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Las islas de los gigantes

Martes 23 de Mayo, 2017
El mediterráneo está lleno de indicios que apoyarían la existencia de una “supercivilización” que colapsó tras un cataclismo: ¿La Atlántida? Por Paco González.
Atlántida y los gigantes

Hace alrededor de 11.000 años, un evento catastrófico provocó una pequeña edad de hielo que alteró el curso de la historia. El impacto emocional del suceso, que perduró durante generaciones, puede advertirse en los monumentos megalíticos que se erigieron para recordarlo. ¿Acaso relatos como el del auge y caída de la Atlántida surgieron del mismo modo? En el mediterráneo central y occidental hay numerosas señales que apuntan a que una “supercivilización”, una cultura de auténticos gigantes, sucumbió a aquel devastador cataclismo.

Cuando veo los animales tallados en los pilares de Göbekli Tepe, vienen a mi mente las historias sobre el Diluvio Universal, el Arca de Noé y el relato de Platón acerca del fin de la Atlántida. La culpa la tienen los números. El asombroso santuario prehistórico de Göbekli Tepe se levantó hace alrededor de 11.000 años, la misma fecha que se baraja en relación con la ocurrencia del Diluvio y, también, con la catástrofe que arrasó la Atlántida. Con excepción del santuario de Göbekli Tepe, tan sólido como las piedras con las que fue construido, la inmensa mayoría de científicos rechaza que se produjera una gran inundación como la descrita en el Génesis, que alguien llamado Noé llenara de animales un extraño barco y, desde luego, que existiera una isla-continente como la descrita por Platón. A esos mismos científicos tampoco parece impresionarles que miles de tradiciones de todo el mundo cuenten historias sobre una inundación global casi idénticas a la expuesta en la Biblia, ni que «Noé» aparezca en otras tantas por más que se le llame de modo diferente (Noah, Nuh, Utnapishtim, Siuzudra, etc.).

En general, la ortodoxia científica desprecia estos relatos incluyéndolos en la categoría de lo mítico, legendario e improbable. En resumen, se trataría de cuentos sin base real, al mismo nivel que las historias acerca de gigantes o sobre sociedades perfectas como la que desapareció tras el hundimiento de la Atlántida. No obstante, en el establishment académico también hay excepciones, personas con la mente abierta y ganas de asumir riesgos. Como los científicos de la Universidad de Edimburgo firmantes de un polémico estudio que resumo a continuación.

 

 

 

Un cataclismo real

Publicado en Mediterranean Archaeology and Archaeometry, el informe sostiene que uno de los bloques grabados de Göbekli Tepe, concretamente la llamada «Piedra del Buitre», describe el impacto de un cometa que provocó una mini edad de hielo y cambió el curso de la historia. ¿Cuándo ocurrió ese suceso? ¡Hace 10.950 años! Como no creo en las casualidades, estoy seguro de que un evento así, además de perdurar en la memoria de muchas generaciones, encaja perfectamente con el relato del filósofo Platón sobre la Atlántida, se trate de una parábola o de una descripción fidedigna –quizá un poco exagerada– de una civilización muy avanzada, tanto social como tecnológicamente, que habitó una gran isla ubicada en el Mediterráneo. Pero, ¿quiénes fueron los atlantes? ¿Dónde estaba la misteriosa isla-continente en la que vivían? ¿Continuará existiendo?

Si nos atenemos a lo escrito por Platón hace unos 2.400 años,  los atlantes gobernaron un vasto  imperio marítimo que se extendía al oeste de las Columnas de Hércules, desde el mar Mediterráneo hasta el océano Atlántico. Habitaban una gran isla cuya forma recordaba a la de un cuadrilátero. Su capital era una gran ciudad asomada al mar y formada por varios círculos concéntricos de tierra y agua. En lo más alto, en un templo dedicado a Poseidón, dios de los océanos y las islas, los atlantes sacrificaban toros. La capital de la Atlántida estaba protegida por grandes muros, embellecidos con oro, plata y hierro, pues era rica en metales. De modo parecido brillaban sus templos, llenos de oricalco y marfil. Poseía numerosos puentes, junto a los cuales los atlantes levantaron torres y puertas, y disponía de abundantes canales, uno de los cuales, de mayor tamaño, conectaba el templo de Poseidón con el mar. Pero todo llegó a su fin de manera repentina, cuando varios terremotos y un tsunami arrasaron la Atlántida, sepultando sus maravillas bajo el barro.

Aunque los detalles aportados por Platón pueden resultar imprecisos, lo cierto es que muchos investigadores se han lanzado a la búsqueda de la Atlántida usándolos como si fueran los apuntes de una carta náutica. También suelen tenerse en cuenta sus anotaciones geológicas, sobre todo la que se refiere a la destrucción de la Atlántida a causa de una terrible inundación. Y no menos importantes son sus matizaciones en cuanto a las habilidades arquitectónicas de los atlantes, quienes construyeron torres, puentes y canales imponentes, obras dignas de una sociedad muy avanzada cultural y tecnológicamente.

A propósito de la «arquitectura atlante» y ciñéndonos al ámbito mediterráneo, son varias las islas que tradicionalmente han sido señaladas como posible sede de la Atlántida. A menudo porque en ellas abundan monumentos megalíticos desconcertantes, tanto que quienes los descubrieron atribuyeron su construcción a una estirpe de gigantes. A continuación, visitaremos esas tierras doblemente misteriosas: son las islas de los gigantes y, probablemente también, la memoria pétrea de aquella civilización que Platón llamó Atlántida.

 

Puedes conocer los enclaves mediterráneos en que podrían haber vivido gigantes o los propios atlantes en el Número 323 de AÑO/CERO. 

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