playa de los Abades, en Arico (Tenerife). En aquella ocasión, también pasadas las 20 horas, aconteció lo siguiente en boca de uno de los testigos: «Rompiendo la calma con un estruendo similar a un sonido de turbinas, en una zona conocida con el nombre de la montaña de Abades, un objeto parecido a un avión, completamente blanco salvo una supuesta línea diagonal azul en la cola y sin ventanillas, se precipita contra el mar, sumergiéndose en sus profundidades –tras flotar durante unos minutos– sin dejar rastro de lo sucedido». En este caso la aeronave sí emitía sonido, pero también desapareció de manera extraña. Los observadores dieron aviso a las autoridades de lo que semejaba un accidente aéreo, pero tras días de infructuosa búsqueda nada se encontró, ni tampoco desapareció ninguna aeronave, por lo que al final todo quedó en una falsa alarma, a pesar de que los testigos continúan manteniendo su versión.

Lee el artículo completo en AÑO CERO nº 319

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