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Políticos italianos consultaron la OUI-JA para resolver el secuestro de Aldo Moro

Martes 07 de Febrero, 2017
El secuestro y asesinato del dirigente italiano Aldo Moro continúa, casi cuatro décadas después, repleto de misterios y silencios. Terrorismo, videntes, servicios secretos, alcantarillas del poder y guerra fría confluyen en un turbio suceso donde destaca, insólitamente, la celebración de una sesión de OUIJA que pudo cambiar el truculento final del caso. Texto Juan José Sánchez-Oro

¿Pudo la ouija impedir uno de los crímenes políticos más infames de la historia de Italia? Si hay un suceso luctuoso grabado a fuego en la memoria reciente del país transalpino, ese es, sin duda alguna, el secuestro y asesinato de Aldo Moro. Fueron 55 días que conmocionaron a la sociedad italiana y mantuvieron igualmente sin respiración a media Europa. El 16 de marzo de 1978, a las 09: 03 de la mañana, un comando del grupo terrorista Brigadas Rojas detuvo el coche donde viajaba el carismático dirigente democristiano.

Bastaron apenas tres minutos para ejecutar toda la operación: secuestraron al político, asesinaron a los cinco miembros de la escolta y trasladaron a Moro a un lugar oculto. A partir de ahí, comenzó un calvario. Durante varias semanas, los terroristas exigieron la liberación de algunos compañeros encarcelados y el reconocimiento político de la banda, a cambio de dejar libre al líder democristiano. Pero el Gobierno italiano, con el presidente Giulio Andreotti al frente, se mantuvo firme. No cedió a ninguna de las reivindicaciones y depositó sus esperanzas en la detención de los culpables. Pero el tiempo iba pasando y las buenas noticias no terminaban de llegar. La desesperación abatió el ánimo de los investigadores, quienes aceptaron seguir cualquier pista o especulación por extravagante que fuera. De ahí que no mostraran ningún reparo en registrar, sin éxito, una casa de campo próxima a Viterbo porque lo había revelado una aparición celestial. Incluso Belisario Augusto, un destacado miembro de la UCIGOS, la división de investigaciones especiales de la policía italiana, llegó a ponerse en contacto con Gerard Croiset, el reputado vidente belga que aplicaba sus poderes psíquicos en la resolución de crímenes.

Croiset alcanzó una gran notoriedad en Italia al haber emitido la RAI en 1973 una popular serie inspirada en su vida, titulada ESP, Percezioni Extra Sensoriali.

En sus episodios, el protagonista, interpretado por Paolo Stoppa, demostraba unas habilidades paranormales infalibles a la hora de cooperar con las Fuerzas de Seguridad, desentrañar toda clase de delitos y desenmascarar a malhechores. Por ejemplo, una de las tramas mostraba la aparición de un esqueleto tras demoler cierto muro ruinoso. Croiset ayudaba psíquicamente a la reconstrucción del crimen e identificaba a los culpables, a pesar de que los hechos habían acontecido durante la ocupación nazi de los Países Bajos.

«NO PUEDO FORZAR EL DESTINO»
En cambio, fuera de la pantalla las cosas no eran tan sencillas, para desgracia de Aldo Moro. Gerard Croiset manifestó que «no se podía forzar el destino» ni estaba en condiciones de «ser capaz de encontrar a Moro vivo o muerto». Eso sí, ofreció algunas indicaciones sobre el posible paradero del secuestrado, como «un edificio para el transporte de aeronaves», «el pueblo de Civitella Paganica» o una vivienda con leones en la puerta… Pero todas estas sugerencias acabaron siendo rastros a ninguna parte. De este modo, la creciente angustia ante la total falta de indicios abrió las puertas del caso Moro a lo sobrenatural y más concretamente al famoso «juego del tablero», porque algunos de los más destacados miembros de la sociedad política de la época participaron en una sesión de ouija en busca de respuestas.

El domingo 2 de abril de 1978 hacía un desapacible día de primavera en Bolonia. El cielo nublado encapotaba la pequeña localidad de Zappolino, a unos 30 kilómetros del centro de la ciudad. Allí habían decidido pasar el día un grupo de profesores universitarios junto a sus familias, convocados por el anfitrión Alberto Clò. Los otros invitados eran Romano Prodi, su mujer Flavia Franzoni y sus cinco hijos; Fabio Gobbo; Mario Baldassarri con su entonces esposa Gabriella Sagrati; la prima de ésta, Emilia Fanciulli; Adriana Grechi; Carlo Clò; Francesco y Gabriella Bernardi; y Licia Stecca.

LA SESIÓN DE OUIJA
Entre estos doce adultos se encontraban notables personalidades públicas, llamadas a ocupar cargos muy relevantes en el panorama político nacional e internacional. Sólo unos meses más tarde de aquella reunión, el entonces catedrático de Economía Política e Industria en la Universidad de Bolonia y próximo a la ideología democristiana, Romano Prodi, sería nombrado ministro de Industria bajo el gobierno de Giuilio Andreotti. Mucho más conocida ha sido su trayectoria posterior como primer ministro de Italia entre los años 1996-1998 y 2006-2008, y como presidente de la Comisión Europea entre 1999 y 2004. Alberto Clò era compañero de docencia en la misma universidad que Prodi. Igual que su colega, Clò impartía Economía y terminó siendo ministro de Industria y Comercio durante 1995 y 1996. Otros profesores boloñeses de la misma especialidad allí reunidos eran Mario Baldassarri y Fabio Gobbo. El primero es senador de la República desde 2001 y ha sido viceministro de Economía y Finanzas entre 2001 y 2006 con Berlusconi.

Por su parte, Fabio Gobbo ocupó varias secretarías técnicas en el Ministerio de Industria en los años 90. Tras la animada barbacoa en la casa de Clò, comenzó a llover, por lo que descartaron salir al exterior. Entonces, varios miembros de aquel nutrido elenco de amigos decidieron engañar al aburrimiento efectuando una sesión de espiritismo. 

Lee el reportaje completo en el nº319 de la revista AÑO CERO 

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