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Atrapados por los muertos vivientes

Miércoles 01 de Junio, 2011
ENIGMAS

De unos años a esta parte, el mundo entero vive un boom inusitado del género zombi, con series de televisión, libros convertidos en best sellers, cómics y películas dedicadas a tan terrorífico personaje. Y lo que aún está por llegar. ¿Dónde está el origen de este esplendor? ¿Por qué nos gustan tanto los zombis?
En 1966 el director de cine norteamericano George A. Romero estrenó su película La noche de los muertos vivientes. Y el mundo tembló ante lo que veía: decenas de zombis regresando a la vida y acechando a un grupo de humanos refugiados en una solitaria casa con la intención de devorarlos vivos.

Con este argumento tan simple, Romero incorporaba un nuevo personaje a la galería del terror y rompía con el antiguo concepto de zombi procedente del folklore y la religión haitiana. El muerto viviente ya no era alguien desposeído de su voluntad y condenado a servir a su amo, sino un ser atroz guiado por el deseo de alimentarse de carne humana. Desde entonces, han sido varias las películas que han seguido esta estela con desigual fortuna, dando a lugar al subgénero zombi, saltando desde las pantallas a los videojuegos, al videoclip, a la literatura, al cómic, incluso a las calles de algunas ciudades a través de diversas actividades con el muerto viviente como tema central.

Pero, ¿por qué este éxito prolongado? ¿Qué es lo que convierte al zombi en una figura cautivadora y aterradora? Carlos Sisí es el autor de Los caminantes (Dolmen, 2009). Para él, lo que nos asusta de ellos es que “están en cualquier parte y que pueden ser tu padre, tu hijo o la ancianita adorable que, de repente, supera las limitaciones de su carcasa humana y corre hacia ti sin importarle su artrosis”, de ahí que ejerza “un poder de bloqueo demoledor”, porque “debe de ser duro tener que volver a matar a alguien que acabas de perder y por quien tienes sentimientos cercanos”.

En Los caminantes, Sisí refleja un mundo apocalíptico donde los muertos han regresado a la vida y los pocos supervivientes que quedan deben enfrentarse al reto de llegar vivos al fin de cada día. Un argumento común a todas las historias de zombis, pero que sigue funcionando porque cada autor añade sus innovaciones, en su caso unir el grupo de supervivientes en torno a la figura de un misterioso personaje desquiciado llamado el Padre Isidro. Y quizá aquí es donde resida la larga vida del subgénero, en su capacidad de innovación y adaptación a los nuevos tiempos. Basta observar la primera imagen del zombi creada por George A. Romero, un ser torpe y vacilante, y la más reciente de la serie televisiva The walking dead, con más movimiento y astucia, para comprenderlo. “En América hay docenas de libros que no se han traducido y llevan el concepto del zombi a todos los niveles imaginables. No hay normas escritas sobre cómo debe ser un zombi, qué lo origina y sus limitaciones, así que en realidad es un concepto de amenaza que da juego para un sinfín de transformaciones a cuál más interesante”, argumenta Sisí. Lo único que parece recurrente es que se trate de muertos vueltos a la vida, que no sea un fenómeno local, sino global; y que sean enormes en número y muy voraces por la carne humana. “Y otro factor inamovible: que el mundo se acabe como tal. Hay algo que nos atrae de esas catástrofes globales. Ver el mundo destruido, la sociedad desplomada”, sentencia el escritor. Pero, para el autor de Apocalipsis Island (Dolmen, 2009), Vicente García, todos estos requisitos pueden reducirse a uno, “que haya zombis”. Él lo sabe bien, ya que su libro es un gran éxito, quizá por las innovaciones que incluye, como centrar la acción en Mallorca y dar vida a personajes muy diferentes a los que llegan normalmente de Estados Unidos.
(Más información en la revista ENIGMAS 186).

Janire Rámila
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