Se encuentra usted aquí

Top Secret: los OVNIs de la NASA

Lunes 18 de Septiembre, 2017
Medios ufológicos de todo el mundo publican diariamente informaciones sobre la misteriosa presencia de objetos no identificados cerca de la atmósfera terrestre. Llamativamente, se trata de artefactos que parecen actuar movidos por una pauta autónoma e inteligente. De hecho, hay quien afirma que esa misma inteligencia tras el fenómeno está muy interesada en monitorizar o vigilar las acciones y programas científicos de nuestros astronautas en el espacio. Por Vicente Fuentes

Desde que el lanzamiento del Sputnik-1, el 4 de octubre de 1957, fuese un éxito, han sido cientos los viajes que se han realizado al espacio, incluyendo trayectos con lanzaderas espaciales, operaciones de establecimiento orbital de satélites geoestacionarios, pruebas balísticas, viajes interplanetarios de sondas, misiones científicas de emisión y recepción de todo tipo de señales de radio, programas de análisis de efectos físicos y componentes químicos e incluso fascinantes seguimientos de cuerpos celestes como cometas y lunas más allá de nuestra vista. Un crisol científico en el que el hombre vuelve a comportarse como aquellos antiguos exploradores y descubridores de tierras y continentes a lo largo del siglo XV.
Ante tal variedad de actividades, hay un elemento que une a todas y cada una de las misiones realizadas por las potencias de la Tierra en el espacio: el acompañamiento, la presencia continua, sea cual sea la naturaleza e intencionalidad de cada incursión, de objetos voladores no identificados o de naturaleza desconocida, anomalías imposibles de explicar bajo un punto de vista científico y racional. Son fenómenos luminosos idénticos a los que encontramos a día de hoy en los avistamientos en fotos y vídeos que protagonizan cientos de personas en todo el mundo. Es el variado enigma de los no identificados mirando de cerca todos nuestros pasos en el espacio.

UN CATÁLOGO MUY INQUIETANTE
Y hablamos de variedad, ya que la cantidad de muestras en fotografías y vídeos que a día de hoy se han desclasificado o filtrado, reúne un abanico de avistamientos y cuerpos a cada cual más interesante. Desde objetos con una constitución aparentemente mecánica, más similares a los míticos platillos volantes de las décadas de los 60 y 70, hasta complejas estructuras bioluminiscentes capaces de fusionarse entre sí y aparecer y desaparecer a voluntad, en una especie de operación de teletransporte cuántico a años luz de la tecnología manejada por las potencias del mundo. Ahora me ves, ahora no me ves.
Algunos de esos cuerpos han sido observados desde diferentes perspectivas, en distintas fechas y misiones. Otros presentan una curiosa interfase prácticamente orgánica que deja incógnitas sobre una posible naturaleza biológica de parte del fenómeno. Aunque también se han constatado avistamientos que sugieren una especial querencia por operaciones de transferencia de materia y energía entre varios objetos, tal y como ocurre históricamente en los avistamientos de OVNIs junto a volcanes y centrales eléctricas, como denotando cierto interés por el magnetismo.
Con esta última característica relativa a la energía comenzamos nuestro recorrido por lo más increíble que se ha visto allende el cielo, porque si hay un caso espectacular en el mundo de los «OVNIs a las puertas de la Tierra» es el ocurrido el día 25 de febrero de 1996, durante el famoso Tether incident.
Aquel día, a 300 km de altura, la lanzadera espacial Columbia estaba realizando maniobras y acciones en el espacio sobre la vertical de Malí, país situado en el noroeste de África. Y de entre ellas llamaba la atención un experimento llamado Tethered Satellite System (TSS-1R), en el que se colocaba en órbita un generador de electricidad de forma alargada que aprovecharía el campo magnético de la tierra para abastecer de energía a las futuras misiones. El experimento fracasó, ya que el generador de gran longitud se partió en el transcurso de las maniobras de colocación en órbita. Pero, para sorpresa del operador de cámara de la NASA, en ese mismo momento, comenzaron a aparecer decenas de objetos voladores no identificados en torno al generador roto. Una vez más, los OVNIs volvían a interesarse por la electricidad, ya que el material semiconductor del TSS-1R estaba interactuando con la ionosfera generando electricidad. Aquella interacción energética pudo captar la atención de la inteligencia que supuestamente habita tras el fenómeno de los no identificados.
Las imágenes en el espectro del infrarrojo muestran dos tipos de objetos, unos más pequeños, similares a los orbes circulares vistos en miles de vídeos alrededor del mundo en la actualidad (habiéndose descartado la presencia de lámparas chinas y meteoritos a esa altura), y otros más grandes, con forma de circulo semitransparente con un agujero en el medio y una especie de muesca en el borde del radio exterior, exactamente igual al que se ve en otro avistamiento de la misión STS-80, y también observado en un avistamiento OVNI cerca del estadio Greenpoint, en Sudáfrica, tras el mundial de 2010.

Este tipo de objetos más grandes han sido identificados con el paso de los años como un posible medio para el transporte de OVNIs más pequeños o, al menos, estarían directamente relacionados con apariciones masivas de los mismos. La posible explicación sobre basura espacial o cristales de hielo flotando en la atmósfera no concuerda con el movimiento y los cambios bruscos de dirección de los objetos, como tampoco explica la aparición de estos extrañísimos círculos semitransparentes, los cuales, además, presentan una luz con intensidad variable y con una cadencia que se repite sin cesar. De hecho, si observamos detenidamente las imágenes oficiales de NASA, existe un flujo interno de energía convectiva en el interior de los objetos de mayor tamaño, una tecnología fascinante, casi de ciencia ficción… Si no fuera porque aquello aparecía en una grabación en directo de la propia agencia espacial norteamericana. Objetos con brillo pulsante, separación y unión de los mismos en cuestión de segundos, cambios de trayectoria con giros de ciento ochenta grados y, finalmente, censura al cortar y editar las imágenes. Nunca se supo cómo ni cuándo acabó el «incidente Tether».

CENSURA IMPLACABLE
Y es que las incursiones protagonizadas por estos objetos son emitidas prácticamente en directo, pero es muy difícil, casi imposible, apreciarlas en su totalidad. La tijera en las retransmisiones de la NASA ha sido –y sigue siendo– una constante a lo largo de los años, algo que pudimos comprobar el 29 de noviembre de 2014, durante un extraño incidente en la ISS. O también durante la misión STS-115, en septiembre de 2006, cuando diferentes objetos voladores no identificados llegaron a rodear directamente la estación espacial internacional presentando formaciones triangulares, vuelos perfectamente sincronizados y seguimientos a distancia.

En este último episodio, los objetos se movían a la misma velocidad que la estación y flotaban acompasados realizando un seguimiento de la misma.

Sin duda, aquella misión fue «especial», porque ya en el despegue y antes del acople con la ISS se produjo un avistamiento a todas luces increíble dentro de la historia de la ufología. Seguro que muchos aficionados al fenómeno recordarán que cuando los astronautas estaban enfocando con sus cámaras la caída del tanque de combustible, que había permitido el establecimiento en órbita del transbordador, un objeto volador no identificado y con apariencia helicoidal se presentó de improviso y en directo a una altura de unos 250 km.

Nunca se había visto algo igual en órbita. La tensión dentro de la ISS fue en aumento, sobre todo porque advirtieron la presencia de un objeto que se hallaba justo en la trayectoria de retorno del transbordador. De hecho, se vieron obligados a posponer 24 horas el viaje de vuelta a la Tierra. Para colmo, en plena crisis, también se dieron cuenta de que un inquietante cuerpo similar a una medusa, con apariencia casi orgánica, podía observarse claramente desde las ventanillas, mientras realizaba diferentes «transformaciones» en maniobras visiblemente inteligentes.

Una vez llegaron a la Tierra y ante la insistencia de numerosos medios de comunicación norteamericanos, la NASA se vio obligada a programar una rueda de prensa para tratar de explicar las anomalías. Sorprendentemente, cuando le tocó el turno de intervenir, la astronauta Heidemarie Stefanyhyn-Piper, quien iba a bordo de aquella misión, se desmayó dos veces en pleno directo.  ¿Simple casualidad, tensión emocional o se vino abajo ante las posibles repercusiones si contaba lo que realmente había sucedido?

Sea como fuere, lo cierto es que no era la primera vez que una misión de transbordadores se había visto interrumpida por este tipo de incidentes. Recordemos la mítica grabación de noviembre de 1996, durante la misión STS-80, en la que se podía apreciar cómo dos luces esféricas, una muy grande y la otra más pequeña, se aproximaban la una a la otra hasta fusionarse, característica observada en los avistamientos de este tipo de OVNIs supuestamente orgánicos desde los años 70. A los pocos segundos, comenzaban a aparecer en la escena más objetos esféricos, cada uno con una velocidad y una trayectoria diferentes, sin posibilidades de que fueran partículas de polvo o cristales de hielo, ya que presentaban cambios de velocidad y sentido imposibles según las leyes de la dinámica y la física de partículas a esa altura.

Unos se detenían y otros seguían moviéndose. Al fondo, no dejaban de surgir resplandores en la atmosfera de la Tierra, producidos por los rayos de una tormenta eléctrica. En un momento dado, un gran orbe parecía salir despedido de nuestro planeta, despegando a una velocidad asombrosa, algo similar a lo ocurrido en septiembre de 1991 en la misión STS-48, con un intenso resplandor precediendo un cambio drástico de trayectoria de otro de estos orbes, con otro despegue imposible desde la superficie de la Tierra. Se trataba de grabaciones espectaculares en infrarrojo con objetos reflejando calor, de la misma manera que el célebre caso de las filmaciones de la fuerza aérea mexicana en el caso Campeche de 2004, utilizando una cámara FLIR de tecnología infrarroja. OVNIs a velocidades imposibles saliendo del planeta y otros entrando en su órbita. Objetos que emitían calor mientras realizaban sus actividades. En suma, estábamos presenciando un inusitado tráfico a las puertas mismas de nuestro planeta.

HABLAN LOS ASTRONAUTAS
A día de hoy, los avistamientos continúan produciéndose de la misma manera y con idéntica fuerza visual que las demostradas en estas grabaciones primigenias de los 90, y gracias a que, desde marzo de 2014, la NASA decidió poner cámaras enfocando a la Tierra, en directo, desde algunos puntos de la ISS (emitiendo a escala global por streaming para todo el mundo), diferentes aficionados han conseguido grabar imágenes polémicas de objetos que parecen acercarse a la estación espacial internacional. Todo ello, por supuesto, antes de que se corte la emisión y se sustituya la misma por una pantalla azul aduciendo «problemas técnicos»… Ese mismo «pantallazo» suele aparecer siempre que ocurren casos como el del 12 de junio de 2014, cuando, desde una perspectiva cenital y enfocando de manera perpendicular a la costa de Brasil, no dejaron de aparecer cuerpos luminosos a una altura más baja que la de la ISS. Incluso llegaron a verse dos esferas juntas, similares a las que pudieron fotografiarse durante las misiones STS-119 y STS-108, o también las que se observaron durante la misión Gemini XII (captadas por Buzz Aldrin, quien antes había fotografiado un evento similar durante la misión Apolo XI, en la llegada del primer hombre a la Luna). Lo más interesante es que este tipo de sucesos no son flor de un día. Los mismos objetos parecen seguir al hombre en su devenir por el espacio en diferentes épocas.

Los OVNIs del Incidente Tether parecían estar atraídos por el semiconductor. Abajo, ampliación de uno de los artefactos

En ocasiones, esta clase de eventos son presenciados por los propios miembros de las tripulaciones de la NASA, la ESA y la Agencia Espacial Rusa, tal y como se ha comprobado tras las declaraciones de hombres como Edgar Mitchel (que realizó una impresionante toma de codificación AS14-66-9344 en donde se ve un objeto pentagonal azulado en la misión Apolo 14) o, más recientemente, Leroy Chiao, quien aseguró haberse encontrado en el año 2005 con una serie de objetos desconocidos a 370 kilómetros de la Tierra, cuando trabajaba en la instalación de una antena de navegación en el exterior de la ISS. Según sus declaraciones, en un momento observó «unas luces que parecían estar en línea recta», subrayando que aquello le pareció algo totalmente fuera de lo corriente. Hasta el día de hoy, la NASA no ha desmentido o explicado las declaraciones de Chiao.

Un evento muy similar al anterior tuvo lugar en abril de 2001, durante la misión STS-100. Los astronautas Kent Rominger, Jeffrey Ashby, Yuri V. Lonchakov, Scott F. Parazynski, Umberto Guidoni, Chris Hadfield y John L. Phillips se disponían a realizar las operaciones necesarias para la instalación del brazo robótico Canadarm, dispositivo que permitiría construir la actual estación espacial internacional. De repente, en una de sus muchas órbitas a 320 kilómetros de altura, el astronauta Hadfield se dispuso a fotografiar la Tierra al paso de la estación sobre la vertical de Egipto, a 51.6 grados de inclinación. La sorpresa llegó cuando, con posterioridad, comprobó que la fotografía STS100-708A-48 mostraba exactamente la misma anomalía que años después comentó su homólogo Leroy Chiao. Aquellas luces imposibles en fila india parecían constituir, como vemos, un fenómeno recurrente. Y es curioso, porque ya sea intencional o no dicha presencia, esta clase de objetos no dejan de aparecer en las imágenes facilitadas por todas las misiones. Por ejemplo, hay un incidente ocurrido el 16 de agosto de 2013, durante una larga caminata espacial realizada por dos cosmonautas rusos, Fyodor Yurchikhin y Alexander Misurkin, en la que mientras que estaban realizando sus trabajos de reparaciones en órbita, un extraño OVNI que emitía una luz muy intensa se coló de improviso en las grabaciones –concretamente en el cuadrante inferior derecho de la imagen–, mostrando algunas de las claves del fenómeno: aceleración y deleceleración, aerodinámica imposible, parpadeo e incluso interferencias en el audio de las trasmisiones de la NASA.

Un encuentro similar se produjo durante la misión STS-74, concretamente mientras se efectuaban algunas labores de reparación de la antigua estación espacial MIR.

Este mismo tipo de objetos fue visto incluso durante el accidente del transbordador espacial Challenger, en 1986, apareciendo en una grabación casera tomada desde Tierra por varios testigos presenciales, quienes observaron cómo hacían acto de presencia esas misteriosas esferas ingrávidas cuando las nubes de la gigantesca explosión comenzaron a expandirse.

Otra de las enigmáticas apariciones de esta tecnología data del día 11 de septiembre de 2001, cuando los astronautas de la ISS pudieron captar una anomalía sobre la isla de Manhattan, justo momentos después del derrumbe de la torre 1 del World Trade Center. En este caso parecía una reunión de esferas prácticamente fusionadas y perfectamente visibles desde los objetivos de las cámaras de la NASA, que inmortalizaron el evento que cambió el curso de la historia.

OVNIS METAMÓRFICOS
Aunque para ejemplo de OVNI en tiempos de crisis tenemos el de la misión Apolo XIII, que pasó a la historia por todos los problemas que padecieron aquellos astronautas, incidentes derivados de la explosión de un tanque de oxígeno justo dos días después del despegue, suceso que inhabilitó el módulo de servicio del cual dependía el módulo de comando. Durante el tiempo en que permanecieron en el espacio, los integrantes de la misión pudieron tomar diferentes fotos antes de comenzar a sufrir problemas. La sorpresa llegó al estudiar una de aquellas imágenes, concretamente la AS13-61-8775, que mostraba una toma de la superficie lunar… Pero también un extraño cuerpo lumínico azulado que parecía estar desprendiendo cierto material del mismo color, en una operación que ha sido vista en decenas de casos de OVNIs lumínicos en nuestro planeta. Al parecer, un objeto de naturaleza desconocida acompañaba a la nave justo antes del fallo que desencadenó la explosión.

Pero el tema no acaba aquí. Algo similar a aquella aparición pudo apreciarse en un momento anterior. Porque, si analizamos otra de las fotografías realizadas en el viaje de vuelta y muy cerca de la Luna, concretamente la AS13-61-8736, podemos observar una excepcional toma cercana de nuestro satélite, en la que se distingue claramente un impresionante objeto volador no identificado de tonos rojizos. A propósito del OVNI, es interesante hacer notar su falta de simetría y la presencia de diferentes densidades en el cuerpo del mismo. De hecho, este objeto es uno de los más raros en la historia de la ufología.

Además, existe otra curiosa fotografía captada durante esta misión, la AS13-61-8875, en la que, en primer lugar, se aprecian tres cuerpos en formación triangular de color azul oscuro, algo muy inusual en ufología, más teniendo en cuenta que en la misma escena se observan dos estructuras cilíndricas que tampoco deberían estar ahí. Por si fuera poco, el conjunto de los objetos producía una llamativa pareidolia: un gigantesco rostro que parecía sonreirnos desde el espacio. Por otra parte, pero en la misma toma y flotando casi a la misma altura, nos encontramos una anomalía con forma de lágrima y un núcleo interno completamente definido, de color turquesa.

Podríamos hablar del mismo fenómeno de los OVNIs del tipo «serpiente» o EBANI (acrónimo de Entidades Biológicas Aéreas No Identificadas), pero esta vez con una forma especialmente contorsionada, como doblada sobre sí misma.

Estos objetos se han detectado en áreas de México y EE UU y se especula con que estarían relacionados con inmensos conglomerados de esferas.

Otro de los avistamientos anómalos en los aparecen estos extraños cuerpos alargados cerca de la Tierra, es el que puede apreciarse en una fotografía de la NASA de una preciosa aurora boreal, que data del año 2003, y cuya codificación oficial es ISS006-377-9. Se trata de una fotografía desclasificada por la NASA, tomada prácticamente en órbita polar, en la que se aprecian una serie de puntos que muestran una inusitada intensidad lumínica, aunque sin reflejar la luz de la Tierra. Formado por diferentes núcleos, aquel objeto múltiple parecía integrarse por la misma tecnología que caracteriza a los OVNIs lumínicos, pero con una estructura alargada muy parecida a la de los EBANI. Una auténtica maravilla volante no identificada.

Otra de esas increíbles estructuras pudo verse en la toma AS11-40- 5867, en el descenso de Buzz Aldrin a la Luna el 20 de julio de 1969. A cierta distancia, en la oscuridad, aquel extraño cuerpo observaba los primeros pasos del hombre en un astro que no era la Tierra. Cambiando de época y perspectiva, disponemos de un ejemplo muy significativo ocurrido el 14 de septiembre de 2008, a las 23 horas y 41 minutos, en la frontera entre Ucrania, Bielorrusia y Polonia. Se trata de una fotografía tomada desde la estación espacial internacional a 343 kilómetros de altura, concretamente en la órbita número 266 de la misión. Un astronauta de la NASA realizó una serie de fotografías, hoy sorprendentemente desclasificadas, en donde aparecen unos extraños cuerpos multicolores relacionados con el fenómeno de los EBANI.

Igualmente, en la fotografía ISS020- E-025116, datada el 26 de julio de 2009, apareció una anomalía de similares características durante un experimento llevado a cabo en el transbordador espacial Endeavour.

CUANDO LA LUZ ES SÓLIDA
Este tipo de avistamientos, sin duda, ponen en evidencia la evolución del fenómeno OVNI hacia un punto más orgánico, unas formas menos identificables y más volubles. Aunque esta no sea la apariencia más extraña del fenómeno…

Además de esta tecnología «de luz sólida», según la definición acuñada por el investigador J.J. Benitez en los años 70, el fenómeno de los OVNIs a las puertas de la Tierra proporciona auténticas maravillas capaces de rebasar nuestra imaginación. Una de ellas fue captada en abril de 1981, cuando la misión TS001-10-52 orbitaba sobre la vertical de Texas y a una altura de 214 km. La descripción más acertada del objeto fue la que lo definió como «una esfera de mercurio gigante en el espacio», una apariencia similar a la que presentaban sendos no identificados fotografiados desde Holanda en 2012 y Rusia en 2001, igualmente descritos como «de metal líquido».

También se han podido observar OVNIs con forma de corazón, como el aparecido en una imagen captada durante la misión STS-104 en julio de 2001, cuando orbitaba sobre el desierto del Sahara. A primera vista, en esa toma se observa un cuerpo cuya estructura externa parece translúcida, puesto que en el interior del mismo se adivina una masa secundaria con una abertura triple en el centro.

Otra fotografía, concretamente la STS104-708-80, captada el 19 de julio de 2001 en la vertical de China, muestra en su cuadrante superior izquierdo otra anomalía de similares características; esto es: una estructura aparentemente orgánica con tres focos lumínicos en su interior, rodeados a su vez por una especie de material oscuro que hace de interfase a una masa translúcida, similar a lo que veíamos en el objeto con forma de medusa de la misión STS-115. Y existe otra clase de anomalías destacables dentro de la casuística de OVNIs en el espacio, como las aparecidas en las fotografías de la misión Apolo 8. En las mismas se aprecian varios objetos irregulares, sin forma definida, más parecidos a un tubérculo con raíces que a la imagen que tenemos de una nave espacial, terrestre o no.

Otra de las anomalías más llamativas del fenómeno surgió durante la misión STS-4 de 1982, donde un objeto con forma de ojo y colores negro, naranja y amarillo, pudo verse sobre la perpendicular de Egipto y a una altura de 365 km. A día de hoy sigue sin haber una explicación de la NASA sobre la naturaleza de tan singular imagen, cuyo código de referencia es STS004-38-794. También extraordinaria es la STS-112-712-028, realizada desde el transbordador Atlantis en octubre de 2002, en la que se observa una estructura circular del mismo color azul que veíamos en la «cara» del Apolo XIII. Las similitudes terminan aquí, ya que este objeto simétrico tiene una forma que se asemeja a las modernas concepciones de agujeros negros. Prácticamente la misma apariencia –aunque con distintos colores– pudo distinguirse en la toma AS08-14-2534 del programa Apolo 8, cuya misión permitió al ser humano ver por primera vez la cara oculta de la Luna, en 1968.

SATURNO: UN PLANETA EN CONSTRUCCIÓN
Todas estas imágenes son realmente llamativas, pero, en ocasiones, la apariencia de los objetos, aun siendo más convencional, puede resultar entre inquietante y amenazadora. Por ejemplo, la ISS006-E-51300, realizada sobre la península arábiga el 20 de mayo de 2014, en la cual aparecen tres gigantescos objetos flotando en el espacio sobre la curvatura de la Tierra. Uno más grande y los otros dos más pequeños. Una escena tenebrosa, nunca explicada, con objetos descomunales y similares en tamaño al del famoso OVNI de Manchester de 1966. Otro objeto bizarro y curioso donde los haya es el que aparece en una toma del Apolo 17, concretamente la AS17- 134-20455, en donde se aprecia una estructura tubular de color verde con dos apéndices terminados en punta. Algo imposible, inclasificable, se coló en la última visita a la Luna por parte del hombre. Una última triada de rarezas vendría compuesta por una especie de seta no identificada (como lo leen) observada en la misión Apolo 8. Los tres astronautas de la tripulación, integrada por el comandante Frank Borman, el piloto del módulo de mando Jim Lovell y el piloto del módulo lunar Bill Anders, tuvieron ante sí una de las imágenes más perturbadoras e impresionantes de la historia, con la tierra parcialmente iluminada por el Sol, flotando sobre la nada, junto a un objeto triangular aunque ligeramente irregular, lo que le confería cierta apariencia orgánica.

Pese a lo alucinante de la imagen, la misma fue ignorada por la comunidad científica. Terminando este bloque, cabe destacar uno de los más increíbles avistamientos en el espacio, efectuado en octubre de 1968 en el marco de las operaciones del Apolo 7. Una de las tomas, concretamente la AS07-8-1919, mostraba una insólita esfera con iluminación propia y volumen perfectamente definido, además de una llamativa protuberancia en el ecuador de la misma, lo que le confería cierto aspecto de nuez, similar al satélite Japetto de Saturno.

Y hay muchos más integrantes en este catálogo de lo extraño. Como podemos comprobar por las tomas AS09-19-2916 y AS09- 19-2917 de la misión Apolo 9, donde se aprecian los ya clásicos OVNIs con forma de cigarro puro durante una operación de acercamiento a la superficie lunar. Los avistamientos misteriosos en el espacio no concluyen aquí. Por ejemplo, no queremos soslayar el enigma surgido a propósito de varias fotografías captadas por la Voyager 1 en su misión a Saturno, imágenes que fueron estudiadas por el ingeniero Norman Bergrun, autor de The Ringmakers of Saturn (Los constructores de los anillos de Saturno), un libro muy polémico publicado en 1996. El trabajo del Dr. Bergrun se centraba en una serie de fotografías en las que pretendidamente se veían los anillos de Saturno siendo construidos por objetos no identificados.

Uno de esos supuestos objetos mediría 50.000 km de longitud, es decir, más de cuatro veces el diámetro de la Tierra. Ahí es nada.

Según Bergrun, un antiguo asesor de la NASA, aquella explosiva información fue clasificada como alto secreto por sus superiores, y posteriormente remitida al Departamento de Defensa de EE UU.

Adicionalmente, Bergrun aseguraba que el telescopio espacial Hubble habría conseguido diferentes tomas en el espectro de infrarrojo, donde podría apreciarse claramente la presencia de un objeto cilíndrico de dimensiones colosales que seguiría una trayectoria perfectamente definida en la periferia de uno de los anillos. De hecho, en su pugna por desclasificar y tratar de explicar el enigma, el controvertido Bergrun hizo públicas unas imágenes de la sonda Cassini de 2007, que mostraban –siempre según su opinión– naves de dimensiones descomunales junto a los anillos de Saturno, supuestamente recogiendo diversos materiales, como minerales, y depositando otros. De ahí el apelativo de «ringmakers ».

Con el paso de los años, Bergrun ha ido clasificando y difundiendo otras muchas fotografías cercanas a la órbita de Saturno, donde también se observa una serie de anomalías consistentes en objetos cilíndricos que entran, permanecen y salen del anillo exterior del planeta. En este sentido, las imágenes proporcionadas por la sonda Cassini- Huygens el 20 de noviembre de 2007–asimismo desclasificadas por la NASA– muestran, en opinión de Bergrun, un objeto que inicia una súbita ignición de plasma y se desplaza por toda la superficie del anillo E de Saturno a una distancia de 1.741.354 Km.

En el transcurso de esta sugerente investigación, el 7 de junio de 2010, la web space.com reportó gigantescas estructuras con forma cilíndrica descubiertas en los anillos de Saturno, objetos que se confundirían con las lunas de este planeta. Al parecer, la NASA aún estaría tratando de determinar la órbita de estos objetos imposibles e intentando descubrir por qué la mayoría de ellos aparecen sobre el enigmático anillo F. La última noticia sobre este espinoso asunto apareció el 24 de abril de 2012, cuando la agencia Europa Press difundió unas fotografías de la NASA acompañadas de un pie de foto, que exponía que, según datos de la nave espacial Cassini, la agencia norteamericana habría descubierto extraños objetos de unos 800 metros de diámetro perforando en uno de los anillos de Saturno y dejando rastros brillantes detrás de ellos… Algunos científicos han denominado a estos «objetos» minijets (minichorros) y, a día de hoy, sabemos que tras el estudio de más de 20.000 imágenes de esta zona de Saturno, se han encontrado 500 ejemplos de este fenómeno a lo largo de los 7 años de permanencia de Cassini en la órbita de dicho planeta. Estos objetos parecen chocar con el anillo F a velocidades de alrededor de 2 metros por segundo. Las colisiones arrastran partículas de hielo brillantes fuera del anillo F, dejando un rastro de 40 a 180 kilómetros de largo sin ningún tipo de razón conocida, a no ser que sea un proceso inteligente.

En este reportaje hemos analizado los mejores avistamientos de OVNIs ocurridos en el espacio, pero hay cientos de casos que se han quedado fuera. A día de hoy, cualquier persona puede bucear en los servidores de la NASA, tratar de ampliar las tomas y hallar nuevas anomalías en las fotografías que han hecho de esta etapa de la historia una época de descubrimientos científicos en el espacio... incluidos los objetos imposibles que flotan a las puertas de la tierra. De hecho, usted puede ser la próxima persona en descubrir alguna nueva prueba de estos OVNIs que parecen acompañar a cada una de las misiones de los programas espaciales, y que se muestran sin pudor con un aparente interés por conocer o controlar las acciones de los astronautas en el espacio más próximo a la Tierra. O, al menos, por salir en la foto. 

Puedes ver todas las imágenes de este artículo en  AÑO/CERO 295

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario