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Winston Churchill y los extraterrestres

Jueves 16 de Febrero, 2017
Descubren un documento del influyente político británico Winston Churchill que habla de exoplanetas y alienígenas en 1939

"No soy tan vanidoso como para pensar que mi sol es el único con su familia de planetas". Es una de las frases que han permanecido treinta años olvidadas en los archivos del  US National Churchill Museum en Fulton, Missouri (EE.UU.), y que ha visto la luz ahora en un documento de once páginas escrito por Winston Churchill sobre la existencia de vida extraterrestre.

El escrito se remonta a 1939 y expone de forma razonable las condiciones necesarias para la vida en otros planetas. El que fuera primer ministro británico expresa sus dudas acerca de que nuestra errática civilización fuera la única en el Universo.

De este modo, queda claro que el exmandatario británico, uno de los políticos más influyentes del siglo XX fue, también, un apasionado de la ciencia que se plateaba la viabilidad de la existencia de otros mundos.

Se cree que el ensayo fue escrito probablemente para ser publicado en el periódico londinense «News of the World» como una pieza de divulgación popular, pero nunca vio la luz.

Su contenido aparece resumido en la revista «Nature», en un comentario firmado por el astrofísico Mario Livio, autor de «La proporción áurea», quien asegura que el famoso primer ministro «razonaba como un científico».

Churchill revisó su primer borrador acerca de la vida extraterrestre a finales de los años 50 para reflejar los cambios en el conocimiento y la terminología científica. Por ejemplo, el título pasó de «¿Estamos solos en el espacio?» a «¿Estamos solos en el Universo?». El texto mecanografiado se basa en el Principio de Copérnico que, generalizado, viene a decir que, dada la inmensidad del Universo, es difícil creer que los humanos sobre la Tierra sean algo único. Define la vida como la capacidad de «reproducirse y multiplicarse» y apunta que para su existencia son fundamentales ciertas condiciones, como la presencia de agua. No mucho ha cambiado desde entonces porque, como recuerda Livio, el líquido elemento «todavía hoy guía nuestra búsqueda de vida extraterrestre: en Marte, en las lunas de Saturno, en Júpiter o en planetas extrasolares».

El ensayo termina con entusiasmo y muestra que el autor conocía las teorías del astrónomo Edwin Hubble a finales de la década de los 20 y principios de los 30: «Con cientos de miles de nebulosas, cada una de las cuales contiene miles de millones de soles, hay enormes probabilidades de que muchas contengan planetas en los que la vida no sea imposible». Y en un giro algo más sombrío que refleja su convulso tiempo, apunta: «No estoy tan impresionado por el éxito de nuestra civilización como para pensar que seamos el único punto en el inmenso universo que contiene criaturas vivas y pensantes, o que seamos el tipo de desarrollo mental y físico más elevado que haya aparecido jamás en la vasta extensión del espacio y el tiempo». Hoy podría haberse expresado de una manera similar.

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