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9 tipos de personalidad: Eneagrama

Miércoles 06 de Diciembre, 2017
El eneagrama es un completo panorama que clasifica la personalidad en 9 tipos. Descubre el tuyo.

Desde antiguo, el ser humano ha desarrollado numerosos sistemas de exploración y clasificación de la personalidad, técnicas que en muchos casos han sido consecuencia de la observación y la correlación más o menos acertada de comportamientos y parámetros diversos. Algunas, incluso, se han podido gestar al cobijo de la genialidad, la intuición o en la siempre cuestionable esfera de la revelación. Les descubrimos una de las más novedosas y eficientes, nacida en los dominios de la psicología y bautizada como el eneagrama de la personalidad.

Cualquier intento de resumir las características de los eneatipos es, por definición, limitado y superficial. No obstante y a modo orientativo, asumimos el riesgo, auxiliándonos para ello de la obra de David Barba El eneagrama del mulá Nasrudín, un completo manual que, fiel a las enseñanzas de Claudio Naranjo, nos aporta una límpida descripción de los eneatipos, sin aditivos ni eufemismos, cuya crudeza se atenúa con un agradecido desparpajo y abundantes dosis de buen humor de su propia cosecha.

1.     El fanático.

Se aferra al perfeccionismo e intenta lograr el apoyo de los demás mejorándose a sí mismo. Es esa clase de persona que cree que tuene la razón, que todo lo hace bien y que no puede dejar de organizar la vida de los otro porque, evidentemente, los demás lo hacen todo mal y, peor aún: no acepta la realidad para cambiar.

2.     El empalagoso.

Niega su necesidad de apoyo, va de sobrado, aunque al mismo tiempo manipula y seduce al entorno para procurárselo. El E2 es alguien que pretende enamorar a todo el mundo (y normalmente lo consigue), que se muestra generoso, adulador, lleno de amor... y se apunta mentalmente los favores que le deben.

3.     El artificial.

Glorifica la eficacia, el prestigio y el éxito, e intenta demostrarse a sí mismo que puede solo. Todas las personas de este carácter padecen, en mayor o menor medida, cierta adicción al éxito o al prestigio y a cumplir objetivos sociales o en la intimidad de la pareja.

4.     La bruja.

Evita frustrarse optando permanentemente por vivir en la frustración, al tiempo que, sintiéndose especial por estar en contacto con su «dolor», niega que esté desconectado del ser. Es alguien que ha construido un ego basado en sufrir y en privarse de las cosas buenas de la vida.

5.     El imbécil.

Se aferra al conocimiento como un sucedáneo de la vida, en su posición de observador que no quiere contaminarse de la mundanidad, aislándose para evitar la sensación de pérdida del ser. He aquí a un desapegado patológico, que busca información como sucedáneo del amor, del contacto y de las relaciones interpersonales.

6.     El paranoico.

Busca la seguridad en la autoridad, la jerarquía, la sumisión o la devoción obsesiva, al tiempo que vive a la defensiva y mostrándose paranoico con su entorno. He aquí a un tipo que siempre tiene buenas razones para justificarlo todo, que se pierde en sus laberintos mentales y sospecha de los demás y de sí mismo.

7.     El estafador.

Idealiza y busca el placer como una forma de escapar de la frustración de la realidad, tratando de burlar inútilmente al dolor. El estafador suele ser alguien que aparece ante la sociedad como un individuo con mundo, viajado, vivido; un bon vivant, un connaisseur, talentoso, intuitivo, ingenioso, divertido, tolerante, complaciente y amigable.

8.     El tirano.

Reacciona enfadándose ante la pérdida de apoyo y lucha con el entorno para recuperarlo, convirtiéndose en un perpetrador. La insensibilidad y el individualismo radical hacen de él un tipo que parece buscar únicamente su propia satisfacción así revienten los demás. Su descaro es espeluznante.

9.     El Patán.

Evita cuidadosamente su propia interioridad, se sobreadapta a la situación actuando como si todo fuera bien, lo que le condena a existir de un modo mecánico y carente de vida. Seguir al rebaño es uno de los grandes males de este tipo, pues se adapta demasiado a las necesidades del otro, olvidando las suyas propias.

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