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reliquias templarias

Miércoles 21 de Noviembre, 2018

Durante la Edad Media, los fieles católicos temían el constante castigo divino por cualquier falta o desvío de sus actos. Las nuevas prácticas penitenciales de la Iglesia se fundamentaron a partir de entonces en un ritual que tenía como centro las reliquias, dotadas de cualidades “milagrosas” que redimían simbólicamente del castigo de Dios a los pecadores.

Muchas de las reliquias actuales fueron traídas de Tierra Santa por los templarios, pero hay dos que merecen nuestra atención: El Grial y la Sábana Santa.

Los relatos sobre la copa empleada por Jesús en la Última Cena nacieron justamente mientras Arnaldo de Torroja era Gran Maestre templario. Tal como puso en evidencia Sergio Solsona, la Dama del Lago del mito Artúrico se parece mucho a Sancha de Aragón:

“Las gélidas aguas de los lagos pirenaicos, junto a la pericia de los artesanos, hizo que la fama de aquellos aceros, cruzase los pirineos y se fundiese con la leyenda”.

Los canteros Lombardos, que durante el siglo XII trabajaron en estas tierras, pudieron unir aquella condesa de Urgell con el milagro de San Galgano, quien había clavado una espada en la roca para finalizar su vida como guerrero.

La imaginación de los trovadores hizo el resto. No menos sensacional es el vínculo de la Sábana Santa y la Orden de monjes-guerreros. En 1978 el prestigioso historiador Ian Wilson aseguró que los templarios guardaron en secreto durante más de un siglo la llamada Síndone de Turín. Según su hipótesis, en 1204 tras el saqueo de Constantinopla, cientos de reliquias desaparecen.

Tras algunas peripecias, a finales del siglo XIII, Guillermo pondrá la síndone en manos de la Orden de los templarios quienes la llevarán primero a Acre y en 1291 a Chipre, para introducirla en Francia en 1306.

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