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Muñecas poseídas

Jueves 06 de Febrero, 2014

¿Quién, siendo niño, no se ha dormido con cierta inquietud contemplando la mirada fría, casi amenazadora, de una muñeca o un payaso de juguete? De hecho, incluso hay adultos que son incapaces de soportar la presencia de este tipo de objetos. 

Pero, ¿por qué nos sentimos intimidados ante algo tan aparentemente inocuo como una muñeca? En realidad, existen varias razones que justifican tal actitud, aunque una de ellas escapa a la lógica convencional. Nos referimos a los extraños casos de muñecos supuestamente poseídos, un fenómeno poco estudiado pero digno de atención.

 Karina, una argentina de 39 años, residente en España y modista de profesión, recuerda con especial cariño a una de sus tías de Buenos Aires, una apasionada de las manualidades que solía recoger cosas que otros tiraban, para repararlas o convertirlas en modestas obras de arte. Cierto día, la mujer halló en la basura el armazón roto de una cajita musical, de esas que en su interior albergan una pequeña muñeca. «La pintó, la arregló, le puso un vestidito. Quedó como muy rara, pero ella me la dio con mucho afecto –nos cuenta Karina–. Las cajas de música eran mi pasión, las coleccionaba. Pero mi hermano, cuando se enfadaba conmigo, me las tiraba por la ventana. Sólo me quedaban dos, ésa y otra. Sin embargo, a nadie le gustaba la que me regaló mi tía, porque tenía un aspecto algo inquietante».

Pero había otra razón por la cual los familiares de Karina desconfiaban de aquella diminuta figura. Y es que, según su propietaria, se ponía a girar sobre sí misma, al compás de la música, sin que nadie hubiese dado cuerda al mecanismo, lo que sucedía con inusitada frecuencia. «Cierta noche, mientras cenábamos –rememora Karina–, estábamos charlando sobre espíritus y cosas paranormales cuando, justo en el momento en que cesó la conversación, la muñeca empezó a girar sola. Nos quedamos sin habla».

ENERGÍAS NEGATIVAS

Seguimos en Buenos Aires. Un domingo de junio de 2010, un diario local ofrecía el siguiente titular: «Revelan que muñecas poseídas causan terror a vecinos de Bolívar». El investigador argentino Jorge Sosa, con quien hablamos, recuerda que en una vivienda de esa municipalidad estaban sucediendo hechos desconcertantes, que tenían aterrorizado al matrimonio que la habitaba, y que toda aquella actividad –que él sigue tildando de paranormal– estaba originada por una muñeca parlante que, según el propio Sosa, estaba poseída: «Lo que pasaba en aquella casa es que al marido, además, le había cambiado la personalidad. Se mostraba absolutamente desconocido, violento y agresivo con su mujer. La esposa le había cogido miedo, temía que su marido la matase y me pidió ayuda. Nada más entrar en la habitación de matrimonio, vi una muñeca de plástico de alrededor de un metro de altura. De inmediato, noté que me invadía una energía negativa. La tenían puesta dentro de una cuna, como si fuera una nena durmiendo, con los ojitos cerrados. De repente, cuando me di la vuelta para mirarla otra vez, la muñeca había abierto los ojos hasta la mitad»… (Continúa en AÑO/CERO 283).

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