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Un hombre lobo en las cortes europeas

Martes 20 de Diciembre, 2011
ENIGMAS

Un guanche entre reyes, nobles y sabios, pero no un guanche cualquiera. Uno que a su exótica y mitificada procedencia, añadía un elemento imposible de ocultar: una fina y homogénea capa de pelo cubriendo la totalidad de su rostro y cuerpo. Pedro Gonsales vino al mundo afectado de hipertricosis universal, y lo hizo en Tenerife, desde donde viajaría por Europa protagonizando una vida novelesca en la que su trastorno fue al mismo tiempo una ventaja.
Pocos personajes de la historia de Canarias podrían presumir de haber tenido una vida tan peculiar como la que le tocó en suerte a Pedro Gonsales. Su rastro en la historia bajo nombres como Petrus Gonsalvus, Pierre Sauvaige o Pedro Piloso permite seguirle la pista a un hombre afectado de una patología indisimulable, generadora de reacciones frecuentemente tan dispares y asociadas como la curiosidad y el rechazo. Pedro padecía la variante de hipertricosis o hirtusismo más visible y pronunciado de cuantos han sido descritos en medicina, la hipertricosis lanuginosa congénita universal, que junto a otros efectos le provocaba un desmesurado crecimiento del bello corporal por todo el cuerpo, incluyendo zonas como el rostro. Su caso, que además transmitió genéticamente a cuatro de sus seis hijos, sorprendió tanto a la Europa de su época que las noticias sobre sus singularidades eran esperadas con inusual interés, representándosele pictóricamente en repetidas ocasiones para curiosidad de intelectuales, clérigos, médicos y monarcas europeos del Renacimiento. De hecho, es precisamente a esa curiosidad que generaba que el tipo de hirtusismo que padecía también sea conocido en medicina como Síndrome de Ambras, por conservarse en el Castillo de Ambras, en Innsbruck, Austria, un total de cuatro cuadros de autor desconocido en los que aparece representado nuestro protagonista y varios de sus hijos. Curiosamente, en la misma colección de la Cámara de Arte y Curiosidades creada por el Archiduque de Austria Fernando II, se conservan varios juguetes mecánicos y cuadros como el célebre retrato de Vlad Tepes.

Nacido entre guanches y vendido como esclavo

El periplo de Gonsales y su familia por varias cortes europeas bajo el protectorado de influyentes personajes como el mismísimo rey Enrique II, constituye una aventura apasionante que hoy conocemos en detalle gracias al detectivesco trabajo realizado por investigadores como el historiador italiano Roberto Zapperi, o el periodista tinerfeño Enrique Carrasco. Ambos, autores respectivos de El salvage gentilhombre de Tenerife y Gonsavus, mi vida entre lobos, escribieron y publicaron de manera sincrónica en el año 2006 sendas biografías sin conocimiento de las indagaciones que realizaba el otro.

Gracias a ellos sabemos que a pesar de que su origen y condición fisiológica le condenaba a priori a llevar una vida de bufón de corte, su inteligencia, carácter y actitudes le ayudaron a esquivar con fortuna ese destino, adquiriendo una educación, modales y posición social fuera del alcance de muchos. Además de aprender castellano y francés, fue instruido en latín y humanidades, recibiendo una educación nada habitual fruto de la empatía que Enrique II sentía hacia él. El rey francés desde el primer momento acogió al muchacho como algo de gran valor y rareza en la Europa de la época, actitud que en parte podría tener que ver con la propia sensación de abandono que el monarca vivió siendo niño, cuando fue entregado por su propio padre Francisco I como moneda de cambio al emperador Carlos V.
(Continúa la información en ENIGMAS 193).

José Gregorio González
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