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Experiencias Cercanas a la Muerte en la noche de los tiempos

Martes 01 de Agosto, 2017
De papiros del antiguo Egipto a crónicas de la Grecia clásica, pasando por el Libro tibetano de los muertos y milenarios textos del judaísmo, entre otras antiquísimas fuentes, son innumerables los escritos que aluden a visiones del más allá experimentadas por quienes sufrieron un proceso de muerte clínica. Estos sucesos, que han dado forma a muchas de las grandes corrientes religiosas, son muy similares a las experiencias cercanas a la muerte que hoy en día investigan médicos y científicos en todo el mundo.
Miguel Pedrero

El fenómeno de las experiencias cercanas a la muerte (ECM) se convirtió en asunto de interés para el gran público tras la publicación del best seller Vida después de la vida en 1975. Su autor, Raymond Moody, daba a conocer 150 casos de personas que habían sufrido un proceso de muerte clínica y, tras «resucitar», referían haber permanecido en el «otro lado». Los relatos de todos ellos eran sorprendentemente similares: observaban sus cuerpos físicos desde lo alto, penetraban en un túnel con una luz de indescriptible belleza al fondo y sentían una paz y felicidad imposibles de expresar con palabras.

Algunos volvían en sí en ese instante, pero otros atravesaban la luz y se encontraban allí con familiares o amigos ya fallecidos o con entidades de aspecto angelical y/o espiritual, en compañía de los cuales repasaban toda su vida en una suerte de juicio, sintiendo en propias carnes el mal que habían provocado a sus semejantes. Normalmente, en ese instante el protagonista era informado de que todavía no había llegado su hora y debía regresar a su existencia terrenal. La mayoría de los individuos deseaban quedarse en ese lugar de inenarrable armonía, pero eran obligados a retornar a su cuerpo físico, proceso que recordaban con enorme desagrado. Desde entonces, han sido muchos los libros e investigaciones científicas y académicas que se han ocupado de tan trascendente asunto. Sin embargo, no se trata de un fenómeno contemporáneo, sino que existen referencias a ECM en antiguos relatos y en textos religiosos de diversas tradiciones y culturas.

Es más, muchos sospechamos que esta clase de incidentes han tenido una enorme influencia en la configuración de las cosmogonías de las más variadas creencias y religiones, como el cristianismo, el judaísmo o el budismo, por citar tres de las mayoritarias en cuanto a su número de seguidores.

EL SORPRENDENTE RELATO DEL FILÓSOFO
Una de las narraciones más antiguas de esta clase es la que da a conocer Platón (427-347 a. C.) en La República. En esta obra, el filósofo griego pone en boca de Sócrates (470-399 a. C.) el relato de la inusual experiencia de Er, que aparentemente cayó muerto en una batalla, pero que volvió a la vida en el momento que iban a quemar su cuerpo en una hoguera junto al resto de los fallecidos en combate. Una vez repuesto de sus heridas, narró que había experimentado cómo su alma había abandonado la carcasa física que la contenía y, junto a otros caídos en la guerra, recordaba haber llegado a un paisaje de belleza sin igual, donde pudo observar dos aberturas, una de las cuales iba a dar al cielo y la otra bajo tierra. Entre ambos «túneles» estaban aposentados unos jueces que ordenaban qué camino debía tomar cada una de las almas. Cuando le tocó el turno a Er, uno de los «magistrados» le informó de que todavía no había llegado su momento, de modo que su cometido sería el de narrar a los seres humanos cómo era el mundo de los espíritus.

Nuestro protagonista también tuvo la oportunidad de contemplar una escena que lo dejó impactado: las almas que provenían del Inframundo se mostraban ante sus ojos cubiertas de suciedad y tristes, mientras que aquellas que descendían de los reinos celestiales lo hacían ataviadas con limpios ropajes y rostros de felicidad y plenitud. Unas y otras regresaban de un período de adaptación en el que experimentaban terribles penalidades o vivencias de enorme beatitud, dependiendo de qué manera se hubieran comportado en su existencia terrenal.

Después de siete días, los espíritus llegaban a un lugar donde unas «sirenas» cantaban a cada uno su pasado y les informaban sobre las posibilidades de su futura encarnación en la Tierra, a la vez que podían contemplar  «un nuevo ciclo de vida y mortalidad». Al respecto, Er aclara que aquellas almas que venían de las regiones subterráneas no escogían tan a la ligera su siguiente vida, sino que tenían en cuenta aquella existencia que mejor se amoldaba a su proceso de evolución espiritual.

A continuación, los espíritus que iban a encarnar se dirigían hacia la Llanura del Olvido. Allí bebían de un río y olvidaban todo su pasado y presente. A media noche, cuando se encontraban descansando, se escuchó un ruido de truenos, la tierra comenzó a temblar y, de repente, todos salieron disparados en dirección al cielo, pero en distintas direcciones. En forma de estrellas fugaces se dirigían hacia su siguiente nacimiento en el planeta Tierra. «En cuanto a Er –escribió Platón–, se le impidió beber el agua del río; sin embargo, sin saber por dónde ni cómo, su alma se había unido a su cuerpo; y al abrir los ojos de pronto en la madrugada, vio que estaba tendido sobre la pira».

EL LIBRO TIBETANO DEL MÁS ALLÁ
Algunos especialistas defienden que el relato de Platón es el texto más antiguo alusivo a una ECM del que se tiene conocimiento, pero la mayoría argumentan que escritos sagrados de diversas religiones, mucho más antiguos que La República de Platón, contienen elementos propios de esta clase de experiencias. Sería el caso del conocido como Libro tibetano de los muertos (Bardo Thodol), cuyo objetivo es dar a conocer qué nos espera en el «otro lado» una vez abandonemos nuestro cuerpo físico. Escrito en el siglo VIII d. C. por Guru Padmasambhava, legendario maestro espiritual que introdujo el budismo en el Tíbet y estableció las bases del Vajrayana –amalgama de enseñanzas budistas y elementos de la tradición indígena Bön, mayoritaria en el Tíbet antes de la llegada del propio Padmasambhava–, el Bardo Thodol está basado en conocimientos mucho más antiguos, transmitidos oralmente durante milenios.

El Libro tibetano de los muertos alude al proceso durante el cual el espíritu abandona el cuerpo físico cuando tiene lugar el deceso, descripción similar a los relatos de aquellos que han protagonizado una ECM

«En tales circunstancias es cuando emerge el principio causal de la conciencia (del difunto), el cual no logra reconocer su situación, preguntándose si está muerto o no. Se ve, como antes, entre sus parientes y los oye sollozar (...) Él puede verlos, pero ellos no pueden hacerlo; él puede oír cómo lo llaman, pero ellos no pueden oír cómo lo hace él. Por eso se aleja descorazonado».

En cuanto cesa la respiración del moribundo, el Bardo Thodol explica que hace acto de presencia «la luz clara del conocimiento», exactamente lo mismo que cuentan aquellos que han pasado por el proceso de una ECM. «No has de tener miedo en esa circunstancia de la luz amarilla, clara y resplandeciente, ni de su intensidad –leemos en el antiguo texto budista–. ¡Reconócela como la sabiduría prístina! ¡Permanece serenamente en el estado más allá de la acción, dejando que tu conciencia trascendente se pose en aquella luz! (...) Si logras reconocerla como el resplandor de tu conciencia trascendente (...), todos los reflejos y rayos de luz se fundirán en ti y obtendrás el estado búdico (...)

¡Permanece serenamente en el estado más allá de la acción y más allá de toda intelección, dejando que la conciencia trascendente se pose en aquella luz!». Según los que han tenido la oportunidad de contemplarla, esa luminosidad, elemento clásico en las ECM, es de una belleza indescriptible y genera un sentimiento de paz y armonía, hasta el punto de que muchos de los que han vivido una experiencia cercana a la muerte sienten que dicho resplandor es su verdadero hogar, que ellos son parte del mismo, al igual que todos los seres vivos de la creación. Como trata de explicar el pasaje del Bardo Thodol que hemos transcrito anteriormente, la conciencia de cada uno de nosotros forma parte de esa luz, el origen de toda existencia, Dios o como la queramos denominar.

Si el espíritu rehúye la luminosidad, aún tendrá otra oportunidad de reconocerse en ella, si no se verá arrastrado a una complicada secuencia de aventuras espirituales, en el transcurso de las cuales su conciencia se irá alejando progresivamente de la «verdad» y, por lo tanto, se verá obligada a nacer de nuevo en la Tierra. «La forma corporal (de la vida) anterior se irá desvaneciendo y se hará cada vez más clara la forma corporal (de tu vida) sucesiva», explica el Bardo Thodol.

Lee el reportaje completo en el nº299 de la revista AÑO CERO

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