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Mari Kondo: La magia del orden

Miércoles 15 de Febrero, 2017
Marie Kondo es un fenómeno mundial. Ha hecho del orden en el hogar un camino para la transformación personal en cientos de miles de personas. Liberarnos de lo que no necesitamos y poner orden en aquello que realmente nos resulta útil es la esencia de La magia del orden (Aguilar, 2015), la «biblia» de moda.

Cuando repasamos la biografía de la japonesa Marie Kondo es fácil pensar que reunía todas las papeletas para terminar en un diván en sesiones semanales de psicoterapia. Su infancia y adolescencia las pasó inmersa en una manifiesta obsesión por el orden, por clasificar de manera adecuada las cosas del hogar. Hoy sus libros han llegado a más de 6 millones de lectores, ha sido traducida a una veintena de idiomas y sus seminarios cuentan con interminables listas de espera. Incluso la revista Times la señaló en 2015 como una de las cien personas más influyentes de ese año.

Ha bautizado su método como Kon Mari, haciéndolo pivotar sobre la idea de llevar a cabo en nuestros hogares acciones contundentes y sin paliativos de organización, logrando con ello un singular efecto sobre nosotros mismos.

En esencia, se trata de poner la casa patas arriba, abrir armarios, cajones, muebles, baúles, trasteros, sótanos y cuantos recovecos hayamos usado como acumuladores, y a continuación eliminar aquellas cosas que no usamos, que no nos sirven, que guardamos por guardar. Una limpieza en toda regla, liberando espacio físico en nuestros hogares, pero también mental y emocional en nosotros mismos. Así de sencillo, al menos en apariencia. Kondo nos advierte con lucidez de varias cuestiones:

1. Nadie nos muestra cómo ser ordenados. Es algo que se nos pide y que vamos aprendiendo como podemos, pero no se nos enseña un método como suele suceder con otras cosas, como por ejemplo cocinar.

2. No debemos confundir ordenar con organizar. Cuando organizamos, empleamos tiempo y otros recursos en una solución que, aunque ingeniosa, suele ser pasajera. Seguimos guardando muchas cosas que no usamos, simplemente las dejamos de ver creando la ilusión de «orden».

3. Es tan importante o más que las dos primeras: hay que ser rotundos en la voluntad de ordenar nuestros hogares, y hacerlo de una sola vez para evitar caer en la trampa del «poco a poco». Al final, pausarlo y hacerlo poco a poco para no cansarnos, conduce a no hacerlo, a seguir acumulando a un ritmo mayor al de la limpieza, ya que el 90% de los individuos somos acumuladores natos. Además, un cambio radical provoca impacto y nos ubica en un escenario liberador que nos anima a no volver al desorden.

Lee el artículo completo en Año Cero nº319 de febrero de 2017

 

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