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España: Olleada de poltergeist agresivos

Jueves 06 de Febrero, 2014

Entre 1893 y 1936, una auténtica «plaga» de poltergeist asoló España, generando el interés de una serie de aguerridos reporteros, especializados en el estudio de esta clase de sucesos, y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. 

Dichos incidentes se caracterizaban por su espectacularidad y violencia, llegando incluso a provocar la muerte de alguno de los testigos…

 El antropólogo José Luis Puerto acuñó la expresión «casas tabú» para referirse a esas viviendas que suscitan una fascinación especial a causa de su fama de encantadas. Son lugares que provocan, a partes iguales, miedo, respeto y curiosidad. Desde la óptica más popular, las «casas tabú» tradicionalmente se han relacionado con los duendes y, en épocas más modernas, con los fenómenos poltergeist. En definitiva, son domicilios en los que tienen lugar sucesos inexplicables que, de una u otra forma, sufren sus habitantes. Ruidos nocturnos de proporciones escandalosas, luminarias flotantes, apariciones fantasmales, voces de origen desconocido, golpes que responden inteligentemente a preguntas, movimientos de objetos y temblor de paredes son las manifestaciones más habituales de las «casas tabú».

En España, en las primeras décadas del siglo XX se contabilizaron innumerables incidentes de este tipo, en lo que podríamos catalogar como una auténtica «oleada» de poltergeist. Una larga investigación en archivos y hemerotecas nos ha permitido rescatar del olvido alrededor de medio centenar de viviendas encantadas que, entre los años 1893 y 1936, acapararon las portadas en la prensa de la época.

 «DUENDES» QUE PROVOCAN DESAHUCIOS

En ocasiones, los hechos daban la razón a la prensa más escéptica, puesto que los reporteros encargados de seguir los casos, descubrían que detrás de los extraños sonidos y lluvias de piedras que tenían lugar entre cuatro paredes había una mano humana interesada en provocar falsos poltergeist. La mayoría de estos incidentes estaban provocados por los propietarios de las viviendas, quienes pretendían expulsar a sus inquilinos para alquilarlas a mayor precio o instalarse ellos en las mismas. Hay que tener en cuenta que en aquellos años había un auténtico problema de hacinamiento en las ciudades más populosas. La emigración del campo a la urbe había incrementado la población de una manera exagerada, pero ese aumento de residentes no había ido acompañado del necesario desarrollo inmobiliario. Los alquileres no abundaban, de modo que eran muchas las familias que tenían que compartir vivienda.

Así se explica la existencia de personajes tan curiosos como el de un «duende profesional» que, oculto bajo el anonimato, concedió una entrevista relatando que prestaba sus servicios a propietarios que querían desahuciar a los inquilinos o a personas que pretendían comprar a menor precio una determinada casa. Según contaba, su modus operandi consistía en crear fraudulentos fenómenos sobrenaturales y, para ello, se servía de artilugios tan llamativos como un aparato mecánico que generaba ruidos extraños y que colocaba en los domicilios objeto de sus intrigas.

Para muestra, un botón. En un famoso caso ocurrido en 1915 en la calle Espartero de Valencia, unos alarmantes sonidos nocturnos llegaron a congregar a miles de personas junto a las puertas de la vivienda. La masa humana generó graves incidentes de orden público, que acabaron degenerando en cargas policiales y tumultos. Al explorar una de las paredes del domicilio, las autoridades encontraron unos dispositivos acústicos que interpretaron como los causantes de aquellos insoportables ruidos… (Continúa en AÑO/CERO 283)

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