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Las hurdes:Encuentros mortales en el paraíso maldito

Lunes 17 de Marzo, 2014

Existe un rincón de nuestra geografía que, desde hace siglos, ha fascinado y aterrorizado a ilustres personajes de todos los ámbitos. Monarcas, escritores o cineastas quedaron atrapados por los parajes umbríos de Las Hurdes. Así, no es tan extraño que en esta zona de Extremadura se hayan producido decenas de contactos con lo insólito, sucesos que, en ocasiones, han acarreado la muerte a algunos de sus protagonistas. AÑO/CERO ha regresado a este “Paraíso maldito” para recoger los casos más recientes de encuentros mortales con criaturas imposibles.

Había anochecido y recorrer la A-5 en automóvil se estaba tornando una labor imposible. El puente de Todos los Santos seme había echado encima y, mientras yo viajaba a Las Hurdes por motivos de trabajo, el resto de los mortales se había puesto de acuerdo para abandonar sus hogares como si una epidemia se hubiera apoderado de ellos. Por suerte, tras cerca de seis horas en el interior del vehículo, encontré el desvío que me conduciría directamente hasta mi objetivo. Cruzar La Pesga fue como un mazazo. Como atravesar una brecha hacia otra tiempo. De repente, el barullo infernal de la autovía del Suroeste parecía cosa de otra época. Ahora, ante mí, se abría un solitario camino sin alumbrado. Me apeé del Seat para sentir bajo mis pies aquellas tierras visigodas. A lo lejos escuché el bramido de algún animal, rompiendo un silencio tan denso como aquella negrura que invadía cada centímetro del terreno.

EN EL REINO DEL SILENCIO

Aquello me trajo a la memoria las palabras con las que el célebre periodista Ignacio de Arcelu describía su llegada a esta comarca en la revista Estampa: “Avanzamos hacia el interior de Las Hurdes con la impresión de irnos hundiendo en un subterráneo. Un denso silencio va, poco a poco, envolviéndonos, oprimiéndonos… Caminamos por una vereda que en otra parte sería risueña, a la orilla de un rápido riachuelo serrano, entre árboles y, sin embargo, resulta el paisaje melancólico, siniestro casi… Es silencio. El terrible silencio de esta tierra muerta”. Arcelu había escrito aquel texto en 1932. Me pareció una sugerente casualidad que, tantas décadas después, yo percibiera exactamente lo mismo con los artículos del excelente cronista bajo el brazo.

Minutos más tarde, al cruzar el pantano de Gabriel y Galán, algo surgió delante del coche… Como una pequeña comitiva danzante que se movía entre las luces y sombras que producían los faros. Eran cuatro niños, con sábanas echadas sobre sus cuerpos y sendas cajas cubriéndoles la cabeza, dibujada sobre la superficie del cartón una primitiva pero expresiva mueca. Pero, ¿qué hacían aquellos niños, a tan altas horas de la madrugada, en esa solitaria y fría callejuela? Inmediatamente recordé que era noche de ánimas… Noche de ánimas en Las Hurdes.

La noche en que lo extraño puede morar con absoluta libertad entre aquellas remotas alquerías. Tras el largo viaje, dormí plácidamente en un sobrio hostal junto a la carretera de Salamanca, en Vegas de Coria. Otro lugar de misterio que en 1983 copó varios artículos en importantes diarios nacionales a causa de la aparición de un ser enlutado de varios metros de altura… (Continúa en AÑO/CERO 284).

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