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Sevilla: los espectros de la carretera

Lunes 28 de Enero, 2019

Un sacerdote que atendió a las víctimas de un accidente automovilístico y luego se desvaneció. Figuras de niños espectrales que cruzan la carretera. Extrañas entidades voladoras o apariciones de la llamada dama blanca… Son algunos de los sorprendentes casos investigados por los autores de este reportaje, quienes, en rigurosa exclusiva, consiguieron que los protagonistas de dichos incidentes hablaran para AÑO/CERO.

Sevilla: los espectros de la carretera

La noche del 7 de abril de 2005 podía haber sido una como tantas otras para la familia Nepomuceno, pero esa vez ocurrió un hecho que lo cambió todo. José Nepomuceno, su esposa Puri Cebrián, Sandra Nepomuceno, la hija del matrimonio, y Aurora Camargo, madre de Puri, regresaban de Sevilla tras resolver unos asuntos médicos. Transitaban por la carretera A-455 a eso de las once, cuando a la altura del kilómetro 41,5 todos los ocupantes del vehículo que conducía José, Guardia Civil de profesión, contemplaron a una persona que trataba de cruzar la carretera, a unos 500 metros por delante del coche.

El miembro de la Benemérita nos describió la aparición del siguiente modo: «Era un hombre con una tez muy pálida. Iba totalmente ataviado de blanco, con chaqueta, pantalón, camisa y corbata, todo del mismo color. Su vestimenta era impecable y resplandecía en la oscuridad. Pero lo más asombroso es que no tenía pies. Desde luego no daba la sensación de andar, sino más bien de flotar sobre la calzada. Se apreciaba el movimiento de sus piernas mientras caminaba, aunque no veíamos que los pies tocaran el suelo».

Los testigos continuaron narrándonos cómo esa figura luminosa con forma humana les hizo señales con las manos para que detuvieran el automóvil. «El ser se quedó justo en mitad de la carretera, flotando, así que detuve el coche por completo y le hice un ademán para que no viniese hasta mi ventanilla, sino hacia la del copiloto, pues era menos peligroso para él porque así salía del medio de la vía».

Puri, que iba sentada junto a José, tomó la palabra para continuar con el relato. A pesar del tiempo transcurrido, aún le temblaba la voz mientras las palabras manaban de su garganta. Y no es para menos, porque la aparición intentó introducir su cabeza por la ventanilla. «Su presencia imponía terror –nos decía la asustada mujer–. Su tez era muy pálida y el cabello y el bigote completamente negros. Mi marido intentó varias veces bajar la ventanilla de mi lado, pero yo la volvía a subir porque aquel hombre me daba pánico. Al final la dejamos entreabierta para charlar con él manteniendo cierta seguridad. Cuando se aproximó a mí, un escalofrío me recorrió el cuerpo. Su rostro era rígido, sin vida. Daba la sensación de que acababa de salir de un depósito de cadáveres». 

«SOCORRO, AUXILIO, ACCIDENTE»

Los testigos se encontraban en un estado de enorme nerviosismo, sobre todo Puri, la más próxima al enigmático ser. Pasados unos segundos, éste se acercó todo lo que pudo a la ventanilla. Sandra, la hija del matrimonio, nos explica que, en ese momento, comenzó a hablar: «Con una pronunciación muy rara, quizá con algo de acento propio de algún país latinoamericano, dijo: ‘Socorro, auxilio, accidente, me muero’, al mismo tiempo que pegaba la mano contra su cuerpo, entre el pecho y la garganta».

A José Nepomuceno le sorprendió sobremanera que «el hombre vestía de modo impecable, impoluto. No tenía ninguna mancha y mucho menos rastros de sangre o heridas. Sólo repetía las mismas palabras una y otra vez de forma mecánica, como si fuera una grabación, sin responder de ninguna otra forma a nuestras preguntas». Ante tal situación, con el fin de tranquilizarlo, el conductor le dijo: «No se preocupe que ahora mismo llamo a la Guardia Civil»

En ese instante, José se percató de que el coche estaba en medio de la calzada, así que arrancó para acercarlo al arcén, siempre sin perder de vista al hombre, que aprovechó el lance para esfumarse delante de los ojos de todos los testigos. Según éstos, desapareció en un visto y no visto, como si se desmaterializase en décimas de segundo.

José no se lo pensó dos veces, y salió del vehículo dispuesto a buscar algún rastro de un accidente, pero no encontró ninguna pista del mismo, por lo que decidió dar aviso a la Guardia Civil de Lora, cuyos agentes tampoco hallaron nada. Un hecho que no podemos pasar por alto es que a los protagonistas los acompañaba un perro de pocos meses que le habían regalado a Sandra. Cuando apareció la figura espectral, el cachorro pegó un salto y se escondió detrás de la muchacha, donde permaneció hasta que se alejaron del lugar. Por si fuera poco, todos los ocupantes del vehículo coinciden en señalar que la temperatura descendió de modo brusco en cuanto la entidad se acercó a ellos.

Los vecinos de la zona a los que entrevistamos nos aseguraron que hacía mucho tiempo que no se producían accidentes en ese tramo de la carretera. Pero lo verdaderamente interesante es que algunos de ellos nos confesaron que no era la primera noticia que tenían sobre la aparición del enigmático hombre fantasmal. Al parecer, esta presencia se ha contemplado en más ocasiones, siempre en las carreteras cercanas a Lora y en el mes de abril.

 

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