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El profeta Manson

Viernes 01 de Julio, 2005
Charles Milles Manson nació en noviembre de 1934 en Kentucky (Ohio). Cuando su madre, Kathleen Maddox, lo trajo al mundo, era sólo una chiquilla de 17 años. Sin padre conocido Charles se crió en un ambiente conflictivo, reflejo de lo que estaba por venir…
U madre se dedicó al robo y a la prostitución, lo que la llevó a ingresar en prisión durante un periodo de cinco años. Durante ese tiempo, el pequeño vivió con sus abuelos, que pronto se cansaron de él. Cuando Kathleen salió, Manson regresó con ella.

Pero éste, cuando su progenitora conoció a un nuevo amante, volvió a ser abandonado, y desde entonces recorrió múltiples casas de acogida y reformatorios. Una vez alcanzada la mayoría de edad, Charles se casó con Rosalie Jean Willis, con quien tuvo un hijo. Ella pronto acabaría separándose dado el fuerte carácter de Mason, y llevándose al pequeño.

Su carrera delictiva comenzó con el robo de un coche, por el que fue arrestado y condenado a cinco años de prisión en Terminal Island, aunque esta cárcel no fue la única que visitó. Tras ser puesto en libertad en 1958, volvió a ser arrestado al poco tiempo por delitos varios, siendo condenado a diez años de reclusión en la penitenciaria de McNeil. De allí no salió hasta el año 1967.

Marihuana y libertad
Dejando atrás los barrotes, tras media vida encerrado, Manson se encontró con una sociedad muy distinta a la de los conservadores años cincuenta. El joven delincuente descubrió un mundo nuevo de drogas, amor libre y consignas hippies con las que se identificó rápidamente.

Su gran carisma y alto coeficiente intelectual le transformaron en una especie de gurú que dejaba encandilados a sus seguidores, y sobre todo seguidoras. Siguiendo el estilo de vida de las comunas de los años sesenta, Manson fue forjando la que sería bautizada por la prensa como “La Familia”. Jóvenes ávidos de experiencias fuertes, asiduos a las drogas, al sexo y a la música folk-rock se convirtieron en sus fieles servidores. Entre los más cercanos estaban Bobby Beausoleil, alias “Cupido”, Charles “Tex” Watson y Susan Denise Atkins, también conocida como Sadie Mae Glutz.

Durante aquellos años Charles Manson se relacionó con gente del mundo del espectáculo en algunas fiestas. Fue amigo de Dennis Wilson, batería de los Beach Boys, a quien conoció en el verano de 1968. En su casa de Sunset Boulevard “La Familia” vivió durante unos cuantos meses.

Wilson presentó a Manson a personalidades del espectáculo como Terry Melcher y Rudi Altobelli. Ninguno de ellos le dio al gurú la oportunidad que él buscaba dentro del mundo del cine y la música, y sus aspiraciones a cantante de folk se quedaron en un simple intento. Esta fue una de las causas del odio del chico de Kentucky hacia la gente del mundo de los negocios. Precisamente Terry Melcher fue el anterior inquilino del 10.050 de Cielo Drive, propiedad de Altobelli, donde tendría lugar la masacre ideada por Manson.

El primer asesinato de los miembros de “La Familia” fue el perpetrado por Bobby Beausoleil, siguiendo órdenes de Manson, el 27 de julio de 1969. “Cupido” acabó con la vida del profesor de música Gary Hinman, tras negarse éste a pagarle el dinero conseguido con un boleto de lotería. Hinman murió desangrado con dos puñaladas en el pecho asestadas por Bobby, después de que Manson le seccionase un trozo de oreja para que confesara el paradero de los dólares. Durante este crimen, “La Familia” cometió su primer gran error: para desviar las sospechas de la policía hacia el grupo activista de color Panteras Negras –de gran actualidad en la época–, Bobby dejó en la pared una especie de chapucera garra con sangre, muy alejada del símbolo del grupo político, que no dio resultado. Además, los agentes encontraron sus huellas en la escena del crimen.

Beausoleil, que había iniciado una modesta carrera como actor en la película Lucifer’s Rising, del excéntrico director underground Kenneth Anger –autor del libro de éxito Hollywood Babilonia–, fue detenido poco después y llevado a prisión, aunque no confesó.

No llega el apocalipsis
Desgraciadamente el asesinato de Gary Hinman no sería el único. El ansia de destrucción de Manson y sus acólitos no quedaría saciado con este crimen. La personalidad de Charles era de por sí contradictoria, podría decirse que psicótica, aunque, tras un test que se le realizó, se descubrió que poseía un gran intelecto. Manson mezclaba los ideales sesenteros de paz y amor con pensamientos nazis y racistas, e ideas sin sentido que le hacían creer en un cercano apocalipsis. Todo ello rociado con grandes dosis de LSD y marihuana.

Ese armagedón sería llevado a cabo por la raza negra, a la que Manson consideraba intelectualmente inferior, y solo unos pocos elegidos, entre los que se encontraban sin duda él mismo y los miembros de “La Familia” –hasta completar el simbólico número de 140.000– se salvarían, escondidos en cuevas del desierto. Después, Manson se convertiría en el guía que les condujese hacia Agartha, el reino subterráneo –una especie de paraíso terrenal–. Una vez que la raza negra acabase con la blanca, los miembros de la secta convertirían a los negros en sus esclavos, y él se proclamaría el anticristo.

Lo más curioso de su teoría era que la llegada del apocalipsis se la habían transmitido nada menos que The Beatles, a través de algunas canciones de su White Album. Ese curioso y personalísimo fin del mundo fue bautizado por Manson como Helter Skelter –algo así como “a troche y moche–, título de una canción de los cuatro de Liverpool, y futuro título del libro que el fiscal Vincent Bugliosi, encargado del caso Tate-LaBianca, publicaría en los años setenta.

Manson y sus acólitos acostumbraban a realizar extraños ritos en el rancho Baker: solían representar la crucifixión. Por supuesto Manson interpretaba el papel principal, el de Cristo. A continuación, tras dar vida dos de las chicas de “La Familia” a María Magdalena y a la madre de Jesús respectivamente, acompañando sus llantos con los acordes de algunas guitarras acústicas, Manson y las jóvenes se entregaban a los más depravados vicios sexuales, a la espera del fin de los tiempos.

Pero el apocalipsis que supuestamente Lennon y compañía profetizaban no llegó, y Manson, harto de la espera, no se le ocurrió otra cosa que organizar los crueles asesinatos de Tate-LaBianca.

La escena del crimen
El 10.050 de Cielo Drive, en Beverly Hills, fue el lugar elegido por Manson para vengarse de la gente adinerada del mundo del espectáculo, a quienes llamaba “cerdos políticos” –politic piggies–. En aquella lujosa propiedad se encontraban Sharon Tate, esposa del director de cine Roman Polanski –que en esos momentos estaba en Europa dando los últimos retoques a su película La Semilla del Diablo–, el peluquero de Hollywood Jay Sebring, el playboy Voytek Frikowski, Abigail Anne Folger, y el joven Steven Earl Parent.

El primero en morir fue Steven Parent. Sentado al volante de su Nash Ambassador de color blanco, vehículo con el que se disponía a salir del recinto en el fatídico momento en que los acólitos de Manson llegaban a la propiedad alquilada por Tate, recibió cuatro disparos en el pecho del revólver de Tex. Junto a Watson, entraron en la casa Linda Kasabian, Katie y Sadie Mae.

Tex Watson, frenético ya tras el primer crimen, apuntó a la cabeza de Voytek Frykowski, que estaba tumbado en un sofá, con su revólver de la marca Buntline Special. Éste se despertó sobresaltado y cuando preguntó qué era lo que querían, Tex contestó: “Soy el Diablo. Estoy aquí para hacer los negocios del Diablo. Entrégame tu dinero”.

En una de las habitaciones se encontraban charlando Sharon Tate, embarazada de ocho meses, y Jay Sebring. Cuando apareció Tex hubo un forcejeo y éste disparó a Sebring, atravesándole una axila. Después ataron a Sharon y a Sebring, que estaba inconsciente por el impacto.

Todas las víctimas lucharon hasta el final por su vida: Frykowski logró liberarse de las ataduras y golpeó a Sadie Mae cuando ésta se disponía a matarle. Sadie le apuñaló varias veces en las piernas y Tex le disparó en dos ocasiones. Aún así, Frykowski seguía forcejeando, hasta que Tex reventó contra su cabeza la culata del Buntline.

Jay Sebring recibió cuatro puñaladas del descontrolado Watson y Abigail Folger murió cerca de la salida intentando escapar. Watson le cortó en el cuello y la apuñaló varias veces. Frykowski, al que creían muerto, consiguió salir al jardín para pedir ayuda. Se ensañaron con él. Fue encontrado con 51 puñaladas en el cuerpo.

Sharon Tate intentó también sin éxito escaparse. Katie y Sadie la alcanzaron y la sujetaron mientras Tex la apuñalaba hasta morir. Después ataron juntos a Sebring y a Tate, cuyo cuerpo desnudo evidenciaba el avanzado estado de gestación en el que se encontraba, y que constituyó una de las imágenes más dantescas de la masacre. Tras el brutal crimen, Sadie Mae, con una toalla empapada en la sangre de la actriz, escribió en la pared del hall y en la puerta de entrada la palabra “cerdo” –pig–
Poco después los asesinos volvieron al rancho Spahn, en el conocido como Valle de la Muerte, donde se encontraba su cuartel general. Horas más tarde, sin que las autoridades hubiesen descubierto todavía el horrible crimen, Charles Manson y otro miembro de “La Familia” regresaron al 10.050 de Cielo Drive para borrar posibles huellas y recuperar un cuchillo que Sadie había perdido en su lucha con Frykowski. Después ambos regresaron al rancho… y todos descansaron sin ningún tipo de remordimiento.

Más carne en el asador
Manson estaba dando ejemplo de cómo debía llevarse a cabo el apocalipsis, pero su demostración aún no había concluido. La noche siguiente al asesinato de Tate y sus amigos, el Ford blanco y amarillo de la secta se detuvo en otra zona residencial, en el 3.301 de Waberly Drive, distrito de Los Feliz, en Los Ángeles.

Acudieron Tex, Katie, Sadie, Linda Kasabian y Charles Manson, y con ellos dos jóvenes más de “La Familia”: Leslie Van Houten –Lulu– y Steve “Glem” Grogan. Una vez dentro de la casa, encontraron a Leno LaBianca en pijama en el salón, y a su esposa Rosemary en una de las habitaciones. Lo que hicieron con ellos fue aún más brutal que lo ocurrido en Cielo Drive. A Rosemary la obligaron a tumbarse boca abajo en la cama y cubrieron su rostro con la funda de una almohada, que ataron con el cable de una lámpara que encontraron en la mesilla. Leslie la sujetó mientras Katie y Tex la apuñalaban. Entre ambos le asestaron 41 puñaladas. La joven Leslie no se atrevió a apuñalarla mientras estuvo viva, pero tras su muerte, incrustó el cuchillo en sus nalgas 16 veces.

Leno LaBianca aún corrió peor suerte. Tex le apuñaló cuatro veces en la garganta con un cuchillo de la cocina. Después lo dejó clavado y siguió apuñalándole con su propio cuchillo y grabó en el abdomen de la víctima la palabra “guerra” –war–. A continuación Katie, armada con un tenedor que encontró en la cocina, perforó los cuerpos del matrimonio, dejándolo finalmente clavado en el estómago de Leno LaBianca. Con la sangre de Rosemary, “La Familia” repitió su habitual rito: escribieron en la pared ”Muerte a los cerdos” –Death to Pigs–, sobre un cuadro “sublevaos”, y Katie, finalmente, escribió en la nevera la palabra “Caos” –Chaos–.

Una vida entre rejas
La indignación en Los Ángeles y en todo Estados Unidos fue enorme. En apenas dos semanas habían sido asesinadas ocho personas de una forma salvaje. Una gran parte de la sociedad clamaba por la paz, repetía consignas contra la guerra de Vietnam, y hablaba de la bondad del ser humano. ¿Qué había pasado con todos aquellos ideales? Los sesenta estaban llegando a su fin, y con ellos el amor libre, la vida en las comunas y la esperanza ante una sociedad mejor.
“La Familia Manson” se ocupó de recordar al mundo que existían jóvenes a los que la sociedad había dado de lado, cuya forma de vida era alimentarse con los desperdicios de los supermercados, y cuyas únicas vías de escape eran la música y el LSD; almas perdidas que querían ser, como otros tantos, estrellas del rock y del cine, y que no podían conseguir, ni siquiera, una cama digna donde dormir. La forma de recordarlo, por desgracia, fue llevada demasiado lejos.

Tras el asesinato de Gary Hinman, el sargento Paul Whiteley y el ayudante del sheriff, Charles Guenther, fueron asignados al caso. En un principio se relacionaron las muertes de Tate-LaBianca con la de Gary Hinman, aunque Whiteley y Guenther sopesaban una posible relación debido a las pintadas con sangre en ambas escenas del crimen.

Tras la masacre en Cielo Drive, Roman Polanski fue considerado sospechoso del asesinato. Éste se encontraba en Europa en plena posproducción del filme de corte satánico La Semilla del Diablo –Rosemary’s Baby– cuando se produjeron los crímenes. En su filmografía existían un par de películas donde predominaban la sangre y la muerte. En Repulsión, un joven demente apuñalaba a su pareja en la bañera, y en Cul de Sac –Callejón sin salida–, un grupo de personas acababan asesinándose unas a otras. Sin embargo, Polanski nada tenía que ver con las muertes, y llegó a ofrecer una gran recompensa a quien le ayudase a dar con los asesinos de su joven esposa.

En la casa, en el momento de la masacre, además de Tate, Abigail, Voytek, Jay y Steven se encontraba una sexta persona que, en un principio, fue también considerado sospechoso del crimen. Era William Garretson, el guardia de la finca, que se alojaba en la casa de invitados, situada en el jardín trasero de la residencia, y que afirmó no haber escuchado nada.

Finalmente, tras dos meses de investigaciones, y gracias sobre todo a las pistas descubiertas por Whiteley y Guenther, el día 15 de octubre se llevó a cabo una batida en el rancho Spahn. Fue detenida Kitty Lutesinger que, debido a la incompetencia de las autoridades, no fue interrogada hasta el día 31 de octubre. También se detuvo a Sadie Mae debido a las declaraciones de Kitty. La primera contó los crímenes a su compañera de celda Ronnie Howard y a Virginia Graham, con quien trabajaba en la cárcel. Éstas narraron todo a los detectives y, al final, Sadie Mae decidió declarar ante el Gran Jurado de California, describiendo lo ocurrido el 8 de agosto de 1969. El círculo comenzaba a cerrarse…

Un circo mediático
Lo que siguió a las detenciones de Manson y “La Familia” fue uno de los juicios más espectaculares de la historia de los Estados Unidos, que comenzó el 15 de junio de 1970. Manson realizó múltiples declaraciones en las que culpaba a la sociedad por los crímenes que habían cometido. Llegó incluso a raparse la cabeza y a tatuarse en la frente una cruz gamada para provocar la indignación del jurado –muchos de sus seguidores y seguidoras hicieron lo mismo–. El encargado de la acusación fue el fiscal Vincent Bugliosi, que años más tarde publicaría un libro bajo el título de Helter Skelter –que en España se tradujo como Manson, Retrato de una “familia”– en el que se narraba con detalle todo el proceso.

El abogado defensor de Manson fue Irving Kanarek, quien representó a su cliente con gran ahínco, creyendo, según afirmaba, en su inocencia. El propio Kanarek no gozaba de la simpatía de la fiscalía ni de los tribunales del Estado, y había estado involucrado en más de un asunto turbio. Era, sin embargo, uno de los abogados defensores más eficientes de la Costa Oeste en aquellos años.

Tras doce meses de vistas y extravagantes declaraciones, que dieron forma a todo un circo mediático que hizo historia, durante el cual el mismo fiscal Bugliosi llegó a recibir amenazas de muerte, el jurado salió a deliberar. El 25 de junio de 1971 pronunciaron el veredicto: ¡culpables!
En un segundo juicio Bugliosi pidió la sentencia de muerte para los acusados. Fueron sentenciados a la pena capital, pero ésta no se llevó a cabo ya que el 16 de febrero de 1972 el Estado de California revocó la pena de muerte. Su condena fue conmutada por la de cadena perpetua.

Los crímenes de Tate-LaBianca fueron horribles, fruto de unas mentes psicóticas y enfermizas trastornadas por el LSD. Pero fue la poderosa influencia de Manson en sus seguidores lo que provocó sin duda los asesinatos, que seguramente no hubiesen sido cometidos sin su carisma. Era un líder nato, un gurú similar a los líderes de las sectas más peligrosas, que había aprendido, en sus largas estancias en prisión, las técnicas para acaparar la atención de sus seguidores.

Ya nadie recuerda a Frykowski, ni a Sebring, ni al matrimonio LaBianca… pero la imagen de Charles Manson es un icono del siglo XX, imposible de olvidar…o
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Comentarios

Espeluznante, pero, ¿no hace lo mismo el ejército de los estados unidos en nombre de la democracia, sólo que multiplicado por miles?

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